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Podemos está en baja. ¿Por qué?

Confidencial Digital | 06 de abril de 2019

Consejo Ciudadano Estatal de Podemos.
Consejo Ciudadano Estatal de Podemos.

20 de diciembre de 2015, plaza del Museo Reina Sofía, en Madrid. Cientos, miles de simpatizantes de Podemos celebran la irrupción del partido morado en las Cortes Generales, con 69 escaños en el Congreso.

Podemos no ha tomado el cielo por asalto, como prometían con audacia sus líderes, pero mira los resultados con satisfacción: cinco millones de votos le permiten ser decisivo para formar un Gobierno de izquierdas que desaloje a Mariano Rajoy de La Moncloa.

Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Luis Alegre... el núcleo fundador del partido se abraza y, junto al Reina Sofía, entona con emoción el cancionero nostálgico de la izquierda española y latinoamericana: ‘A galopar’, de Paco Ibáñez; ‘El pueblo unido jamás será vencido’, del grupo chileno Quilapayún; e incluso el ‘Puente de los franceses’ del bando republicano en la Guerra Civil.

23 de marzo de 2019. Podemos vuelve a la plaza del Museo Reina Sofía. Y lo hace para organizar el regreso de Pablo Iglesias de su baja por paternidad, con aquel polémica cartel del “vuELve”.

Hemos dado vergüenza ajena con nuestras luchas internas”, “Rodeados de mentirosos, a veces confundimos la cortesía con dejar de decir las cosas claras. Sé que hemos decepcionado a mucha gente”: estas fueron algunas de las frases más duras de autocrítica que dirigió Iglesias a sus simpatizantes en ese regreso, punto de partida de la precampaña hacia las elecciones generales del 28 de abril.

De 71 diputados... ¿a 30?

En los tres años y tres meses transcurridos entre estos dos mítines de Podemos en la misma plaza de Madrid, el partido que en 2014 consiguió agitar el panorama polémica al conseguir cinco eurodiputados con sólo cuatro meses de vida pública provoca menos ilusión a sus seguidores y menos miedo a sus detractores.

El entusiasmo y la fidelidad de sus seguidores, al menos, los miden las encuestas. La media de sondeos de las últimas semanas apuntan que Unidas Podemos (la marca electoral para el 28-A) conseguiría en torno a un 13,5% de los votos, frente al 20,6% de 2015; pero lo que se notaría más a efectos prácticos, sólo unos 30-35 diputados frente a los 71 que tiene actualmente.

¿Qué ha pasado para que un partido que aspiraba a superar al PSOE en la izquierda, antes de alcanzar el poder, pelee ahora en las encuestas con Ciudadanos y Vox por el tercer puesto?

Primera decepción: no hubo ‘sorpasso’

Quizás la primera gran decepción tuvo lugar el 26 de junio de 2016, fecha de las elecciones adelantadas tras no poderse formar Gobierno. Pablo Iglesias había subido a su candidatura a Izquierda Unida, con la idea de sumar los 5,1 millones de votos de Podemos en las anteriores elecciones generales con los 923.105 de IU. Su análisis es que la suma no sólo daría seis millones de votos, adelantando así a los 5,5 millones del PSOE, sino que la confluencia incluso “multiplicaría”.

Pero no fue así y no hubo ‘sorpasso’ al Partido Socialista. El llamado “pacto de los botellines” resultó ser un caso de suma cero: Unidos Podemos quedó con los mismos escaños que habían tenido Podemos e IU por separado, y perdió un millón de votos. Las caras de Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Alberto Garzón esa misma noche electoral eran una máscara de incredulidad, decepción y enfado en distintas proporciones.

A partir de entonces, y cuando se confirmó que Mariano Rajoy volvía a ser investido presidente gracias a la abstención del PSOE (sin Pedro Sánchez), Podemos empezó su autoreflexión sobre de dónde venía, adónde iba y qué iba a ser de mayor.

El divorcio Iglesias-Errejón

Una vez que acabó el ciclo de batallas electorales, Podemos se hundió en una auténtica guerra interna. El primer aviso, la primera escaramuza, había tenido lugar en marzo de 2016, en la legislatura fallida. Pablo Iglesias cesó al secretario general, Sergio Pascual, culpándole de no haber sabido gestionar varias crisis internas autonómicas.

El cese fue un duro varapalo para Errejón, ya que Pascual era uno de sus hombres de confianza. Tiempo después, el entorno de Pablo Iglesias aseguró que se había descubierto una “conspiración”, la llamada “Operación Jaque Pastor”: un movimiento interno de los fieles a Errejón para tomar el control de Podemos en la Comunidad de Madrid para minar el poder interno de Pablo Iglesias.

El choque Iglesias-Errejón, dos amigos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, se formalizó en febrero de 2017. Podemos celebró su segunda asamblea, Vistalegre II, en la que Íñigo Errejón dio el paso definitivo y presentó una alternativa al modelo de partido que abanderaba Iglesias. No llegó a disputarle el liderazgo a Iglesias, pero sus fieles fueron derrotados en las votaciones a los órganos internos, y sus propuestas orgánicas descartadas.

