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Los expertos (Barea, Guillén) opinan que la constitucionalización del déficit tendría que haber calmado a los mercados. El problema es que Europa no está gobernada

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La constitucionalización del límite de déficit público aprobada en España es un gesto muy importante, que tendría que haber calmado a los mercados, en opinión de expertos economistas. Consideran que no se ha logrado porque la percepción es que Europa no está gobernada.

Estos analistas destacan que la decisión de incluir dicho límite en la Constitución española constituye un mensaje y compromiso de estabilidad presupuestaria del máximo rango. Otra cosa es no haber cerrado con una ley orgánica urgente su definición y entrada en vigor.

Por ahí vienen los nervios de los mercados, excitados los últimos días por la falta de liderazgo en Europa y la crisis griega.

José Barea, catedrático excedente de la Universidad Autónoma ex jefe de la Oficina Económica de la Moncloa cree que es mejor “tenerlo puesto en la Constitución que nada, incluso con defectos formales de definición y plazos, que son incertidumbres para la velocidad a la que deciden los mercados”. 

El ex asesor de Aznar, con larga experiencia en atajar déficits (él colaboró en cuadrar las cuentas para entrar en el euro) recuerda, que el dinero es temeroso y muy desconfiado, acumula mucha información, escucha a los políticos (no siempre prudentes), y necesita “contundencia en los mensajes” para curarles esa excitación.

Coincide con Felipe González en su metáfora de que los mercados son una liebre que se escapa a los políticos por velocidad. Barea recuerda que a las liebres se las caza con atajos en su dirección. Una metáfora de la gobernanza del euro, contundencia y liderazgo europeos para referirse al atajo que necesitan los mercados. A veces las cosas se tienen que “poner muy mal para que se arreglen”. Europa nació así y así sigue.

También valora positivamente la reforma constitucional el profesor Mauro Guillén, de la Wharthon School de Pennsylvania. La considera una medida en la buena dirección, aunque habría sido mejor si el apoyo hubiera venido de todos los grupos parlamentarios.

No obstante, la moderación en la aplicación de la reforma es clave para no atar de pies y manos al país. “Me parece bien, siempre que se puedan hacer excepciones en tiempos de recesión económica”. O lo que es lo mismo, matiza Guillén, “que se pueda cumplir con ese requisito (límite al déficit) a lo largo de varios ejercicios”. Si se hace de ese modo la medida es adecuada.

No se desvían estas afirmaciones de otras en línea positiva como la del profesor Garicano, de la London School of Economics, que ha saludado la reforma como algo parecido a una barrera al rescate, y otros muchos de variadas escuelas (Salas y Martí entre otros), que por una vez felicitan a los políticos por haber dejado abierta la puerta a aplicar la reforma con flexibilidad durante un ciclo recesivo.

Barea recuerda que de las crisis se sale con “el sufrimiento de la población”, y en España tenemos experiencia de crisis de años, a veces cuatro y cinco, como para no tener cuidado con las reformas, que afectan a las clases medias y bajas sobre todo.

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