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Dinero

Preocupa el impacto en la economía de los españoles

Pánico en el Gobierno: la crisis de la luz durará un año

El precio se mantendrá alto porque Francia ha comunicado que sus nucleares seguirán paralizadas en los próximos doce meses. Moncloa se reserva la toma de decisiones

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El Gobierno acaba de recibir información que confirma el peor escenario posible para los españoles durante los próximos meses por la escalada del precio de la luz. La alarma por los máximos históricos que se están registrando estos días se ha incrementado en Moncloa. Francia acaba de confirmar que el apagón de sus nucleares va para largo.


Mariano Rajoy y Álvaro Nadal. Mariano Rajoy y Álvaro Nadal.

Según reconocen a El Confidencial Digital fuentes de la cúpula económica del Gobierno, la situación ha sido calificada ya internamente de “inquietante”. La situación es más grave de lo que ha trascendido por la coyuntura que atraviesa Francia y nuestra relación energética con el país vecino.

Desde hace unas semanas, España está vendiendo más energía de la que le compra. Es un escenario “absolutamente anómalo”, que está siendo en parte responsable de que los costes eléctricos se estén disparando en las últimas semanas.

La razón de este cambio es que la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) de Francia inició, el pasado mes de octubre, un programa de revisión de sus centrales atómicas.

El temor a una sobrecarga en los generadores de vapor de los reactores ha aconsejado que casi la mitad de las 58 centrales nucleares activas de Francia dejen de estar a pleno rendimiento. Desde el otoño combinan los momentos de producción con paradas.

Moncloa coordina la gestión de la crisis de la luz

En octubre, las autoridades galas hablaron de varios meses de paralización. Ahora, según ha podido saber ECD por fuentes próximas a la Oficina Económica de Presidencia, Francia acaba de confirmar oficiosamente al Gobierno el peor escenario.

La revisión técnica de las plantas se extenderá, con toda seguridad, lo que resta de este año que acaba de comenzar. Es decir, no habrá nucleares en Francia durante un plazo todavía prolongando de tiempo, de casi doce meses.

Una circunstancia que ha sembrado, entre los altos cargos responsables de la política económica en Moncloa, la incertidumbre. Hay dudas sobre el incremento que pueda sufrir el coste del recibo de la luz en los próximos meses.

Esta advertencia por parte del Gobierno francés ha sido definitiva. El equipo económico más próximo a Mariano Rajoy, entre el que se encuentra el ministro del ramo, Álvaro Nadal, ha decidido asumir la coordinación de la gestión de esta crisis. A partir de ahora esta cuestión no queda solamente en manos del Ministerio de Energía. La unidad de mensaje en este asunto sensible resulta, más que nunca, vital.

Avances meteorológicos urgentes a la AEMET

El Gobierno se ha puesto manos a la obra. Es preciso encontrar soluciones. Y la salida puede estar en las energías renovables. Sin embargo, la ausencia de lluvia y viento mantiene al ralentí la producción hidráulica y eólica. Otro problema.

Por ello, la Oficina Económica de Presidencia ha solicitado informes urgentes a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). El objetivo es conocer la evolución de las lluvias y el viento a corto y medio plazo para anticipar medidas extraordinarias que frenen la escalada de precios que se avecina.

Se busca dar una respuesta inmediata a un “problema nacional” –así se ha comenzado a denominar ya en Moncloa”- con altas posibilidades de agravarse conforme avance el año.

También se persigue “evitar las acusaciones de falta de previsión por parte de los partidos de la oposición a un Gobierno en minoría y vigilado con lupa”, reconocen fuentes próximas al ministro Nadal.

Pues bien. Los datos climatológicos adelantados que se han recibido no han contribuido precisamente a rebajar la inquietud. No hay garantías suficientes de que la primavera vaya a ser lluviosa, como la del año pasado, cuando se registró el mayor volumen de precipitaciones de las tres últimas décadas.

Esto va a provocar un contraste llamativo. De confirmarse estas previsiones, los recibos de este año podrán llegar a ser un 50% más caros que en la misma estación del año anterior. Preocupa también cómo explicar este desfase a los consumidores.

Evitar una dependencia absoluta del gas de Argelia

La falta de viento y lluvia reduce el peso en el mercado de las renovables y fuerza la entrada de los ciclos combinados de gas a un precio más caro. Es el escenario alternativo que el Gobierno trata evitar a toda costa: tener que recurrir de manera prolongada a las centrales de ciclo combinado consumidoras de gas. Unas instalaciones que se encuentran inactivas la mayor parte del año, precisamente por el precio no competitivo de la energía que producen.

Esta solución tiene otra derivada: obliga a contar con Argelia, el principal proveedor de gas de España. Pero como ha ocurrido ya en circunstancias similares, el país africano trata de sacar ventaja de las olas de frío en Europa.

Vende su gas en el mercado y en ocasiones rebaja el suministro pese a los compromisos adquiridos. En estos casos argumenta “problemas técnicos con el tubo” pero el fondo de la cuestión es una maniobra para encarecer el precio.

El recibo subirá 100 euros de media este año

En el sector no se pasa por alto que Álvaro Nadal no ha desvelado todo el problema en sus comparecencias públicas. Sólo ha dado una pista del panorama desalentador que van a tener que afrontar los consumidores a lo largo de este año. Ha optado por la prudencia, explican los analistas.

La advertencia de que, a los precios actuales, el recibo de la luz se va a encarecer unos 100 euros este año sería –añaden- un aviso a navegantes: es una pista de por dónde van a ir las cosas.

Por lo pronto, el precio de la luz volverá a alcanzar este miércoles cotas desconocidas desde diciembre de 2013. El coste de un megavatio hora (MWh) se situará en el conjunto del día en 91,8 euros, rompiendo a última hora de la tarde la barrera psicológica de los 100 euros y situándose en 101,9 euros.

Este incremento tendrá un impacto directo de aquellos consumidores que estén acogidos al Precio Voluntario del Pequeño Consumidor, la antigua tarifa regulada. El coste mayorista de la energía tiene un peso aproximado en el recibo del 35%, mientras que el resto son peajes e impuestos que permanecen congelados.

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