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Un poquito de Keep Calm con Podemos

Algunos sectores han reaccionado con euforia nada más conocer los datos del 25-M. Las tertulias de este lunes echaban humo, en un sucederse de titulares grandilocuentes: “el bipartidismo se empieza a despedir de España”; “el bipartidismo ha muerto”; “es el comienzo de la reinvención de la democracia”... y así sucesivamente. Pues yo digo: “Keep Calm”.

Es hora de mantener un poquito la calma porque se está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Para que se me entienda bien pondré un ejemplo que todo el mundo va a entender: en el año 1989, José María Ruiz Mateos obtuvo 608.560 votos en unas elecciones Europeas, un 3,84% de apoyos y 2 eurodiputados. ¿Qué fue de aquel fenómeno?

Es cierto que este domingo los españoles han mandado un mensaje neto a sus gobernantes. Hay un hartazgo sin precedentes en la ciudadanía. Los votantes exigen un cambio. Los políticos deben variar el rumbo o corren el riesgo de estrellar sus naves contra las rocas. De acuerdo.

En este sentido, mi primera crítica es para el Partido Popular. Para empezar, por la actitud: parece que esto no va con ellos. Y ya conocen los síntomas del llamado ‘síndrome de La Moncloa’: un presidente enrocado en su visión de las cosas, ajeno a lo que pasa en el mundo, anestesiado por sus correligionarios y embobado en su propio discurso.

No hay nada de malo en admitir que algo no funciona, que eres sensible a la voz de los ciudadanos, que has tomado nota, que vas a escuchar al pueblo y poner remedio a las cosas que no van. Pues no. Génova sigue emitiendo un discurso ‘marciano’, como de otro planeta. Como sigan así, les auguro un futuro muy negro.

Dicho esto, la euforia que demuestran otros me parece excesiva, oportunista y también insensata. Las Europeas son elecciones tradicionalmente idóneas para el castigo. Se ajustan cuentas con el gobierno, con la oposición y con todo aquel que no haya estado a la altura. Así sucede tradicionalmente en España.

Pero unas generales son una cosa bien distinta. No sólo porque se elimina la circunscripción única y la ley D’Hont penaliza la disgregación de votos por todo el país. También porque los ciudadanos no juegan, así como así, con su futuro, con su trabajo, con su familia, con su porvenir. Los experimentos, a la hora de la verdad, se hacen con gaseosa.

¿Hay que reflexionar? Sí. ¿Hay que cambiar algunas vías de agua de nuestro sistema democrático? Claro. Pero sin distorsionar la realidad.

Otra cosa es que a algunos les convenga esta euforia, esta romántica sensación de toma de la Bastilla... con guillotina y quiebra del sistema incluidos. Algunos se relamen, claro está. Por ejemplo, los chicos de Podemos que este lunes defendían en televisión los logros sociales de Venezuela y los asaltos a los supermercados.

Un poquito de calma.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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