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De religión: verde y ecologista

La semana pasada tuvo lugar en nuestro país un intenso debate público sobre el maltrato animal, con la polémica del Toro de la Vega, la indignación de un famoso de la televisión, la irrupción de un político en ese programa de entretenimiento, la presentación en el Congreso de una proposición no de ley sobre la cuestión…

Este domingo, Nueva York se convirtió en el epicentro mundial de una cadena de concentraciones para pedir a los Gobiernos más determinación en la lucha contra el calentamiento global. El motivo de esta convocatoria es que comienza este martes la Cumbre del Cambio Climático de la ONU.

Toda esta marejada me ha traído a la memoria un artículo publicado hace algunos años en The Wall Street Journal singularmente lúcido.

En aquella pieza, que he encontrado entre mis papeles, un profesor llamado Paul H. Rubin sostiene que mientras el mundo occidental reniega del sentido religioso de la vida, cada vez más ciudadanos adoptan una postura ecologista convertida hoy, paradójicamente, en una pseudo-religión.

Lo explicaba detallando algunos rasgos de los movimientos ‘verdes’:

-- Tienen una fiesta ‘santa’: el Día de la Tierra.

-- Guardan el ayuno respecto a determinados elementos prohibidos. En vez de optar por el pescado los viernes, o evitar el cerdo en general, los verdes restringen su dieta a los alimentos orgánicos. Y muchos tienden a comer solo víveres cultivados por ellos mismos. El resto es tabú.

-- No hay espacio para la meditación pero ofrecen sacrificios rituales. Como reciclar papel para salvar los árboles.

-- Reniegan del conocimiento de la fe pero construyen su ideología dando la espalda a los argumentos racionales. Por ejemplo, prácticamente todos los verdes predican a pies juntillas sobre el calentamiento global pese a que el debate científico no ha logrado un consenso sobre la cuestión. Además, rechazan la solución más adecuada al problema: la energía nuclear. Estas dos creencias –dice el autor- subsisten basadas en la fe, no en la razón.

-- No disponen de templos pero cuentan con estructuras sagradas. Y explica el articulista: “Al pasear por el campus de Emory, mi universidad, encuentro continuamente cubos para el reciclado, y en vez de un cubo de basura hay varios para distintos tipos de basura. Si a lo largo de la historia la gente ha rezado a muchas cosas, nosotros podemos ser los primeros en dedicar templos a la basura”.

-- El ecologismo también fomenta el proselitismo. Los escépticos no son vistos únicamente como gente a la que hay que ‘convertir’, sino que son tratados como verdaderos pecadores. Y remata el autor: “De hecho, probablemente yo no hubiera escrito este artículo, si no tuviera ya la titularidad permanente”.

No comparto algunos puntos de vista de este señor pero sí la idea que subyace de fondo.

Más en twitter: @javierfumero

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Sobre el autor...

Javier Fumero

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