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En el pecado va la penitencia de la CUP

Prometo que es la última vez que hablo de Cataluña por un tiempo. Bueno, no. Que quizás me arrepiento mañana. Sólo quiero comentar un par de cosas más sobre lo sucedido, antes de pasar a otra cuestión.

La primera va dirigida a algunos comentaristas de este blog, que siguen con interés mis modestas reflexiones y no me pasan una. Me gusta que sea así. Espero que no decaigan. Pero uno también puede aprovechar alguna ocasión para responderles, como haré hoy brevemente.

Lo dije por primera vez hace tres años y me cayó la del pulpo: Cataluña necesita más cariño.

 Dije (porque lo pienso) que el catalán es un pueblo sentimental, sensible, educado, honorable, con respeto a la palabra dada y amante de las buenas formas. Y en ocasiones desde la capital de España se ha humillado innecesariamente a los catalanes, ofendiéndoles muy profundamente y de forma gratuita. No, no, no, no… siempre no. A Madrid le ha faltado mucha mano izquierda en esta cuestión. Desde siempre pero especialmente desde la famosa Diada de septiembre de 2012.

Bueno. Pues acabo de leer un artículo en Expansión, firmado por el director adjunto del diario, en el que explica cómo es posible que el independentismo haya pasado en Gerona (una de las provincias más ricas de España) del 25% al 65% de seguidores. ¿Su tesis? Lo que escuchó en boca de un empresario que acaba de apoyar la opción soberanista: “Nos han menospreciado los políticos de Madrid. No nos han tratado con cariño”. Se ha echado de menos más pedagogía, una buena política de comunicación, capacidad de comprender, mucha empatía y un puñado de gestos.

En este contexto, y voy con la segunda reflexión, nunca mejor que ahora es aplicable a Cataluña ese dicho que dice: “en el pecado llevas la penitencia”. Quienes en estas elecciones han jugado al desplante a Madrid, por despecho, para ajustar cuentas pendientes, para lanzar una bofetada al opresor, ahora tendrán que cargar con un peaje sobrecogedor.

La CUP se acaba de convertir en partido bisagra, clave para la gobernabilidad del Parlament. Es decir, que el futuro de esos ricos gerundenses, sensatos y bastante razonables, está en manos de una fuerza asamblearia, de ascendencia marxista y pancatalanista, que proponen cosas como las siguientes:

-- La salida del euro, de la Unión Europea y de la OTAN. Alianzas con socios como Venezuela, Cuba, el Sahara, Palestina, el Kurdistán y ‘Euskal Herría’.

-- La desobediencia civil. “La soberanía catalana lo ha dejado muy claro, (…) sólo nos mandamos a nosotros. La independencia era esto: desobediencia a las leyes injustas y contrarias a las clases ciudadanas”.

-- La intervención del consejo de administración de las entidades bancarias que hayan recibido un solo euro de ayuda estatal.

-- La colectivización de la propiedad privada y el impago de la deuda pública.

-- La limitación de las importaciones mediante la imposición de duros aranceles.

-- La nacionalización de sectores estratégicos, como las principales compañías energéticas.

-- La reclamación a los medios de comunicación privados del uso de “la lengua propia de los Països Catalans”.

Y así todo. Los gerundenses y el resto de catalanes tendrán que sacar ahora lo mejor del ‘seny’ catalán y lidiar con estos chicos. Les deseo suerte pero miedito me da.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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