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Un nuevo estudio sociológico de mi amigo el carnicero

Hace unos días pude hablar de nuevo, con un poco más de calma, con mi amigo carnicero. Trabaja a las afueras de Madrid y se las tiene que ver con clientes de todas las clases sociales, pero principalmente con gente de pocos recursos.

Hace tiempo, me contó algunos detalles que me permitieron escribir unas líneas. Era un relato de quien las ha visto de todos los colores. El otro día hablaba de nuevo impresionado, afectado por lo que está pasando de tres años para acá.

Las familias españolas están pasándolo muy mal. Lo constata cada día. Hay mucho desempleo, deudas por pagar, el dinero no llega a fin de mes y eso se manifiesta en su colmado. Me contó lo siguiente.

-- Ahora hay muchos clientes que piden carne sin mirar lo que hay tras el cristal que tiene bajo su mostrador. Hacen una pregunta: “¿Qué tienes de menos de cinco euros el kilo”. Es lo que van buscando. Ya no se pide un tipo de ternera, unas costillas con pedigrí o un lomo especial. Se funciona por precio. “¿Qué tienes a 2,80?” Y así. Ha bajado la calidad de la compra.

-- Otra variante. Crecen los pedidos por unidades. Se acabo lo de comprar por kilos. Antes los clientes pedían así, por aproximación. Casi todo se servía al peso. No importaba que sobrara. Se iba un poco a bulto. No se miraba el detalle. Ahora, no. Ahora lo más usual es pedir 4 filetes, 6 salchichas, 3 alitas de pollo… tantos como son en casa.

-- Sigue teniendo mucho éxito la carne picada para hamburguesas, que llena y no resulta especialmente cara. Se puso de moda cuando empezaron los despidos, el impago de hipotecas, los recortes…

-- Mi amigo ha enmarcado una frase que escucha ahora con mucha frecuencia. Sobre todo, cuando se dirige al comprador o compradora y le advierte de que, con aquello que se lleva, difícilmente se puede alimentar una familia. La respuesta es siempre la misma: “Pónmelo, que ya me las apaño”. Ya me las apaño. La creatividad de la ama de casa se ha multiplicado.

-- Mi amigo el carnicero suele filosofar un poco. Dice que los hábitos de consumo han sufrido una mutación. Ahora sus clientes “se alimentan”. Más que comer, se alimentan. Él dice que hay una gran diferencia entre ambas cosas.

-- Un último apunte. Ahora los clientes llevan listas de la compra trabajadísimas. Son hojas muy pensadas, con tachones, añadidos, rectificaciones de última hora. Ya no se compra por “intuición”, mirando los estantes, las alacenas o los mostradores acristalados. Van a por productos realmente necesarios, a cumplir unos objetivos marcados. Apenas se deja margen a la improvisación.

Así está la España profunda. Palabra de carnicero.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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