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El relato hiperbreve de Rajoy

Hay quien dice que plataformas como twitter están provocando un empobrecimiento del lenguaje. Se pierde capacidad expresiva, dicen. Se embrutece el talento narrativo, añaden. No lo creo.

La parquedad en las palabras es muchas veces un don. Es más difícil explicarse por lo breve que recurrir a larguísimos alegatos. En ese sentido, la obligación de ceñirse a 140 caracteres es una oportunidad más que un problema. Les pongo un ejemplo.

Hace algunos veranos apunté cuatro relatos hiperbreves, con menos de 140 caracteres, enviados por lectores del diario El País para un suplemento. Fíjense:

-- “El hipoflamingo del tiovivo se enamoró de la Yegua Bicéfala de delante. Ella nunca lo supo. Él anduvo tras ella, pero jamás pudo alcanzarla”.

-- “Cinco de la tarde: ¡Pam, pam!, sonaron las detonaciones en el chiringuito. Te dije al pilpil, cabrón, al pilpil! ¡Hace más de dos horas!”.

-- “Filetes empanados, tortilla, melón. Todo listo, como cada verano, dijo Fina a sus amigas. Y salieron del hormiguero dispuestas al gran festín”.

-- “La hamaca colgaba entre dos robles del jardín. Juan sesteaba; en cada vaivén se repetía la gran pregunta: ¿melón o sandía?, ¿sandía o melón?”.

Mariano Rajoy es hombre de pocas palabras. Al menos en público, no se prodiga mucho. Vamos, más bien poco. Prácticamente nada.

Y no es que no haya hechos que comentar: hay paro, hay Podemos, hay corrupción, hay un Ministerio vacante, hay overbooking en las cárceles, hay muchas familias en la miseria, hay una cosa que se llama Cataluña, hay riesgo de atentados yihadistas, hay ébola, hay un pequeño Nicolás que habló en nombre de algún miembro del Gobierno...

Me consta que en el Ejecutivo piensan que emplazamientos como este a que el presidente dé la cara obedecen, única y exclusivamente, a la necesidad que tenemos los medios de carnaza, de lograr mostacilla para ganar audiencia.

No.

Los ciudadanos necesitan que su presidente no sólo sea un gestor eficiente sino sentirlo cercano, a su lado, copartícipe de éxitos y fracasos. Y esto, recluido en un castillo, midiendo cada palabra, es muy difícil de conseguir.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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