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“El periodismo necesita personas lúcidas y valientes que se atrevan a ser honestas hasta el final”

Álvaro Sánchez León | @asanleo | 28 de junio de 2020

Mónica Carrillo, en el mediterráneo de la redacción de Antena 3 Noticias. Fotos originales: María Villanueva.
Mónica Carrillo, en el mediterráneo de la redacción de Antena 3 Noticias. Fotos originales: María Villanueva.
La dama de Elche con los oídos libres de rodetes. La Premio Azorín del año que vivimos confinadamente. Periodista. Presentadora. Escritora. La reina tuitera del microcuento.  Lleva veinte años con el piloto encendido con un pie en el plató y el otro en muchas casas. Desde que terminó la carrera comenzó el despegue. Cada fin de semana, a las tres en Antena 3, junto a un tal Matías. Doce años de tango Carrillo-Prats haciendo periodismo con tono propio, cabeza, corazón y guiños. Mónica en tapa dura desde 2014. Primero, ‘La luz de Candela’. Después, ‘Olvidé decirte quiero’ y ‘El Tiempo. Todo. Locura’. Ahora desnuda la triple vida surrealista que tenemos todos sin ser Fernando Pessoa. Porque las líneas heterónimas de nuestra intimidad no significan esquizofrenia, sino libertad

 

Lo hemos hablado. Esta entrevista debió suceder en el Café Gijón. Con hielos. Los platós son importantes. Pero hemos elegido un camino entre su vida pública, su vida privada y su vida secreta: la vía telefónica. No es lo mismo, porque por teléfono no se ve la sonrisa de Mónica Carrillo. Aunque se intuye casi permanente al otro lado del aparato.

La operadora lo sabe: Camarón ladra al fondo de vez en cuando. Es síntoma de que la periodista y escritora cabalgan juntas. “Como niña con zapatos nuevos”. Entregada a la promoción de La vida desnuda, uno de esos libros confinados que ha aterrizado en las librerías como agua de junio. Porque el 5 de marzo le dieron el Premio Azorín y el decreto de alarma ha dejado esa primavera en el pleistoceno.

Flash back. Madrid, 2 de marzo de 1967. Otra primavera. Fallece a los 93 años José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, alias Azorín. Empezó Derecho y acabó atrapado entre las letras, como una cinta entintada en el corazón del tsunami de las teclas y la palanca del carro libre.  Según Vargas Llosa: “Uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua y el creador de un género en el que se alían la fantasía y la observación, la crónica de viaje y la crítica literaria, el diario íntimo y el reportaje periodístico, para producir, condensada como la luz en una piedra preciosa, una obra de consumada orfebrería artística”.

Lúcido. Valiente:

-¿Por dónde ha entrado usted?

-Por la puerta.

-¿Sabe usted que no se puede pasar?

-He pasado.

-¿Quién es usted?

-Un periodista. (Azorín).

Honesto: “Lo contrario de la hipérbole es el trabajo: exactitud, reflexión, precisión. Es difícil hacer del idioma un instrumento exacto y dúctil; y es fácil salir del paso con un superlativo que no dice nada”.

Nueve años después del sepelio y uno después del entierro de la dictadura nació en Elche Mónica Carrillo. Una periodista ante las cámaras con pluma fácil sobrevuela las librerías y las bibliotecas y las redes sociales con imágenes, palabras, precisión y estética.

Seamos francos: entre Azorín y Carrillo hay conexiones (raíces murcianas, vida madura en Madrid, periodismo, estilo pim-pam-pum), y discrepancias: desde el género, hasta la trayectoria política del de Monóvar, que fue cinco veces diputado de la mano de Maura después de comulgar con el anarquismo y antes de simpatizar con el franquismo. Y la sonrisa, porque las fotos de la época muestran a Azorín con labios rígidos con los extremos vencidos hacia la tierra. Y también hay mundos paralelos que no se cruzan por mucho que se estire el fácil facsímil del símil hábil.  

Cuando murió Azorín, la mujer española ya era más ye-yé que de escuelas hogar y Los Beatles habían salido en el NO-DO. La información nos hizo más libres. A todas y a todos. Con este balance vintage en la maleta, para no olvidar nunca de dónde venimos y a dónde vamos, nos centramos en el presente desnudo.

-Buenos días. Listo para disparar.

-Al blanco.

