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Defensa

España está en el radio de acción del nuevo ‘Hwasong-15’

La devastación del misil nuclear de Corea del Norte en Madrid: 160.000 muertos al instante

Un investigador de Harvard ha creado un simulador que permite reproducir al detalle los efectos de la detonación de una bomba de hidrógeno. Calculamos los efectos calle a calle en Madrid y Barcelona

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Corea del Norte acaba de probar –con éxito- su último misil intercontinental. Un artefacto capaz de cargar una ojiva de 70 kilotones a unos 13.000 kilómetros de distancia. Conozca lo que pasaría en el caso –improbable- de que Pyongyang disparase un Hwasong-15 contra Madrid y este llegase a detonar en su objetivo.


Zona de destrucción prácticamente total, con tasas de mortalidad cercanas al 100%. Zona de destrucción prácticamente total, con tasas de mortalidad cercanas al 100%.

Desde la desintegración de la Unión Soviética, Corea del Norte ha buscado incesablemente entrar a formar parte del selecto club de potencias nucleares. Pese a las continuas crisis diplomáticas, sanciones y bloqueos económicos, el régimen de Pyongyang nunca ha dejado de progresar en su programa nuclear.

Esta semana, el régimen norcoreano anunciaba oficialmente estar en posesión de un misil intercontinental capaz de llegar hasta Washington y al corazón de Europa. El Hwasong-15 probado el pasado martes de madrugada cayó en una zona costera próxima a Japón, tras desplazarse 960 kilómetros y alcanzar una altitud máxima de 4.475 kilómetros.

Todo el hemisferio norte al alcance

Según diversas estimaciones de expertos, su trayectoria y altura de vuelo permiten calcular una aproximación de su alcance: unos 13.000 kilómetros. Lo suficiente como para tener a tiro a prácticamente todos sus enemigos. Principalmente Estados Unidos, pero también España.

Las posibilidades de que Corea del Norte dispare un misil con ojiva nuclear y que esta consiga detonar sobre una ciudad extranjera son remotas. En primer lugar porque un ataque nuclear supondría un movimiento suicida de Pyongyang, y segundo porque los avanzados sistemas de antimisiles que la OTAN tiene desplegados por todo el planeta podrían frenar el proyectil antes de su detonación.

Pero, salvando cualquiera de estas circunstancias, ¿qué pasaría si un misil norcoreano consiguiese saltarse todas esas protecciones y llegase a detonar sobre una ciudad? ¿Y si España fuese su objetivo? Una serie de herramientas informáticas permite simular con gran detalle las consecuencias de una explosión termonuclear sobre un núcleo de población concreto.

La destrucción en Madrid

Las herramientas Nukemap y Missilemap, creadas por Alex Wellerstein (físico experto en armas nucleares y doctor en historia de la ciencia por la universidad de Harvard) permiten calcular la trayectoria y la distancia recorrida de un misil, así como aproximar los daños que causará la detonación teniendo en cuenta la potencia nuclear de la ojiva. Los cálculos y consideraciones físicas en las que se basa el simulador están ámpliamente explicados por su autor en esta web.

El Confidencial Digital, utilizando estas herramientas, ha simulado el impacto de un misil Hwasong-15 sobre Madrid, Barcelona y las bases de Rota y Torrejón –como puntos estratégicos de la OTAN-. Se ha tomado la medida básica de 70 kilotones de la bomba de hidrógeno que Pyongyang probó a principios del pasado mes de septiembre. Se trata de la mayor que tiene Corea del Norte –al menos públicamente reconocida- y es cuatro veces más potente que la lanzada por Estados Unidos sobre Hiroshima en 1945.

El misil, según estos cálculos, saldría desde Corea del Norte hacia la estepa rusa. Tras atravesar los miles de kilómetros de territorio ruso, entraría en la Unión Europea por las repúblicas del Báltico, cruzaría toda Alemania y Francia transversalmente y entraría en la Península Ibérica por la zona de los Pirineos.

Simulación de la trayectoria del Hwasong-15. Simulación de la trayectoria del Hwasong-15.


160.000 muertos al instante

En caso de que su destino final fuese el centro de Madrid, situado geográficamente sobre la Puerta del Sol, las consecuencias de la explosión de la ojiva nuclear –siempre según el cálculo de estas herramientas, que no diferencian entre detonación en superficie y en atmósfera- serían devastadoras: 160.000 personas morirían instantáneamente, y 360.000 sufrirían heridas de consideración, y posiblemente fallecerían más tarde.

En un radio de 330 metros, delimitado por la Gran Vía y la plaza Jacinto Benavente, la destrucción sería total. Ningún edificio resistiría las presiones estimadas de 14 kilogramos por centímetro cuadrado.  Toda la materia ascendería rápidamente hacia la atmósfera formando el hongo nuclear. La Puerta del Sol, así como las calles adyacentes, quedarían convertidas en un cráter de 30 metros de profundidad.

La bola de fuego resultante de la explosión se extendería 100 metros más allá. Calcinaría por completo, de norte a sur, desde la calle Desengaño hasta la plaza Tirso de Molina. En una línea recta sobre Sol, las temperaturas podrían rondar el millón de grados centígrados.

