Domingo 19/11/2017. Actualizado 11:46h

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El lado bueno de tanta corrupción: una enumeración

Vale. Estamos hasta arriba, hundidos en la inmundicia. Corruptos, inmorales, ladrones, desleales, mentirosos, tahúres, tramposos. Un caso es tapado por otro. Cuando parecía que lo habíamos visto todo, ¡sorpresa! Más mugre, más cochinería. Sin embargo, yo creo que todo esto tiene un lado positivo.

No hay que ser un lince para enumerar los graves daños que está provocando esta situación:

-- La imagen de España se hunde internacionalmente en el abismo del descrédito.

-- Los fondos de inversión que estaban regresando al país salen huyendo. Nadie se fía.

-- Hay incertidumbre entre los ciudadanos y el consumo se retrae. La economía no se reactiva. No nacen empresas. El paro no disminuye. Se desploma aún más la inversión publicitaria.

-- La vida política se está judicializando y corre el riesgo de colapsar.

-- Y mientras todo esto sucede, no hay quien se centre en lo esencial: la salida de la crisis económica. Estamos despistados.

Pero, insisto, yo veo un lado bueno en todo lo que nos está pasando. Me explico:

-- La indignación de los ciudadanos está mutando, por fin, de calentón circunstancial de un caso aislado, a rabia de amplio espectro, de calado. Es la ventaja de que no se trate de un partido, de un pufo concreto, sino de una sucesión de escándalos. Y es bueno que esa cólera no se la lleve el viento.

-- Si la rabia permea bien profundamente en la conciencia de los españoles, los gobernantes no van a poder permitirse cerrar en falso esta crisis de valores y procedimientos, como ha pasado tradicionalmente en este país. Somos de memoria corta.

Lo vemos en la Ley de transparencia, que empezó siendo una bonita mascarilla estética, casi decorativa, y ya está sufriendo las primeras vueltas de tuerca. Los partidos políticos van a ser incluidos. Después irán los sindicatos y la patronal. Las cuentas claras: de instituciones y de personas. Vamos a poder seguir por esta línea porque lo contrario será intolerable.

-- Nadie se va a poder ir ‘de rositas’. El cabreo es tan grande, la irritación de la ciudadanía es ya tan unánime (aglutina a derechas e izquierdas, jóvenes y viejos, mujeres y hombres) que van a tener que aplicarse castigos ejemplares. Sin bochornosas rebajas. En caso contrario, habrá reacción. Seguro.

Lo saben en la Casa Real, por ejemplo, que tiembla sólo de pensar en que el caso Urdangarín pueda acabar ahora –como se ha insinuado- cerrado en falso por el Tribunal Constitucional. Se baraja que pueda argumentar “irreversible indefensión” del duque de Palma en el proceso. Pero sería muy difícil de explicar a la ciudadanía que no se ha tratado de un pucherazo real, por más pulcritud que haya habido.

-- Este golpe a la impunidad será también una ganancia grande de cara al futuro. Hasta ahora alguien podía pensar que era prácticamente imposible ser pillado en el cortijo metiendo la mano en la caja. Y que si esto sucedía, ya habría modo de forzar un sobreseimiento…

En este sentido, la revocación parcial por parte del Tribunal Supremo del indulto a Alfredo Sáenz ha sido un tremendo aviso a navegantes. Advertencia a los políticos: cuidado con plegarse a este tipo de chanchullos porque un juez te puede sacar mañana los colores. Advertencia a los todopoderosos: no todo está al alcance de la chequera.

-- Se me ocurre una última “bondad” sobre lo que está pasando. La sociedad civil está logrando fortalecer un músculo vital, llamado movilización, que sin duda nos va a hacer mucho mejores. Estamos aprendiendo a ejercer con éxito eso que algunos llaman “presión social”.

Se acabaron los días del pasmo, la sopa boba, del pánfilo reproche que no se traduce en actos. La gente está despertando. Los jóvenes crecen ahora en un ecosistema que ve normal exigir la hoja de reclamaciones para cantarle las cuarenta al abusón, al chapucero, al estafador, al farsante o al embaucador. Qué importante e higiénico es esto.

Por todo lo dicho creo que no hay que ser excesivamente derrotista a la hora de juzgar el inmundo cenagal en el que estamos inmersos.

Quizás sea preciso pasar por este calvario para que nuestra sociedad madure. Para que pueda pasar de una vez por todas, no sin cierto dolor y asco, de capullo a mariposa.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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