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Defensa

Las raciones de combate de los soldados españoles son la envidia en la OTAN. Norteamericanos, franceses, alemanes… dispuestos a cambiar sus pertenencias por menús

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España es una auténtica potencia gastronómica incluso en el campo de batalla. Las raciones de combate del Ejército español son las más demandas entre los soldados extranjeros que comparten misión con las tropas nacionales, que incluso ofrecen trueques por efectos personales. Destacan la gran calidad de sus productos y la contundencia calórica. Aunque también hay pegas.

Son las más variadas, las más contundentes y las más sabrosas”. Es la opinión de un soldado, consultado por El Confidencial Digital, que ha comprobado personalmente en Afganistán y Líbano el éxito de la comida de combate española entre las tropas aliadas, tanto de la ISAF-OTAN como de la ONU.

Es uno más de los testimonios a los que ha tenido acceso este confidencial, que sitúan a las raciones de combate españolas como las mejores. Incluso hay quien recuerda episodios en los que soldados de otras nacionalidades han hecho trueque con efectos personales –puñales, insignias…- para hacerse con uno de los menús nacionales.

Una de estas raciones de combate contiene la carga calórica suficiente para un día. Los platos más demandados por los soldados son las judías con jamón, la ensalada de pasta y el magro de cerdo.

Suelen llevar, además del plato principal, un sobre de sopa, una lata de paté, otra de conservas –atún, caballa, sardinas-, postre –la ‘estrella’ son las peras en almibar- y el denominado ‘pan de galleta’, “que unas veces sabe a pan, otras a galleta, no está malo y encima te deja lleno” aseguran algunos militares.

Sin embargo, tienen ciertos inconvenientes que no suelen darse en las raciones de otros ejércitos. Estas son las principales que destacan los militares españoles:

--Son pesadas: No ocupan demasiado sitio, pero pesan lo suficiente como para ser una carga importante en maniobras de más de dos días. Las de otros países son más ligeras.

--Se tarda más tiempo en prepararlas. Algunas hay que hervirlas con agua, quemando una pastilla combustible que desprende un olor desagradable –que por otra parte, “no afecta al sabor de la comida”.

--Son engorrosas: No se pueden comer en marcha. Hay que pararse para cocinarlo. Las americanas, por ejemplo, pueden comerse mientras se va en un vehículo.

--Desprende mucho olor. Aunque huelan sabrosas, esto puede convertirse en un inconveniente, ya que puede delatar la posición del grupo en determinadas misiones.

--Genera muchos residuos: Latas, envoltorios…

--No dispone de líquidos: El resto de las raciones –americanas, francesas, alemanas, italianas…- incluyen algún tipo de bebida isotónica, y muchas también alguna infusión o café para la sobremesa. La española sólo incluye una pastilla potabilizadora. El soldado debe conseguir primero el agua y luego tratarla. Aseguran que en ocasiones el agua tiene “un ligero sabor a lejía”.

Aun así, las raciones de comida española de combate siguen siendo la ‘envidia’ de los soldados extranjeros y de aficionados campistas. Incluso han ‘ganado’ improvisados concursos culinarios organizados por soldados de distintas nacionalidades.

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