“La culpa me pesa desde el día en que maté a mi abuelo”. Así arranca La vida desnuda: con frase corta, simple, y contundente. El jurado vio a Azorín desde la primera línea.

La primera línea es un propósito de intenciones para generar curiosidad en el lector y atraparle desde el arranque. Me sirve también para presentar a la protagonista, Gala, a quien la culpa acompaña desde siempre. La culpa, los miedos, las incertidumbres y los secretos irán tejiendo los lazos familiares que ella va a ir descubriendo conforme avanza la novela, hasta que toda su familia quede al desnudo.

La vida desnuda expuesta en las librerías de la nueva normalidad. Si el texto hubiera germinado en el confinamiento, ¿sería el mismo o nada puede ser ya lo mismo?

No lo sé. A partir de ahora veremos lo que ocurre. Esto nos ha marcado, pero volveremos poco a poco a retomar la normalidad. El fallo del Premio Azorín fue el 5 de marzo y han pasado muchas cosas desde entonces. El libro quedó confinado sin poder pasar a la imprenta. Mientras la novela de ficción aguardaba el momento de ver la luz con el reto de que se leyera como una historia verosímil, yo iba a trabajar y narraba en los informativos algo que parecía ciencia ficción.  Me ha tocado hacer periodismo con una realidad que si hubiese sido carne de novela nos habría parecido hasta increíble: una pandemia global con demasiadas muertes y con medio mundo confinado. Ese dualismo de impresiones entre ficción y realidad me ha acompañado en estos meses de tragedia.

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¿Siente alguna atracción especial por Azorín?

Es de mi tierra, y me hace mucha ilusión el premio. Un orgullo y una responsabilidad. Cuando ves el listado de ganadores de la historia del galardón -Torrente Ballester, Luis Antonio de Villena…- doy gracias por lo afortunada que soy. Es un espaldarazo que anima a seguir en esto, que me apasiona.

La generación del 98 nace en un contexto socio-político de decadencia del imperio español y un profundo malestar e indignación por la pérdida de Cuba, entre otras cosas. ¿Surgirá una generación post-COVID en la literatura universal donde el hartazgo político, el miedo al vacío y la vulnerabilidad de los ciudadanos hagan su 15-M en las novelas?

No me atrevo a aventurar si de esta situación surgirá una generación literaria. Lo que sí tengo claro es que lo que hemos pasado no nos va a resbalar y todas las disciplinas del arte lo reflejarán en sus obras.

Pero usted no estaría en esas tiendas de campaña. Usted sería una romántica siempre con la inquietud de no olvidarse de decirte-quieros

Siempre apuesto por escribir sobre la vida, y en la vida lo que nos une a todos son las emociones. Me gusta reflexionar sobre ese mundo interior. Tengo muchísimas inquietudes y prefiero no encasillarme en unos temas concretos. Me apasiona descubrir y redescubrir, porque en eso también soy muy periodista vocacional. Sigo mirando el mundo con ojos curiosos. En la ficción me dedico a crear historias que se sostienen sobre hechos reales, porque las emociones son reales. Guardar un secreto por miedo a decepcionar, alimentar una frustración o sentir culpa son cuestiones que nos suceden a todos.

No me atrevo a aventurar si de esta situación surgirá una generación literaria. Lo que sí tengo claro es que lo que hemos pasado no nos va a resbalar y todas las disciplinas del arte lo reflejarán en sus obras

En La vida desnuda nos habla usted de la vida pública, la vida privada y la vida secreta de Gala en una especie de efecto Pessoa 2.0. que pone la autenticidad de nuestras vidas en paños menores. 

Efectivamente.

¿Ser periodista ayuda a entender que la autenticidad es una cualidad en peligro de extinción?

No debería… Ni en el periodismo, ni en ninguna faceta de la vida. La autenticidad es honestidad y la honestidad es esencial en cualquier profesión y en cualquier dimensión de nuestras biografías. Deberíamos potenciar y transmitir ese valor a nuestro alrededor con constancia. Si la autenticidad está en peligro de extinción, deberíamos preocuparnos.

Periodismo y literatura. ¿Ha empezado a valorar si deja la realidad para vivir de la ficción?

