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Yo no me vacuno ni de broma

Javier Fumero | La España Profunda

Confidencial Digital | 09 de septiembre de 2020

La pregunta parece pertinente: ¿es posible obligar a vacunarse a determinados colectivos de riesgo que no estén a favor?
La pregunta parece pertinente: ¿es posible obligar a vacunarse a determinados colectivos de riesgo que no estén a favor?

Esta fue la frase que escuché el otro día en boca de un profesor de colegio, con años de ejercicio profesional: "Yo no me vacuno ni de broma". No era un negacionista fanático. Su análisis era más o menos el siguiente: 

-- No me fio de esos estudios farmacéuticos que se están realizando a toda prisa, saltándose los tiempos (hasta ahora imprescindibles) dedicados a registrar posibles contraindicaciones y efectos adversos.

-- No me parece bien que conviertan a los ciudadanos en cobayas. Si alguien tiene prisa, que se enchufe a sí mismo el remedio. Esa es la solución. Pero que no jueguen con las personas. Porque ya veremos qué pasa con esos daños colaterales que puedan salir, los efectos secundarios que no ha dado tiempo a testar: para analizar esas cosas hace falta precisamente eso, tiempo.

Ojo a esta cuestión. Es la insumisión que viene, ya lo verán. Y se trata de un tema muy relevante. ¿Se puede obligar a un profesor, a un médico, a un agente del orden público, a un anciano, a inyectarse una vacuna?

Sin embargo, basta un poco de sentido común para entender que de esta dramática situación –con un virus incontrolado y altamente contagioso- sólo podremos salir de manera segura cuando la población esté inmunizada. No hay otra. Y esto sólo se puede lograr de dos maneras: con una vacuna o con esa famosa inmunidad de rebaño que parece tan lejana.

Pero lo que decía este profesor también parece razonable. ¿Conviene apresurarse, tomar atajos y provocar graves daños en las personas? No. Hay que ser extremadamente prudentes. Sin embargo, en este carrera hay instituciones y personas que pueden estar actuando sin la suficiente rectitud y provocando falsas esperanzas.

Por un lado, hay un gran interés político en dar con el remedio. El protagonista podrá presentarse ante la sociedad como el salvador. Le pasa a Donald Trump, que podría lograr la reelección presidencial en noviembre (ni más ni menos), pero no es el único. Se puede decir lo mismo de casi todos nuestros gobernantes, empeñados estos días en transmitir confianza y optimismo.

Y después, hay intereses económicos muy fuertes. Todo el mundo puede intuir la cantidad tan enorme de dinero que se llevarán los primeros que pongan en el mercado un compuesto que cumpla con las expectativas. Se van a forrar. Quizás esto puede animar a alguien a saltarse algún protocolo.

Este asunto estará en el candelero dentro dos o tres meses, a lo sumo. Haríamos bien en ir planteando la cuestión y adoptando una postura.

Más en twitter: @javierfumero

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