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El pequeño Nicolás somos todos (y lo sabes)

Algún comentarista ha afeado estos días la conducta a los periodistas, acusándonos de “papanatismo” por dar excesiva cobertura al caso del pequeño Nicolás. A juicio de estos analistas, el asunto no tiene un pase: es pura y simple charlotada, que nosotros explotamos para ganar audiencia.

Es curioso porque coincide, casi al milímetro, con los reproches a los que hice alusión hace unos días porque los medios damos, supuestamente, demasiada cobertura a Podemos. Es decir, los periodistas sabríamos que esta plataforma no merece tanta atención pero seguimos alimentando a la bestia porque nos da lecturas.

El argumento ‘crematístico’, interesado, se rebate fácilmente aclarando que si da muchas lecturas es porque la sociedad demanda más noticias sobre el tema. ¿Por morbo? ¿Por curiosidad malsana? ¿Porque le encanta que la manipulen? Creo que es mucho decir. Simple y llanamente, la cuestión le interesa.

Pero pienso que, también en este asunto, hay claves muy interesantes, de fondo, que quizás expliquen este ansia por saber de los españoles.

El caso de un impostor imberbe mareando con sus embustes a un puñado de hombres poderosos tiene su miga. Refleja la capacidad del ser humano de fabular una vida por afán de protagonismo y ego. El recurso al embuste tiene un amplio currículum vitae en esta sociedad nuestra. Hasta se podría decir que todos llevamos dentro un pequeño Nicolás.

Este fin de semana leí un interesante artículo publicado en El País Semanal que tocaba precisamente este asunto. Atención a lo que es capaz el ser humano uniendo simplemente sagacidad, farsa y nuevas tecnologías:

-- Una aplicación desarrollada para mentirosos compulsivos llamada ‘FakeMyi’ permite engañar sobre el emplazamiento exacto en el que uno se encuentra. Puedes mandar un mensaje geolocalizado en la oficina cuando se está apaciblemente instalado frente a la barra de un bar. O se puede inventar todo un historial de llamadas y mensajes sin dejar traza del embuste.

-- Otra aplicación permite forzar la entrada de una falsa llamada en tu propio móvil para cortar una conversación aburrida o pesada. “Perdona, esta llamada es urgente; te tengo que dejar”. La coartada para dejar a nuestro incómodo interlocutor con la palabra en la boca la ofrece ‘Fake-A-Call’, que también falsea los registros de voz.

-- ‘Call And Text Eraser’ es una aplicación programable que permite borrar todo el historial de un móvil. Según la web Business Insider, el 70% de las personas que usan este gadget son mujeres.

-- El colmo de la superchería es la aplicación ‘BroApp’, que permite dejar programado el envío de piropos o muestras de afecto a tu pareja a lo largo de la jornada. Automáticamente, le irán llegando a la persona amada cumpliendo el horario estipulado por el gentil emisor. Nunca un “no dejo de pensar en ti” sonó más desleal.

Estas herramientas no han salido al mercado por culpa de un periodista sino por la demanda de una sociedad que miente demasiado, con tendencia a inventar versiones mejoradas de sí misma y encantada de justificar sus pequeños engaños.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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