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La Mirada Crítica

Crisis y siniestralidad. Un mal maridaje

Uno de los muchos daños colaterales de la crisis económica es su aportación a la siniestralidad en la carretera.

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Cuando la economía familiar se resiente, el mantenimiento del automóvil pasa a un segundo o tercer plano. Además, la preocupación por llegar a fin de mes no es un buen compañero de viaje para el conductor, sobre todo para el profesional.

Crisis y siniestralidad. Un mal maridaje Crisis y siniestralidad. Un mal maridaje

Manuel Reyes

Si bien es cierto que la crisis económica poco a poco va remitiendo, no menos cierto es que hay muchos millones de ciudadanos con sueldos bastante precarios. Automovilísticamente hablando la repercusión directa es que el parque español es muy antiguo.

Las estadísticas no mienten, aunque siempre habrá alguien que las manipule o las prostituya. A pesar de los sucesivos planes PIVE y del progresivo aumento en las ventas de vehículos, no se termina de alcanzar la velocidad de crucero necesaria para rejuvenecer el parque de vehículos en España dentro de unos límites razonables.

Según ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones), en 2003 la antigüedad media rondaba los 7,7 años, cifra que se incrementó hasta los 11 años en 2013.

Circular con un automóvil viejo es mucho menos seguro, además de contaminar más. Lo reconoce hasta la propia DGT, ¡qué cosas! La Dirección General de Tráfico afirma que una de las razones del incremento de la siniestralidad en las carreteras es el envejecimiento del parque.

Asimismo asevera que los accidentes con víctimas han tenido como protagonistas a vehículos con una antigüedad media de 13,6 años. Blanco y en botella.

Simplemente basta con observar cómo ha quedado un vehículo nuevo tras un aparatoso accidente en cualquier taller o desguace. Dentro de ese amasijo de hierros arrugados con los airbag desplegados hay millones de horas de estudio y miles de pruebas realizadas por los fabricantes para proteger a los ocupantes.

Lo curioso es que, el comentario sea que no ha habido víctimas mortales, y más todavía que sus ocupantes hayan salido ilesos o a  lo sumo con algunos rasguños y contusiones. El mismo accidente con otro coche más viejo, sin los dispositivos de seguridad que hoy se incorporan, a buen seguro que hubiera resultado mortal para alguno de sus pasajeros o, a veces lo que es peor, producido gravísimas heridas de las que dejan huella toda la vida.

Desgraciadamente esta es una de las trágicas consecuencias de la crisis, de la que todavía no se ha salido.

Pero aparte de lo saludable que resulta comprar un coche nuevo, aunque simple y llanamente se hiciera por motivos de seguridad, de paso se dulcifican las estadísticas en lo concerniente a la vejez del parque. Ahora bien, cuando los recursos económicos escasean, la compra de un automóvil se pospone. No queda más remedio que seguir con el modelo viejo, que bien mantenido puede cumplir con bastante dignidad su función.

Lo malo del asunto es que los recortes también llegan al mantenimiento, y una vez más los neumáticos pasan a ser los grandes olvidados.

Contrasta la obsesión de la DGT (Dirección General de Tráfico) por las campañas del uso del cinturón de seguridad, cuestión que resulta muy saludable, y la relativa tibieza por insistir más con el estado de los neumáticos.

Lo paradójico es que el cinturón salva la vida en caso de que se produzca un accidente, mientras que un neumático en buen estado, con la presión correcta y con la preceptiva profundidad del dibujo contribuye a circular con seguridad, evitando desgraciados accidentes.

Resulta evidente lo que confirman los hechos. Las tecnologías en materia de seguridad que incorporan los automóviles nuevos inciden de forma muy directa en la drástica rebaja de los accidentes de tráfico y en minimizar sus consecuencias.

Casi 28 millones de vehículos de todo tipo componen el parque español, de los que un 80 por ciento son turismos. Con una edad media próxima a los 12 años, alguien tendrá que encontrar la fórmula de cómo rejuvenecer este parque. Además de planes PIVE e incentivos de las marcas, habrá que buscar dentro de esta fórmula el ingrediente principal. Un ingrediente que bien pudiera ser unos salarios más dignos.  


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