Lunes 23/10/2017. Actualizado 14:03h

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Defensa

Las tropas españolas en Afganistán intensifican las medidas de seguridad frente a ataques de infiltrados: se han multiplicado los incidentes, con 29 muertos en seis meses

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Los militares españoles desplegados en la misión de Afganistán no sólo corren el peligro de ser víctimas de un atentado con explosivos, como el que el pasado fin de semana hirió a cuatro efectivos, dos de ellos de gravedad. Los esfuerzos también se concentran en evitar infiltrados talibanes en el Ejército afgano. Pese a que se han intensificado las medidas de seguridad, el riesgo es aún mayor que hace un año.

Mandos militares españoles han mostrado en público su preocupación por el riesgo actual –“elevadísimo”- de sufrir un atentado por parte de elementos talibanes infiltrados entre las filas de las Fuerzas de Seguridad afganas. La situación “ha empeorado”, aseguran, pese a los esfuerzos para evitar ‘topos’ emprendidos tras el asesinato de los dos guardias civiles en agosto de 2010.

Según cifras oficiales de la ISAF, a los que ha tenido acceso El Confidencial Digital, desde enero de 2011 han muerto 29 militares de la Coalición abatidos por disparos de miembros de las Fuerzas de Seguridad afganas.

Los datos son más preocupantes aún cuando se comparan con otros años: el número total de bajas causadas por infiltrados desde 2009 es de 60 –otros tantos heridos de gravedad-, por tanto, en tan sólo seis meses se han superado los registros de los dos últimos años. El problema viene de atrás –ya lo contó ECD en 2009 en boca de un instructor español-, pero ahora es aún más preocupante.

Según el testimonio de militares dedicados a la seguridad interna de las bases españolas, cada vez es más difícil detectar a los infiltrados. Antes, apuntan, solían acceder al Ejército o a la Policía elementos “ya tocados por la insurgencia”. El asunto se ha complicado en la actualidad, pues el peligro es el del reclutamiento de elementos que ya han ingresado en las Fuerzas de Seguridad.

Además, aseguran, “no hace falta entrar en Ejército afgano para cometer una masacre sin que prácticamente puedas hacer nada por evitarlo”. Destaca la facilidad con la que los terroristas pueden hacerse con los trajes oficiales de Policía y Ejército. Se pueden comprar por relativamente poco dinero en los mercadillos que hay en cualquier localidad afgana.

De poco han servido extremar las medidas de seguridad, los controles y las investigaciones de los antecedentes de los aspirantes al Ejército afgano puestas en marcha tras el asesinato del capitán de la Guardia Civil José María Galera y el alférez Abraham Leoncio Bravo –además de su traductor- en agosto de 2010.

El atentado lo llevó a cabo Ghulam Sakhi, el chofer del jefe de Policía de Qala e Naw –que mantenía una relación cordial de amistad con los españoles, como se publicó en ECD-, la localidad española en la que los dos guardias civiles prestaban apoyo a las tareas de formación del Ejército afgano. Sakhi estaba vinculado con grupos talibanes de la zona, incluso había sido condenado por estos vínculos.

Pero aún así, no fue suficiente para rechazarle para el puesto que ocupaba. Desde ese momento, las autoridades competentes en materia de seguridad han extremado el celo con el que se evalúan a aquellos afganos que trabajan a diario con los militares españoles. Pero, “con las cifras en la mano, la situación no para de empeorar” aseguran a ECD fuentes militares.

EEUU crea un grupo especial ‘anti-infiltrados’

Estados Unidos es el país que más militares ha perdido en atentados perpetrados por infiltrados. Para reducir el riesgo, el Pentágono ha desplegado en Afganistán un grupo especial de 80 agentes para que evalúen minuciosamente los antecedentes de los aspirantes a una plaza de militar o policía.

Estos se han unido a los más de 200 que ya se ocupaban de estas tareas. Un número relativamente bajo si se tiene en cuenta que entre Policías, Fuerza Aérea y Ejército afgano suman más de 285.000 efectivos susceptibles de ser reclutados por talibanes.

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