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Así afecta al bienestar mental vivir bajo amenaza terrorista

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Tras los ataques terroristas de Túnez y París, España activó el nivel de alerta cuatro. Una cota que lleva activa desde finales del mes de junio y que tras los atentados del 13 de noviembre en París parece que se prolongarán durante más meses. Sin embargo, vivir bajo esta amenaza puede suponer riesgos en nuestro bienestar mental.

Soldados belgas hacen guardia durante el máximo nivel de alerta en Bruselas. Soldados belgas hacen guardia durante el máximo nivel de alerta en Bruselas.

Según explica Dña. María del Carmen González García, miembro de Saluspot y psicóloga en el Centro de Psicología María del Carmen González García a La Buena Vida, los principales problemas que desarrollan las personas que han sufrido un atentado terrorista son depresión, ansiedad, ira, ataques de pánico, conductas evitativas y, sobre todo estrés postraumático.

Además, según los estudios realizados estos trastornos interfieren en la vida diaria de las personas. Por ello, afectan a sus relaciones familiares y de pareja, así como a su vida social y laboral. Por otro lado, se han de tener presentes las posibles secuelas físicas, además de las psicológicas que suelen quedar en las víctimas de un acto terrorista.

Aquellos que han vivido un atentado y han sufrido una lesión o tienen secuelas físicas, las mantendrán el resto de su vida, por lo que verlas diariamente puede suponer daños a su salud mental.

Por ello, es absolutamente necesario hacer una intervención temprana mediante primeros auxilios psicológicos en los momentos inmediatamente posteriores al atentado. Esto suele llevarse a cabo por especialistas en intervención de crisis, catástrofes y emergencias. Esta intervención temprana funcionará tanto en preventivo como en el desarrollo de un trastorno de estrés postraumático; si no se evita, sí pueden mermarse sus consecuencias futuras.

Cómo reacciona nuestro cuerpo ante estas situaciones

Nuestro cuerpo está preparado para vivir una situación de alerta, dado que es adaptativo y por esta cualidad ha salvado a la humanidad en muchas circunstancias. Para detectar que una persona está en alerta, se han de observar sus pupilas: estás se dilatarán. Por otro lado, aunque esto se perciba sólo internamente, aumentará la sudoración, se reducirá la producción de saliva, se contraerán las venas, el corazón latirá con fuerza y los pulmones automáticamente dilatarán los bronquios, con el fin de proveer de oxígeno extra a nuestro organismo.

Todas estas respuestas físicas automáticas provocarán que todo nuestro cuerpo se ponga en alerta.

Estas reacciones son las que hacen posible que estemos preparados para usar todos nuestros recursos con el fin de resolver la situación que se nos plantea: defendernos o huir, por ejemplo.

Esta circunstancia suele ser puntual. Sin embargo, en un momento como ahora en que nuestro país acumula ya cinco meses en alerta terrorista cuatro, de cinco niveles posibles, cuando la activación puede producirse de manera constante, nuestro cuerpo acaba agotándose. Esto se debe a que nuestro organismo se encuentra en una situación excepcional en la que todos los recursos que nos facilita están concentrados en una situación crítica, desatendiendo otras funciones del cuerpo.

Esta respuesta de ansiedad prolongada en el tiempo nos hace enfermar, por lo que nuestra salud mental y física se verá mermada ante una situación de alerta continuada.

Soluciones psicológicas para este tipo de problemas

-- Terapia cognitiva

Entre las opciones más adecuadas, se encuentra esta terapia, desde la que se ayuda a comprender y cambiar la forma de pensar sobre el acto terrorista y sus consecuencias, sean las que sean. A través de estas sesiones, el paciente llega a entender cómo los pensamientos acerca del hecho ocurrido causan estrés y hacen que su estado de salud mental empeore.

El objetivo de esta terapia es aprender a remplazar esos pensamientos por otros menos dolorosos y estresantes. Así, aunque el nivel de alerta terrorista permanezca en cómo está ahora, la tensión a la que se encuentra nuestro cuerpo se verá reducida.

Ayudará además a aprender a manejar sentimientos como la ira, la culpa y el miedo, lo que mejorará nuestra actitud ante el riesgo de atentado.

-- EMDR

Esta terapia se traduce en desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares.  Es una técnica empleada para el tratamiento de traumas psicológicos de manera natural.

Es un método del que también se obtienen buenos resultados y es novedosa en este campo del tratamiento del estrés postraumático en víctimas del terrorismo.

Al igual que otros tipos de terapia, ayuda a cambiar la forma en que reaccionamos a los recuerdos traumáticos.

Para ello, se emplea la estimulación bilateral, que facilita la conexión entre dos hemisferios cerebrales, de forma que se logra procesar la información y la disminución de carga emocional.

La meta de esta terapia es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático, llevándolo a una “resolución adaptativa”.

Sin embargo, y a pesar de que en sus orígenes fuera adaptada a movimientos oculares, María del Carmen González García aclara a La Buena Vida que puede ser:

-- Visual, donde el paciente mueve los ojos de un lado a otro siendo guiado por el especialista.

-- Auditiva: en este caso el psicólogo expone al paciente a la escucha de sonidos alternados en ambos oídos.

-- Kinestésica: en este caso, el paciente se verá golpeado suavemente por el terapeuta de forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente.

Tras estas prácticas, el paciente notará como se reducen sus síntomas al producirse, en primer lugar, un cambio en las creencias. Además, gracias a este tratamiento el paciente tendrá la posibilidad de trabajar mejor en la vida cotidiana. El especialista aconsejará también al paciente para no vivir con miedo.

Aunque los miedos no sean infundados, tanto si hemos vivido un ataque terrorista como si hay riesgo de sufrirlo. Sin embargo, hemos de tratar de focalizarnos en lo positivo que tenemos, pensar en lo efímero de nuestra vida y que no podemos vivirla con miedo.

Otra actividad positiva que se puede llevar a cabo sin necesidad de acudir a terapia es hablar con otras personas sobre nuestros miedos. Éstas pueden ayudarnos a gestionarlos sin que nos hagan daño. 

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