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A una señal de Susana Díaz se desencadenará el infierno

Los últimos movimientos de Pedro Sánchez en el PSOE han puesto a prueba la paciencia de la baronesa Susana Díaz.

Ella intentó hasta el último minuto impedir el paso al secretario general pero éste se movió muy bien, desactivó con aplomo todas las trampas que le fue poniendo la presidenta andaluza y se ha plantado al frente del equipo ante la cita decisiva de las generales. Ya no hay nada que hacer.

Sin embargo, lo que ha pasado esta última semana ha sido muy difícil de digerir para Susana. Que Pedro Sánchez haya dicho que necesita refuerzos con la temporada ya avanzada, en pleno sprint hacia las elecciones, ha sido demasiado.

De los ochos primeros puestos de la lista del PSOE por Madrid, seis han sido imposiciones directas de la dirección federal de Pedro Sánchez: Meritxell Batet irá de número dos; Antonio Hernando, en el tercer puesto; Irene Lozano, en el cuarto; la ex militar Zaida Cantera, en el sexto; Eduardo Madina, en el séptimo; y José Enrique Serrano ocupará el noveno lugar.

Los casos de Irene Lozano y Zaida Cantera han enfadado especialmente a la líder andaluza. Por varios motivos.

Para empezar –dice- es una afrenta al viejo PSOE. Y cuando dice “viejo PSOE” se refiere a los veteranos, a los que llevan más años entrenando a diario, dando la cara en los partidos más complicados, dejándose la piel en el campo, luchando en la duras y en las maduras... Para que ahora –explica molesta- lleguen cuatro estrellas mediáticas, sin fuste ni categoría, y desplacen a los currantes. No es de recibo.

También habla de falta de respeto, principalmente a los militantes; de gobernar a golpe de mercadotecnia, no de política. De transmitir una imagen de partido liviano y veleta, más preocupado por la forma que por el fondo.

Susana Díaz apunta, además, estos días que el PSOE da muestras así hasta de una cierta debilidad. Estas maniobras de prestidigitador (que tanto recuerdan al Zapatero de las ocurrencias: esto lo digo yo) parecen decisiones a la desesperada, tomadas sin el necesario sosiego y reflexión.

Se daña al partido porque parece que en el PSOE no hay talento y se debe recurrir a ‘extranjeros’ fichados de fuera. Cuando no es verdad.

Por todo lo dicho más arriba, Susana Díaz se va a estar quieta. De momento. Pedro Sánchez tiene una sola bala en el cargador y va a poder usarla: es la cita del 20-D. Pero como falle… lo van a despedazar. A una simple señal de la presidenta de la Junta de Andalucía se desencadenará el infierno: la misma noche de las elecciones pedirá su cabeza si no gana a Mariano Rajoy.

Tic, tac, tic, tac…

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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