Lo mío es comunicar. No siento la necesidad de tener que elegir. Mi trabajo como periodista me apasiona. Estar al filo de lo que sucede es una responsabilidad y me atrae enormemente. Que haya empezado a escribir después no significa que la literatura sea una dimensión secundaria. Es, sencillamente, una pasión que me complementa. Al final, lo que yo hago es contar historias: unas sujetas a la actualidad, y otras destiladas en la inventiva, que es la forma más libre de crear. Hago lo que quiero con los personajes y con las tramas y es una evasión complementaria a mi vida profesional. Mientras el público me lo permita, el mix perfecto es compaginar ambas esferas.

¿Qué tipo de periodista es usted?

Aspiro a ser una periodista honesta. En esto soy muy de Kapuściński. Coincido en que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Es a lo que quiero parecerme y espero conseguirlo.

Lleva veinte años redondos en televisión. Supongo que con sus alegrías y sus decepciones. ¿El tiempo todo locura?

El tiempo es un bálsamo que hace que las cicatrices más profundas se vayan diluyendo poco a poco. Afortunadamente, mi mochila de estas dos décadas está cargada de buenos recuerdos y buenas experiencias. Obviamente también ha habido momentos difíciles… ¡Qué le voy a contar de estos tres meses! ¡Ha sido durísimo! Contar lo que hemos vivido y lo que todavía está pasando duele, pero forma parte de este oficio. El bagaje de mis veinte años en televisión es muy gratificante.

¿Qué le sedujo del periodismo para que aparcara el turismo y enfilara la ruta de las palabras?

Como soy de Elche y estudiaba ciencias puras, el periodismo era vocacional, pero se me presentaba muy lejos. La carrera entonces solo se podía estudiar en ciudades muy concretas. Además, se me daban bien las ciencias y mis profesores me fueron animando a que siguiera por ese camino. Cuando tuve la posibilidad, hice lo que quería haber hecho desde el principio. Mi aterrizaje en el periodismo no fue una línea recta, pero por el camino me fui convenciendo de mi vocación, hasta que llegué a Madrid con 21 años. Y aquí seguimos.

Aspiro a ser una periodista honesta. En esto soy muy de Kapuściński. Coincido en que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Es a lo que quiero parecerme y espero conseguirlo

¿Qué compañeras y compañeros le han cincelado en su profesión?

Admiro a muchísimos compañeros. Trabajo con el referente de la información -Matías Prats-, lo cual ha sido un lujo, porque nos admiramos, nos respetamos y nos queremos. Ha sido una manera de trabajar muy completa, porque tenemos mucha complicidad, en los momentos jocosos y cuando las cosas no vienen bien dadas. Con una mirada nos entendemos perfectamente. Desde pequeña he escuchado la radio, porque mi madre la tenía siempre puesta. Ahí enganché pronto con Iñaki Gabilondo, con Julia Otero… Ahora es un placer poder estar tan cerquita de todos ellos.

Muchos ciudadanos no se creen el periodismo. Ven intereses ocultos, piñones personales, ideologías preponderantes… ¿Azorín sería hoy un buen coach para el periodismo del futuro?

Creo que sí. De todas formas, cada tiempo tiene sus propios retos. Descontextualizar a un personaje y trasladarlo a nuestras circunstancias es complicado, pero es cierto que necesitamos mentes lúcidas y valientes que se atrevan a llamar las cosas por su nombre y a ser honestos hasta el final.

Una presentadora siempre asume un plus de confianza con la audiencia. Cómo explica en su vida privada que el periodismo de su vida pública es verdad verdadera para que los escépticos enganchen con una profesión necesaria.

No podemos obligar a nadie a que confíe en nosotros. Nuestro trabajo consiste en generar espontáneamente esa confianza y solo podemos hacerlo con nuestra profesionalidad. Después de veinte años en televisión, nadie engaña. Lo importante, de todas formas, no es ser infalible, porque todos nos equivocamos. Lo crucial es ser honestos y consecuentes hasta demostrar al público que eres una opción informativa y que, si te acaban eligiendo, será fantástico. Las audiencias las componen personas soberanas que saben lo que buscan y encuentran lo que quieren.

¿Por qué se le ve tan a gusto en Antena 3?

