Sábado 16/12/2017. Actualizado 11:45h

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No a la ley mordaza. Sí al secreto de sumario

Mucho me temo que hoy escribo contra la opinión mayoritaria de mis colegas periodistas. Qué le vamos a hacer. Como lo pienso, lo digo. A mi juicio, Alberto Ruiz Gallardón hace muy bien en intentar embridar el escandaloso proceder de las filtraciones a la prensa de procesos judiciales en curso y bajo secreto de sumario. Es muy aconsejable. Me explico.

Previamente debo advertir, por si acaso, que no tengo absolutamente nada contra el periodismo de investigación. Antes bien, al contrario. Sería absurdo otra cosa porque dirijo un medio que vive precisamente de eso: de dar noticias exclusivas, de desvelar secretos, de descubrir historias inéditas.

¿Qué quiero decir entonces? Muy sencillo. Que el periodismo de investigación nada tiene que ver con radiar los procesos judiciales mientras un magistrado investiga de forma discreta y reservada.

El caso Watergate ha pasado a la historia como la emblemática odisea de unos periodistas intrépidos, descarados y valientes que lograron hacer público un delito presidencial que, de otro modo, no hubiera salido a la luz. Excelente trabajo. Bienvenido sean todos los ‘scoops’ de este género.

Sin embargo, esto nada tiene que ver con filtrar documentos, declaraciones y datos de un juicio en marcha. Esto es otra cosa. En este caso, se estarían aireando informaciones que deben mantenerse reservadas durante un tiempo por el bien del propio proceso judicial. Ahí, nadie oculta nada para medrar, enriquecerse y seguir realizando fechorías amparado en la oscuridad, sino para respetar las garantías a las que tiene derecho cualquier ciudadano sometido a investigación.

¿Es esto pernicioso para una sociedad? ¿Por qué llamamos censura o mordaza a este discreto silencio temporal que asegura un juicio justo a las personas? Al final, se terminará sabiendo todo. De confirmarse las acusaciones, la opinión pública conocerá, punto por punto, las fechorías de este o aquel imputado. Todo saldrá a la luz… pero a su debido tiempo.

Lo contrario (airear pruebas descontextualizadas o datos no sometidos al tamiz de las partes afectadas), provoca juicios paralelos. De forma irremediable. La ciudadanía dicta sentencias de antemano, muchas veces injustas, y los jueces se ven sometidos a una presión inaceptable antes de emitir el fallo.

Ojo. Con que una sola vez haya sucedido algo así, sería suficiente atropello. Porque con el hombre, sólo se puede contar hasta uno. ¿Es esto lo que queremos? Yo no.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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