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Defensa nombra generales a coroneles fuera de cupo mientras congela varios ascensos pendientes

Confidencial Digital | 19 de noviembre de 2020

Coroneles del Ejército de Tierra.
Coroneles del Ejército de Tierra.

La decisión del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor de la Defensa de ascender a determinados coroneles al empleo de general de Brigada, y al mismo tiempo no promocionar a otros coroneles que esperaban ese ascenso, ha provocado cierta polémica en las escalas de oficiales y oficiales generales.

Así lo ha podido constatar Confidencial Digital por distintas fuentes militares de alto rango. Los ascensos a general de Brigada se van aprobando cada cierto tiempo en Consejo de Ministros, y los nombres que se han conocido este año han motivado comentarios entre quienes conocen los movimientos que se producen en las escalas superiores y los órganos directivos de las Fuerzas Armadas.

Ascensos de coroneles de Tierra

Estas fuentes explican que cada año, del proceso de evaluación para el ascenso a general de Brigada, del Ejército de Tierra se selecciona a 14 coroneles. Estos 14 coroneles son ascendidos a general de Brigada, y normalmente son los 14 que mejores resultados obtienen en ese proceso de evaluación.

Lo que ha llamado la atención entre mandos bien situados en el organigrama de las Fuerzas Armadas es que este año se ha ascendido al menos a dos coroneles del Ejército de Tierra que, en principio, habían quedado fuera del cupo para ascender.

Se trata de los coroneles que habían quedado en los puestos 15º y 16º para el ascenso, y pese a ello, sus ascensos a general de Brigada han sido aprobados por el Consejo de Ministros.

Los dos citados son Fernando Rocha y Castilla (Real Decreto 779/2020, de 25 de agosto) y Carlos Prada Larrea (ascendido por Real Decreto 872/2020, de 29 de septiembre).

Un amigo de Felipe VI

Rocha hizo carrera en la Guardia Real, donde llegó a ser jefe del Grupo de Honores, y al ascender a coronel fue destinado a dirigir el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54. Es amigo personal del rey: entró un año ante que el entonces príncipe en la Academia General Militar de Zaragoza y fue testigo en la boda de don Felipe y doña Letizia en 2004.

Además, el pasado mes de octubre se concedió a Fernando Rocha y Castilla la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Esta categoría, la máxima en la orden, se puede obtener “por ascenso del Caballero o Dama Placa, cuando se cuenten, al menos, tres años de servicio ostentando esta categoría y se posea el empleo de Oficial General”. Rocha se había convertido en oficial general en agosto.

Carlos Prada, por su parte estuvo recientemente en Irak. Era aún coronel, pero se le designó temporalmente como general al mando de la ‘Task Force Besmayah’. Es lo que coloquialmente entre militares se denomina “estampillar”: si un mando militar es enviado a una misión internacional en la que tendrá que mandar a militares extranjeros de mayor empleo, se le asciende temporalmente únicamente para esa misión, y sin mejora económica.

Este coronel ocupaba un destino propio de coronel, director de la Residencia Militar de Acción Social de Mahón (Menorca).

Sin embargo, ante la sorpresa de un buen número de oficiales y oficiales generales, el 29 de septiembre el coronel Prada fue ascendido por el Gobierno al empleo de general de Brigada. Fuentes consultadas por ECD destacan que este ascenso se produjo sin ocasión de vacante, asignándole un puesto en el Estado Mayor de la Defensa, concretamente como “Adjunto al Jefe de Estado Mayor del Mando de Operaciones”.

No ascienden pese a ocupar puesto de general

Si por un lado han sido ascendidos coroneles que no estaban previsto que ascendieran, por otro hay algunos coroneles que se encontraban pendientes de ascenso, y que pese llevar tiempo destinados en puestos propios de general de Brigada, no han sido promocionados.

Se trata de dos coroneles destinados en el Estado Mayor de la Defensa, que ocupan vacantes dependientes del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general del Aire Miguel Ángel Villarroya.

El primer caso es el del coronel del Ejército del Aire Pedro García Sipols, que desde marzo ocupa el cargo de jefe de Estudios de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS). Sustituyó al general de Brigada del Ejército de Tierra Antonio Esteban López.

Según los puestos de las plantillas orgánicas (PO) y las relaciones de puestos de trabajo (RPT) del EMAD, el puesto de jefe de jefe de Estudios de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas corresponde al empleo de general de Brigada.

El segundo caso tiene como protagonista a Ángel Herrezuelo Pérez, coronel de Infantería de Marina (Armada). Lleva más de un año, desde julio de 2019, ocupando una vacante de general sin que su ascenso se produzca.

En esta ocasión se trata del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, que también figura en PO/RPT como puesto de general. El último en ocupar el puesto fue el general Jaime Iñiguez Andrade, del Ejército de Tierra, pero Herrezuelo no ha sido ascendido a general de Brigada.