Porque estoy muy a gusto en Antena 3. También viví muy a gusto mi etapa en TVE, y tuve que tomar una decisión difícil, porque también me sentía como en casa. Recuerdo perfectamente el día que le dije a Fran Llorente que me habían llamado de Antena 3. Tenía un puesto fijo, pero arriesgué hasta decir adiós a esa estabilidad. Yo había trabajado en la pública -EFE, TVE- y sentía la necesidad de probarme en un medio privado para seguir creciendo y aprendiendo. En Antena 3 estuve dos años haciendo el informativo matinal y con cambios de horario llevamos ya catorce años. Estoy muy a gusto porque ha sido un camino feliz. No siento que haya llegado a la meta. Disfruto mucho del camino, y cuando eso no se imposta, se nota. Aquí me siento muy querida y muy valorada.

No podemos obligar a nadie a que confíe en nosotros. Nuestro trabajo consiste en generar espontáneamente esa confianza y solo podemos hacerlo con nuestra profesionalidad

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Retrato robot de una presentadora:

            ¿Mujer segura o con miedo al fracaso en directo?

            Soy segura, pero tengo ciertos temores. Me gustan mucho los retos y esa sensación de estar al borde de la navaja en los directos, porque el riesgo me provoca un subidón.

            ¿Ejecutiva o poética?

            Depende del momento. Unas veces hay que resolver, y otras hay margen para detenerse en el vuelo de una pestaña. Pero ser rápido, directo y conciso es ADN común de esta profesión.

            Versátil, pues.

            La versatilidad es la gran cualidad que debemos cultivar en el periodismo. Tener cintura es una habilidad cada vez más imprescindible.

            ¿Fría o accesible?

            Accesible.

            ¿Una más en la redacción o distante por inercia?

            Una más en la redacción desde el primer día. Ser presentadora es una parte de mi ser periodista. Yo formo parte de una redacción en la que presento el informativo.

¿Twitter es su Azorín preferido?

Twitter es una válvula de escape muy interesante. Cuando surgió entendí que tenía que participar para estar al tanto de los temas que bullen y mantenerme en contacto con colegas de la profesión de otros medios. Me interesa el debate que genera. Además, es una red en la que me atreví también a lanzar mis primeros microcuentos en conexión más directa con el público. 

En La vida desnuda, dice, hace un homenaje a Gabriel García Márquez.  El de El amor en los tiempos de cólera. ¿Escribir de amor es el nuevo realismo mágico?

Escribir de amor es inevitable, porque es la vida. El amor, en sentido amplio, nos sigue interesando, porque es lo que nos mueve y lo que nos conmueve. Nunca dejaremos de escribir sobre él, porque es la magia de lo complejo y está lleno de porqués de euforia y enajenación, y porqués de derrumbes y soledades. Ver que es una necesidad, que unas veces facilita y otras dificulta nuestra manera de vivir, hace que sea un tema clásico, abordado por los clásicos, porque los seres humanos somos tan humanos como siempre.

¿Le enamora el García Márquez periodista?

Sí. Los autores que compaginan periodismo y literatura me encandilan. Admiro la versatilidad de las personas de mi gremio.

¿Qué otros escritores la contemplan desde su biblioteca secreta?

Por centrarme en la literatura contemporánea, me gustan especialmente Antonio Muñoz Molina y Almudena Grandes. Leo mucho la poesía de Antonio Lucas, de Ángel González… Tengo buenos referentes y espejos en los que beber.

¿Quién le inoculó el virus de la literatura?

Mi madre es una lectora voraz. Es la primera que lee lo que voy escribiendo. Es mi editora in pectore.

Gala es el alma de La vida desnuda. ¿Tiene ella algo de Dalí?

Jugué con la idea de que fuese una musa. Ella es una rebeldía y una contradicción que pueden estar presente en todos nosotros. Tiene treinta y pocos años, lo ha dejado con su pareja, vive sola en Barcelona mientras que su familia vive en Madrid, y aún no tiene un trabajo estable. Es hija de un hogar acomodado: su padre es un cirujano prestigioso, su hermano ha cogido el testigo de la Medicina, y ella es la artista rebelde, con causa y sin causa. Aunque sufre el miedo de no estar a la altura de los suyos y de haberles defraudado, está contenta de no haberse dejado llevar por la inercia.

¿El periodismo actual tiene algo de surrealismo?

El surrealismo es fantástico en las artes plásticas. Sus artistas nos hacen pensar en mundos alternativos. En el periodismo no es, precisamente, el mejor adjetivo entre los posibles.

¿La sobreexposición del periodista es surrealista?

