Martes 23/01/2018. Actualizado 01:11h

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El vago en La Moncloa

Ya lo advertían los gurús de la opinión pública: esa imagen mortecina, gris, sin alharacas, de Mariano Rajoy podía serle –en las actuales circunstancias- más una ventaja que un lastre.

El líder del PP ha sido atacado sin piedad desde hace meses desde la izquierda, acusado de ser un personaje soso, sin gracia, previsible, falto de carisma y determinación. Esto se salpimentaba con inquietantes datos de su biografía: provenía de un ‘dedazo’, había sido derrotado en las dos citas con las urnas a las que se había presentado y parecía ser un hombre sin ‘baraka’.

El PSOE dio una vuelta de tuerca más en esta larga campaña y empezó a transmitir el mensaje de que Rajoy era, además, un vago. Llevaba dos años tumbado en la hamaca a la espera de que la crisis guisara al Gobierno en su propia salsa. Sin ofrecer soluciones, sin colaborar con el Ejecutivo y sin acometer ni siquiera los conflictos internos en el PP. Así, sin sufrir el menor desgaste, es como pretendía llegar a La Moncloa.

Pese a todo, Rajoy siguió adelante con su estrategia que culminó este domingo con una victoria sin paliativos.

¿Qué pasó? Sus asesores le habían advertido de un cambio en el sentir de los españoles.

Los ciudadanos están hartos de un discurso basado en el bueno rollo, la mercadotecnia, el caer bien, la sonrisa, lo políticamente correcto o el guiño postizo. Ahora la gente conecta más con los valores clásicos.

Por eso, frente al carisma, que cotizaba claramente a la baja, se debía fomentar una imagen de eficacia y de solvencia. Había llegado la hora de la austeridad, de la seguridad (en el propio puesto de trabajo, en mis inversiones…), de la sostenibilidad. También ahora era un valor fuerte el trabajo en equipo y no tanto las individualidades. Sumaba también la fiabilidad y la experiencia.

Rajoy ha ganado muy probablemente porque ha convencido a los españoles de que es un dirigente predecible, fiable, gestor sensato, pegado al terreno y honesto.

Ahora le toca demostrarle a España que no se ha equivocado al elegirlo.

 

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Javier Fumero

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