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Defensa

Los militares españoles están más preocupados por la policía afgana que por los talibanes: la muerte de seis americanos repite el esquema del asesinato de los dos guardias civiles

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Militares españoles que han servido recientemente en Afganistán confiesan el clima de “desconfianza” que existe desde el pasado agosto en sus relaciones con la policía afgana. Los episodios de infiltración siguen siendo la principal preocupación. Episodios como el reciente atentado contra seis soldados estadounidenses por un agente doble talibán.

El Confidencial Digital ha tenido acceso al testimonio de varios militares que han estado destinados hasta hace poco en el contingente español desplegado en Afganistán. Y el retrato que hacen de la situación actual es preocupante.

Estas voces le cuentan a ECD que el punto de inflexión en la relación con la policía afgana coincidió con el atentado que costó la vida a dos guardias civiles y un traductor de nacionalidad española. Las tres bajas fueron provocadas por el ataque de un agente infiltrado con acreditación para estar en el interior de la base.

Este ataque fue similar al ocurrido esta misma semana en Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán. Seis soldados norteamericanos fueron abatidos por los disparos de una persona con uniforme de la Policía. Pese a que no se ha confirmado si pertenecía o no al cuerpo, lo cierto es que el agente doble se encontraba en una base de entrenamiento, por lo que tenía acceso a ella.

La principal amenaza, dicen, radica en la policía afgana. Los talibanes siguen siendo la primera preocupación, pero en los últimos meses la insurgencia se ha mostrado bastante “inactiva” en la zona, salvo pequeñas escaramuzas y ataques desde la lejanía. Son “los agentes afganos los que tienen acceso a las bases, donde la seguridad está más relajada”.

Corrillos y miradas incomodas

Los militares consultados confirman que es habitual ver corrillos de personal de la policía afganos que “cuchichean y callan al paso” de los españoles.

Eso, junto a algunas “miradas incomodas”, contribuye al clima de desconfianza entre militares y policías. Sensación constante de “sentirse observados”.

‘Ojo’ al armamento descuidado

Las órdenes son claras: ningún arma descuidada. Que no se deje nada abandonado. Cada soldado es responsable de su propio fusil y pistola. Nada puede quedar al alcance de ningún agente afgano.

A partir de ahora, obligatorio patrullar con fusil y pistola –en esto último, hasta ahora se hacía la vista gorda porque a algunos les resultaba “incomodo”-

Cero informaciones sobre patrullas y ejercicios

Aparte del intento de infiltración de individuos que buscan cometer atentados, los españoles son conscientes de que algunos empleados civiles “se chivan de todo lo que ven y oyen”.

Hay que cuidar con celo cualquier tipo de información sobre patrullas, rutas, ejercicios, operaciones o previsiones. Las fugas de información están a la orden del día allí donde haya personal afgano.

Más difícil entrar en la policía

Para entrar tanto en la policía como en el ejército afgano –e incluso como trabajador civil de la ISAF-, ahora hay que pasar un proceso de selección “más duro”. Si el aspirante tiene algún tipo de antecedentes o alguna conexión con elementos radicales se desecha su solicitud.

Antes era necesario reclutar a “cuantos más mejor”. Ahora hay más reservas. Se sigue al pie de la letra el protocolo impuesto por la OTAN para evitar infiltrados en las contrataciones.

Sin embargo, cuentan estos militares que resulta “muy complicado” descubrir si un agente “se ha vendido una vez dentro”. Las familias de los policías suelen recibir amenazas de radicales.

Delaciones falsas

Son preocupantes porque distraen la atención sobre posibles casos reales de infiltración. “Se han dado episodios de agentes que se delatan mutuamente como ‘infiltrados’, cuando son sólo rencillas y ajustes de cuentas internos”.

La corrupción de la Policía es “muy abundante”. No se han ganado el respeto de la población civil. Tienen “negocios” al margen de su trabajo. El sueldo de un policía es de los más altos del país, pero la posición social es la que abre la puerta a otras “oportunidades”.

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