Errejón fue relegado como portavoz parlamentario en el Congreso y como número dos de Podemos. El tándem se había roto y la nueva mano derecha del líder era Irene Montero. Como salida digna, en ese mismo febrero de 2017 Iglesias pactó que Errejón se empezaría ya a preparar para ser el candidato de Podemos a las elecciones autonómicas en Madrid.

Dos años después, por cierto, ni siquiera ese pacto de compromiso se ha mantenido: Errejón ha terminado impulsando “Más Madrid”, en alianza con Manuela Carmena y algunos fieles y críticos con el oficionalismo en Podemos, que para Pablo Iglesias ha sido “una traición” y una forma de situarse al margen del partido morado.

De fondo de esta pelea quedó la discrepancia táctica que separó a Iglesias y Errejón: acercarse al PSOE y apostar por el trabajo institucional, apuesta del ex número dos, o apostar por confrontar con los socialistas y mantener la agitación en la calle, camino que tomó el líder.

Monedero, Bescansa y Alegre se caen de la foto

A lo largo de estos años, varios de los fundadores de Podemos han ido cayéndose de la foto. No sólo Errejón. En 2018 se difundió otra conspiración. En este caso, supuestamente Carolina Bescansa reveló por error un plan para pactar con Íñigo Errejón y tratar de enfrentarse a Pablo Iglesias. Tras la polémica, meses después, Bescansa dejó el escaño en el Congreso al haber perdido las primarias para dirigir Podemos en Galicia. Ya en Vistalegre II se había apartado de la dirección, Nacho Álvarez, y antes lo hizo Luis Alegre.

Otro fundador, y cerebro gris de Podemos que dio un paso atrás fue Juan Carlos Monedero, en un momento tan temprano como 2015.

Lo hizo al conocerse sus problemas fiscales con Hacienda a cuenta del dinero cobrado por sus trabajos para la izquierda bolivariana en Venezuela y otros países de América Latina: dimitió de sus cargos internos y quedó como una “conciencia” guardiana de las esencias de Podemos, muy opuesta a la línea de Errejón de cierta moderación.

El chalet, un punto de inflexión

Si, como se ha dicho antes, las elecciones generales “repetidas” de 2016 fue el inicio de los problemas en Podemos, quizás se puede fijar un punto de inflexión en el desencanto en mayo de 2018. Los inscritos del partido morado tuvieron que decidir si mantenían el apoyo a Pablo Iglesias como secretario general y a Irene Montero como portavoz.

El motivo era la casa de 600.000 euros que ambos, como pareja, compraron con una hipoteca en Galapagar (Madrid). Esa decisión personal abrió una grieta en la confianza de miles de votantes e inscritos de Podemos hacia Pablo Iglesias; un Pablo Iglesias que años antes había preguntado, de forma crítica, “¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo?”, o que en una entrevista dijo que “a mí me parece más peligroso el rollo de aislar a alguien, porque entonces no saben lo que pasa fuera. Este rollo de los políticos que viven en Somosaguas, que viven en chalés, que no saben lo que es coger el transporte público”.

La compra de esta vivienda desató críticas y ataques a Pablo Iglesias aún más ácidos que aquellos que le llegaron a cuenta de la financiación recibida de Irán, o por sus relaciones con el régimen chavista de Venezuela. Sobre todo, porque una de las principales banderas de Podemos en sus inicios fue la lucha por paralizar los desahucios y por una política que permitiera encontrar una vivienda digna.

Este puede ser otro de los “debe” que pesan en la cuenta de resultados de Podemos y que explican el desapego de muchos de los votantes que confiaron en el partido. Por ejemplo, si Ahora Madrid y Manuela Carmena llegaron al Ayuntamiento de Madrid prometiendo poner fin a los desahucios, en sus cuatro años de gobierno ha habido 12.000 desalojos en viviendas por impagos.

La gestión, Cataluña... y más divisiones internas

La realidad de la gestión diaria desde los “ayuntamientos del cambio” también ha desgastado la imagen de Podemos, así como la ambigüedad ante el desafío secesionista en Cataluña y las sucesivas crisis internas: en Andalucía, Teresa Rodríguez va por libre, en Cataluña ha habido escisiones y dimisiones, tránsfugas en Navarra, roces con las confluencias en Galicia... A todos estos ingredientes se le suma esa división tan significativa en la Comunidad de Madrid, con Íñigo Errejón compitiendo con su aún todavía partido.

Las elecciones generales del 28 de abril y las europeas, autonómicas, forales/insulares y municipales del 26 de mayo permitirán saber si Podemos inicia un declive que le sitúe como una fuerza residual, o si resiste ante tantas crisis internas vividas por un partido político que lleva cinco años viviendo vertiginosamente.

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