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Las empresas se cuidan a la hora de fichar a directivos y contratan a detectives privados para que elaboren informes confidenciales sobre el candidato

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Antes de contratar a una secretaria de dirección o a un directivo con grandes responsabilidades, las empresas españolas se cubren las espaldas: encargan seguimientos, informes de conducta, cláusulas de confidencialidad y comprobaciones de posibles adicciones de los candidatos.

Según ha podido saber El Confidencial Digital, “con la que está cayendo, las empresas cada vez se cuidan más a la hora de hacer fichajes para puestos de importancia”. En este sentido, algunas empresas de referencia en España toman algunas medidas antes de contratar o ascender a alguien a puestos de responsabilidad.

 

Según fuentes solventes consultadas por ECD se trata de “prevenir antes que curar”. Los empresarios nacionales respaldan este refrán popular y explican que contratar a detectives e investigadores privados para obtener informes preliminares antes de decidirse por un candidato u otro de cara a puestos de gran responsabilidad, “es algo común”.

Así lo constatan varios profesionales de la investigación privada consultados sobre el tema: “Con la crisis, la gente está nerviosa y necesita saber, aún más que antes, que puede confiar en su equipo más cercano”.

Para obtener ciertas garantías de confianza, son muchas las empresas de referencia que han recabado información sobre nuevos fichajes: primeros directivos, ejecutivos para puestos de riesgo o clave en la estrategia corporativa, secretarias de dirección y asistentes personales de los máximos responsables de la compañías son los casos más frecuentes, apuntan estas fuentes.

Se trata de descubrir si estos empleados o futuros trabajadores tienen ‘antecedentes’ en el manejo de información confidencial o vital para el desarrollo empresarial de la firma que les contrata y si tienen algún tipo de debilidad que les haga vulnerables a “chivatazos, temas protegidos por la legislación de propiedad intelectual o escapes de información restringida”.

Además, intentan adelantarse a estas debilidades, comprobando datos médicos, informes de anteriores empleadores o identificando rencillas personales o familiares que puedan afectar a estos trabajadores en el futuro.

“Lo que más no piden es que nos aseguremos de que no tienen problemas con el juego o el alcohol”, dificultades conyugales o relaciones extramatrimoniales, ya que son este tipo de factores los que más riesgo suponen para el empresario que los contrata. “Son pieza fácil para chantajistas y extorsionadores”, amplían.

A medida que se ha ido acrecentando la crisis económica y de confianza, también se multiplican las exigencias de confidencialidad, “incluso para después de irse del trabajo”, indican desde círculos legales y jurídicos. El objetivo de estos compromisos es evitar en la medida de lo posible el espionaje industrial o la competencia desleal.

No obstante, “hay muchos que cuando se van de la empresa, hacen caso omiso de las restricciones informativas que habían aceptado en su anterior puesto de trabajo”, reconocen varios abogados especializados en la materia.

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