La sobreexposición es una opción lícita. Cada cual tiene la libertad absoluta de decidir cómo se plantea estar en esta profesión. Lo importante es que la noticia esté por encima del periodista. Como espectadora y lectora, apuesto por referentes periodísticos que influyan. La sobreexposición relacionada con el prestigio no me parece mal. Lo que no me va nada son las sobreexposiciones ligadas a las faltas de respeto, al nulo interés por el diálogo o a la agitación de la crispación. La templanza es importante en este oficio.

El surrealismo es fantástico en las artes plásticas. Sus artistas nos hacen pensar en mundos alternativos. En el periodismo no es, precisamente, el mejor adjetivo entre los posibles

Qué cualidad vampirizaría sin pestañear de colegas de pantalla como…

            Ana Blanco

            Precisamente, su templanza.

            Ana Pastor

            Su valentía.

Susanna Griso

            Su talante.

            Sandra Golpe

            Su perseverancia.

            Helena Resano

            Su versatilidad.

            Mónica López

            Su expertís.

            María Rey

            Su experiencia.

Hábleme de algunos hombres que le han acompañado en la pantalla:

            Matías Prats

            Un gran compañero de viaje, porque es la experiencia viva de la televisión. Soy consciente del lujo y la oportunidad que me han dado. Estar junto a él es la manera perfecta de trabajar.

            Vicente Vallés

            Un periodista riguroso, concienzudo, convencido de lo que hace y muy tenaz. Le admiro mucho y tenemos una especial amistad. 

            Roberto Arce

            Es un reportero vocacional que nunca ha dejado de serlo, aunque estuviera presentando. Es un todoterreno.

¿La mujer en televisión es igual que el hombre en televisión?

Hay diferencias, como sucede en cualquier disciplina. Ni la televisión ni el periodismo son distintos, y se lo dice una mujer que se siente valorada y afortunada. De todas formas, estamos en el buen camino, sobre todo porque muchos hombres entienden que el feminismo y la igualdad van de la mano. Cada vez más personas entienden que la igualdad es necesaria en una sociedad justa. En esta redacción quizás hay más redactoras que redactores. No hablo de cupos cubiertos. Hablo de una impresión social general, por eso no saco ni a la televisión ni al periodismo de la crítica.

¿Cómo se cultiva la discreción mientras se está en primer plano?

Siendo natural. No me he propuesto estar en primera línea y mantenerme discreta. Siempre he sido así. Tengo amplificada mi parte pública, y lo llevo bien, porque entiendo que una persona que lleva veinte años en televisión se convierte en un rostro conocido, y qué bien que eso suceda, porque significa que tu trabajo llega al público. Pero en mi vida privada siempre he sido reservada, y creo que el público lo capta así e incluso lo prefiere.

Decía Azorín: “Las lecturas que se hacen para saber no son, en realidad, lecturas. Las buenas, las fecundas, las placenteras son las que se hacen sin pensar que vamos a instruirnos”. ¿Qué ganaremos para nuestras vidas leyendo La vida desnuda?

Es un viaje del que ningún lector sale indemne. De la misma manera que Gala va descubriendo los secretos de su familia, desnuda las apariencias, y se plantea ella misma sus preguntas, sus frustraciones y sus miedos congelados, el lector también reflexiona en el trayecto. La vida desnuda es una novela que, cuando la cierras, te deja rumiando sobre tus propias decisiones vitales.

¿Gala representa a esos miles de nietas que no han podido despedirse de sus abuelas en estos tristes días negros?

Pues sí. Ojalá. Hay una escena muy emotiva y desgarradora en la novela en la que Gala dice adiós a su última abuela y sé que esa parte del libro va a pellizcar a muchas personas que no han tenido la ocasión de estar en los últimos instantes de sus mayores. La vida desnuda es también un homenaje a los abuelos que nos han ido forjando con su experiencia y su sabiduría. Somos partes de ellos. Ojalá esta pandemia nos sirva para mejorar el modo en que miramos, respetamos y atendemos a nuestros mayores.

¿Qué Mónica privada ha nacido en estos meses de coronavirus?

Una Mónica fortalecida. Inevitablemente he pasado por momentos de incertidumbre, de miedo, de inseguridad, de no saber en qué momento estamos, de angustia de estar contando malas noticias cada fin de semana sin ver hilos de esperanza… A la fuerza he salido fortalecida. Reconocerse valiente siempre es positivo.

