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Felipe VI tiene motivos para enfadarse

José Apezarena | Confidencialmente

Confidencial Digital | 03 de junio de 2019

El rey Felipe junto a don Juan Carlos.
El rey Felipe junto a don Juan Carlos.

Felipe VI presidió el sábado, en Sevilla, los actos del Día de las Fuerzas Armadas. Y se llevó un disgusto cuando vio, desde la tribuna de honor, cómo la bandera nacional colgaba descompuesta y torcida mientras se procedía al izado.

El rey tiene formación de militar, ha pasado por las tres academias, y sabe valorar cuándo, en un acto castrense, se hacen las cosas bien y cuándo mal. Y, el sábado, el incidente de la bandera la enfadó. Se le notó en los gestos de desaprobación y contrariedad que hizo con la cabeza mientras, con la mano en primer tiempo de saludo, escuchaba el himno nacional que acompañaba al izado de la bandera.

No quedó ahí, porque, a continuación se volvió hacia atrás y, con cara seria, lo comentó, negativamente al jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín. Pronóstico de bronca, sin duda.

En cambio, y aprovecho para pasar a otro asunto de actualidad, Felipe VI no tiene ningún motivo de enfado por el anuncio de don Juan Carlos de renunciar a asistir a actos institucionales.

No ha sido, como algunos han afirmado, un desplante de su padre. Tampoco un “portazo”, como se han atrevido a afirmar otros.

Y, por supuesto, no tiene nada que ver, como ha sugerido alguno, con un deseo de no coincidir con doña Sofía, con la que, por cierto, mantiene ahora una relación de normalidad. Así se comprobó recientemente, con las escenas de complicidad que protagonizaron cuando asistían juntos a una competición deportiva.

Don Juan Carlos ha decidido abandonar la vida institucional por dos motivos. Primero, porque, dadas sus evidentes limitaciones físicas, resiste muy mal tener que mantenerse en pie. Y más aún si son varias horas.

Segundo, para ahorrarse, y ahorrar a La Zarzuela, más polémicas sobre si debe o no, cuándo, con qué motivo, estar presente en actos institucionales, en cuáles sí, en cuáles no...

Como trasfondo hay que situar el altercado que protagonizó el propio don Juan Carlos cuando se vio fuera de la celebración del 40 aniversario de la democracia, es decir, de las primeras elecciones democráticas. Se cogió tal enfado, que él mismo se dedicó a proclamarlo a los cuatro vientos.

Para intentar arreglar las cosas, La Zarzuela le concedió máximo protagonismo en la celebración del aniversario de la Constitución, en el que don Juan Carlos recibió una larguísima ovación de las Cortes e instituciones del Estado. Y dio vía libre a una magna celebración familiar con motivo de su 80 cumpleaños. Que son, precisamente, los dos hitos que cita en la carta de renuncia.

A partir de ahora, no habrá discusiones sobre la presencia o no de don Juan Carlos en eventos institucionales, homenajes y celebraciones. Se ha retirado.

No ha sido tampoco una decisión improvisada o por sorpresa. Lo han hablando antes, con tiempo, las dos partes, es decir el padre y el hijo, y estuvieron de acuerdo. Y se buscaron, para anunciarlo, fechas apropiadas. Concretamente, después de que se hubieran celebrado los dos procesos electorales previstos, el de abril y el de mayo.

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