Fuentes cercanas al Estado Mayor de la Defensa apuntan, como posible explicación a esta situación, que hay coroneles que han sido evaluados para el ascenso al empleo superior, han resultado aptos y está previsto que sean ascendidos.

Pero están a la espera de una vacante del empleo al que deben ascender, y también quedan al albur de la decisión política que decide este ascenso, ya que hay que recordar que para pasar de coronel a general de Brigada ya se requiere un real decreto aprobado en Consejo de Ministros, a propuesta del titular del Ministerio de Defensa.

ECD se puso en contacto con el Ministerio de Defensa y con el Estado Mayor de la Defensa para recabar su explicación sobre estos movimientos de ascensos (y no ascensos). Al cierre de esta edición no se había recibido respuesta.

Plantilla indistinta para el ministerio y el EMAD

En este contexto de unos ascensos que causan sorpresa y otros que no se producen, es relevante un documento firmado por la ministra, Margarita Robles, el pasado 23 de octubre y que apareció en el Boletín Oficial del Ministerio de Defensa (BOD) el lunes 26 de octubre.

El “Acuerdo por el que se distribuye la plantilla indistinta de oficiales generales en los diferentes órganos superiores y directivos del Ministerio de Defensa” viene a completar la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la Carrera Militar, que establece en su artículo 16 que el número máximo de oficiales generales será de 200, y el Real Decreto 283/2017, de 24 de marzo, por el que se fijan las plantillas reglamentarias de oficiales generales, oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas para el período 2017-2021, que distribuye los 200 oficiales generales en 160 para las plantillas específicas y 40 para la plantilla indistinta.

Los 40 oficiales generales de la plantilla indistinta se destinan no a puestos propios de Tierra, Armada y Aire, sino a los órganos superiores y directivos del Ministerio de Defensa.

Según ese acuerdo, el reparto de eso 40 oficiales generales es el siguiente:

• Titular del Departamento: 2

• Estado Mayor de la Defensa: 17

• Secretaria de Estado de la Defensa: 11

• Subsecretaría de Defensa: 7

• Secretaría General de Política de Defensa: 1

• Unidad Militar de Emergencias: 2

Puestos de “asesor” y “adjunto”

Militares de las escalas superiores critican que esa plantilla indistinta es objeto, desde hace ya tiempo, de numerosos vaivenes y “extrañas” adaptaciones que tendrían un encaje normativo dudoso, y que implica cierta manipulación de puestos de las plantillas orgánicas (PO) y de las relaciones de puestos de trabajo (RPT).

Las plantillas orgánicas (PO) y de las relaciones de puestos de trabajo (RPT) se diseñaron precisamente como herramientas para garantizar la seguridad jurídica de tal forma que se supieran de antemano cuáles son los puestos activados y cuáles son los requisitos para su asignación.

Junto a los casos polémicos de algunos ascensos en los Cuerpos Comunes (Jurídico, Sanidad...), se han producido asignaciones de destino en la plantilla indistinta que han causado suspicacias entre oficiales y oficiales generales.

Algunas fuentes apuntan que muchos de estos nombramientos se rodean de cierta ambigüedad, empleando términos tales como “asesor” o “adjunto”, lo que indica que el ascenso se concede aún a pesar de que no existe vacante.

Es decir, son puestos que no existen en las plantillas orgánicas ni en las relaciones de puestos de trabajo, pero que se crean justo antes del ascenso de una persona concreta. De esta forma se ubica en puestos más altos a colaboradores de altos mandos, o personas que se intenta apartar de centros de decisión por resultar incómodas.

El caso del vicealmirante Fernández de Córdoba

Un ejemplo de estas maniobras es el vicealmirante de la Armada Alfonso Carlos Fernández de Córdoba Gómez. Margarita Robles lo cesó como subdirector de Reclutamiento en 2018 por la polémica con las oposiciones de Psicología Militar. Además, firmó su pase forzoso a la reserva.

El vicealmirante recurrió en los tribunales, y el Tribunal Supremo le dio la razón: obligó a readmitirlo en el servicio activo.

Lo que hizo Defensa fue nombrarlo, en comisión de servicio, como alto representante del ministerio para los actos de conmemoración del quinto centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.

Los abogados de Fernández de Córdoba alegaron ante el Supremo que el destino que se le debía asignar “en cumplimiento de la resolución jurisdiccional, ha de ser necesariamente uno propio de vicealmirante en activo y no otro creado ad hoc de carácter representativo para, burlando al tribunal, con apariencia de lo contrario, desconectarle de la vida militar y de la posibilidad de ocupar un puesto de plantilla dentro de la estructura de la Armada”.

El puesto como tal no existía, y se creó para ubicar allí al vicealmirante, al que la Armada tampoco quería recuperar tras años en la estructura propia del Ministerio de Defensa.

Después, el ministerio le cambió de destino, y nombró al vicealmirante para el puesto de “asesor del secretario general técnico” de Defensa.