¿Tiene ahora menos miedo a aspirar al Planeta?

Mirar al Planeta no es cuestión de miedos, sino de respeto y, sobre todo, de tener una buena novela. Me planteé optar al Azorín cuando terminé La vida desnuda. A ese vértigo de ponerme a prueba sí que me atrevo.

Ojalá esta pandemia nos sirva para mejorar el modo en que miramos, respetamos y atendemos a nuestros mayores

¿Qué retos televisivos le emocionan, más allá de lo que hace?

Soy muy inquieta. Nada concreto, pero siempre ando urdiendo planes y pensando en el siguiente paso. Es compatible con seguir donde estoy, pero sin dejar de crecer. La curiosidad no para nunca.

Le hemos visto haciendo cameos con José Mota, charlando con Dani Rovira, con Arturo González-Campos, participando en Ilustres Ignorantes, con Coronas y Cansado… El humor le pilla cerca.

Tengo muy buen trato con los humoristas, porque admiro mucho a la gente que nos hace reír.

Decía Azorín que “vivir es volver”. ¿Perderemos el miedo a reírnos a pesar de todo lo hemos sobrevivido?

Sí. El sentido del humor es un instrumento infalible y sanador. Nos puede salvar, incluso en circunstancias muy complicadas. De hecho, en estos días nos ha ayudado.

Cuando sea madre, ¿cómo contará que fue Azorina dos semanas antes del apocalipsis?

¡Qué gran historia, eh! Todos los que hemos vivido esta pandemia tenemos una gran historia que contaremos en el futuro a nuestros hijos y nietos. No sé si habrá una generación literaria post-COVID, pero sí sé que todos tendremos recuerdos muy lúcidos de que lo que hemos vivido estos meses.

Entre su vida pública, su vida privada y su vida secreta, y exonerándola de esquizofrenia, dígame: ¿Carrillo se ha quitado el albornoz o esto no ha hecho más que empezar?

Carrillo no se va a desnudar nunca en público. Yo soy mi vida pública, mi vida privada y mi vida secreta. Disponer de estas parcelas a nuestro antojo es la libertad.  Hay veces que confesar un secreto puede resultar un alivio, pero yo reivindico la posibilidad de convertir en misterio una parte de nuestras vidas a la que solo tienen acceso las personas que queremos. La intimidad es un tesoro que la libertad de cada cual verá cómo disfruta. 

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REBOBINANDO

Mónica Carrillo tiene microcuentos impresos en papel, microcuentos volando por la red y microcuentos estampados en el asfalto. Y también tiene macroganas de periodismo y megailusiones vitales en este gigamundo que se hace nano para las personas adictas al movimiento constante de las olas creativas.

De ese raudal de talento con tiempo entre semana se han cosido ya cuatro novelas con pedigrí. Con sus montañas rusas de vagones interiores. Con sus túneles de oscura humanidad. Con sus luces de esperanzas mediterráneas. Reinas en caballos de ajedrez entre damas ni blancas, ni negras. Resultado: una de las escritoras con más engagement en las redes sociales. Del mundo. Con podio también en el ranking de las periodistas españolas con más punch.

Marca personal hecha a mano. Alicia y sus relojes en el país de los versos de Antonio Lucas:

             Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:

unas pocas palabras, unos seres exactos,

unas horas muy lisas, una playa (quizá)

donde el daño no acecha.

 

Imagina la vida como no lo es ahora,

no quiero decir como algo perfecto,

sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,

un tributo al azar sin otro destino

que el confín fugitivo de un eco sin rostro.                      

                         

Y después cualquier cosa.

 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.

Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,

celebrar lentamente que aniquile mi huella,

mi escritura de hombre, mi certeza de surco,

ser la alta misión de lo que nunca concluye

como no cierra el mar su recado en la orilla.

 

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,

sino un querer más pequeño, una conquista más clara:

ver la vida llegar de su noche a tu noche

en un cuerpo ajeno,

pronunciar su silencio,

abrazar su alambrada,

desear su vacío,

delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,

hasta el tiempo sin tiempo

del país que no haremos.

 

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas. Abraza su alambrada. De los versos al mediterráneo, azorada quizás, desde el trampolín del público del país que ya ha conquistado con el pegamento social de la naturalidad.   

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