Zona de destrucción prácticamente total, con tasas de mortalidad cercanas al 100%. Zona de destrucción prácticamente total, con tasas de mortalidad cercanas al 100%.

Destrucción casi total a un kilómetro de distancia

Fuera de la zona cero, en un radio de un kilómetro desde el epicentro de la explosión, los edificios más resistentes se mantendrían en pie pero sufrirían enormes daños. Desde la Almudena hasta el museo del Prado, y desde el barrio de Tribunal hasta el de Lavapiés. La tasa de mortalidad en esta zona se acercaría al 100%, pero no llegaría: podría haber supervivientes. Quemaduras de tercer grado –las más graves- generalizadas.

A partir de ese límite, el impacto de la explosión disminuye considerablemente. A dos kilómetros de distancia de la Puerta del Sol muchos edificios residenciales colapsarían o quedarían inutilizables, pero otros quedarían en pie.

 Todos los habitantes de esta zona, según las estimaciones de la simulación, sufrirían heridas de mayor o menor consideración. La tasa de mortalidad también sería alta. Esta zona comprendería un área entre el parque del Retiro y el Palacio Real, incluyendo gran parte del barrio de Chamberí y toda la zona al sur de Embajadores, hasta el límite del nuevo Madrid Río. Entre los supervivientes, todos habrán recibido una dosis de radiación suficiente como para resultar letal en las siguientes semanas. Con o sin cuidados médicos.

Zona de alta destrucción, posibilidad de sobrevivir. Altísima tasas de heridos por quemaduras de tercer grado. Zona de alta destrucción, posibilidad de sobrevivir. Altísima tasas de heridos por quemaduras de tercer grado.

Todas las ventanas a cuatro kilómetros, rotas

El último círculo concéntrico contendría una extensión de 51 kilómetros cuadrados. A unos cuatro kilómetros de distancia de la Puerta del Sol, la onda expansiva rompería todas las ventanas. Según la simulación, en esta área muchos de los heridos se producirían por acercarse a las ventanas a mirar la intensa luz producida por la explosión. Los viandantes caerían al suelo por la onda de choque, que puede producir hemorragias internas graves -y letales-.

La herramienta también permite calcular la destrucción de lugares de interés: desaparecerían 23 hospitales o centros sanitarios, 2 estaciones de bomberos, 203 colegios e institutos y 165 grandes centros de trabajo.

Zona de impacto de la onda expansiva, rotura de ventanas. Zona de impacto de la onda expansiva, rotura de ventanas.


Vientos radiactivos hasta Segovia y Toledo

Este sistema también permite calcular los vientos radiactivos, es decir, las partículas e isótopos letales que pueden viajar cientos de kilómetros empujados por el viento. Calculado a 8 kilómetros por hora, la velocidad media registrada en la capital en el día de ayer, los vientos radiactivos más peligrosos –y potencialmente letales- cubrirían un área entre Alcobendas y El Molar (en la sierra madrileña).

Dependiendo de la dirección e intensidad del viento, podría cubrir toda la Comunidad de Madrid. Sus efectos: convertir toda la zona en inhábil para la agricultura y provocar la muerte de la vida animal. Los efectos sobre la salud de las personas no podrían comprobarse hasta pasados varios años.

Ciudades cercanas a Madrid como Segovia, Ávila, Guadalajara o Toledo sufrirían la llegada de partículas radiactivas arrastradas por el viento. Si las condiciones meteorológicas fuesen aún peores, la nube radiactiva podría cruzar toda la Península.

Otros objetivos en España

¿Y si el objetivo fuese militar? En el remoto caso de que Corea del Norte acatase algunas de las instalaciones más estratégicas de España, la destrucción de estas sería total.

La base de Rota, por ejemplo, cuartel general del Escudo Antimisiles de Estados Unidos y una de las bases con mayor proyección mundial para el Pentágono, quedaría prácticamente inutilizable.

La explosión de 70 kilotones sobre la pista de aterrizaje de la base destruiría buena parte de esta. La onda expansiva dañaría seriamente los muelles navales. La localidad de Rota quedaría relativamente fuera del radio de destrucción, aunque sufriría graves daños.

Otro de los posibles objetivos podría ser la base aérea de Torrejón de Ardoz, sede del Centro de Operaciones Aéreas Combinada de la OTAN que protege el tráfico aéreo  en todo el sur de Europa.

La destrucción en este caso sería similar a la de Rota. Buena parte de las instalaciones quedaría arrasada, con daños significativos en la zona de pistas. El área de destrucción total no alcanzaría a la población de Torrejón de Ardóz, pero al igual que Rota sufriría graves daños y vientos radiactivos.

Barcelona, más letal que en Madrid

En caso de producirse en Barcelona, el sistema calcula una tasa de mortalidad mayor que la de Madrid. 190.000 personas morirían al instante, dejando algo más de 300.000 heridos graves.  Si la zona cero se colocase en la Plaza de Catalunya, zonas como el Eixample, El Raval o la mitad de Via Laietana quedarían completamente destruidas. Desde Vila de Gràcia hasta el paseo marítimo la destrucción sería elevada. Desde Hospitalet hasta el norte de la Diagonal no quedarían ventanas en pie. 


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