El destino tampoco gustó a Fernández de Córdoba, cuya defensa alegó que el ministerio había “desempolvado un destino irrelevante que llevaba más de doce años sin ocupar”, y que no tiene vinculación (a su juicio) con las funciones propias de los oficiales generales.

El caso es que Fernández de Córdoba fue, de enero a julio de 2019, “asesor del Secretario General Técnico”. Después fue enviado unos meses fuera de España para ocupar entre agosto de 2019 y enero de 2020 un destino de la OTAN (NATO HQ SACT) en Estados Unidos.

Personas conocedoras de este periplo apuntan que en febrero de 2020 fue enviado de vuelta a España para ocupar otro de esos puestos señalados por los críticos como creados fuera del organigrama oficial: “asesor del director general del Instituto de Técnica Aeroespacial”, el INTA.

Finalmente hace unos meses ya fue nombrado el que parece será su puesto definitivo: secretario general del INTA.

La primera general

Otro caso similar, aunque las razones son muy distintas, es el de la general de Brigada Patricia Ortega. En el caso de Ortega, primera mujer que alcanza el empleo de general de Brigada en las Fuerzas Armadas Españolas, fue ascendida sin que hubiera vacante para general del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos, pese a que los ascensos, por ley, se producen con ocasión de vacante.

Ortega fue ascendida y nombrada el 12 de julio de 2019 para ocupar el cargo de “asesor del Director General del Instituto de Técnica Aeroespacial”. La general de Brigada permaneció en este puesto de “asesor” hasta el 21 de diciembre cuando fue nombrada Subdirectora General de Sistemas Terrestres del INTA.

Este nombramiento también fue objeto de críticas ya que Patricia Ortega pertenece a la rama de Construcción, y hubo quien comentó que el puesto que ella ocupa debería haber sido asignado, por razones de idoneidad, a un ingeniero militar de la rama de Armamento.

“Descomunal discrecionalidad”

Oficiales generales que ven con disgusto todo este proceso denuncian que “se están produciendo ascensos obviando los resultados de las evaluaciones, forzando los criterios idoneidad, sin ocasión de vacante y con una descomunal discrecionalidad”, por lo que consideran que todo ello supone un caso claro de arbitrariedad.

El ya citado “Acuerdo por el que se distribuye la plantilla indistinta de oficiales generales en los diferentes órganos superiores y directivos del Ministerio de Defensa” lo interpretan como un intento del Ministerio de Defensa de intentar dar una cobertura formal a unas prácticas que generan un malestar importante entre oficiales y oficiales generales.

Sobre ejemplo, señalan que ese acuerdo permite al titular del Ministerio de Defensa conceder dos plazas sin estar sujetas a las condiciones y requisitos de las plantillas orgánicas y relaciones de puestos de trabajo, y sin seguir las reglas de mérito y capacidad establecidas en la Ley de la Carrera Militar.

Consideran que ese cambio apuntala la posibilidad de que el acceso al generalato se haga cada vez más arbitrario y político, e introduce elementos contra la seguridad jurídica y se puede entender como una modificación de facto del Real Decreto 283/2017 por el que se establecen las plantillas reglamentarias.

Algunas fuentes lamentan que todos estos cambios y movimientos de ascensos se produzcan sin que conste la oposición del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), del que esperaban que defendiera un proceso más reglado de ascensos y nombramientos.

El problema es, según las fuentes consultadas, que “el melón ha quedado oficialmente abierto y aunque de momento el titular del departamento se ha reservado dos tajadas, dos ascensos de libre disposición, nada impide que en el futuro y mediante otro acuerdo con el JEMAD de turno el cupo vaya en aumento”.

Algunos oficiales destacan que precisamente en las fechas que se publicó ese acuerdo sobre el reparto de los oficiales generales de la plantilla indistinta, Miguel Ángel Villarroya se vio señalado en un par de polémicas.

El diario Vozpópuli publicó el lunes 26 de octubre que existía malestar en el Ejército del Aire por haber ocupado el pabellón de cargo del Estado Mayor de la Defensa, un chalet con piscina en un extremo del recinto del Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN), y que según un acuerdo con tenientes generales del Aire, se tendría que haber devuelto al CESEDEN.

Ese mismo día, también el lunes 26 de octubre, Villarroya se vio salpicado por la polémica de la fiesta que celebró el diario digital El Español en el Casino de Madrid, y que congregó a decenas de dirigentes políticos, grandes empresarios y también los máximos responsables de las Fuerzas Armadas, en las mismas fechas que se restringían aforos en restaurantes y otros lugares a causa de la epidemia del coronavirus.

El JEMAD acudió junto a la ministra, Margarita Robles, y a otros altos mandos del ministerio de Defensa y de los ejércitos. La imagen de Villarroya, sentando junto al alcalde de Madrid y sin mascarilla, fue una de las que más circuló de esta fiesta polémica.

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