Felipe VI se reencuentra por segunda vez con Carmen Iglesias, su mentora, en una semana marcada por la emoción y la memoria

El rey protagoniza un abrazo cargado de afecto con su antigua preceptora durante una audiencia en La Zarzuela junto a la reina Letizia y la infanta Sofía

Felipe VI con su mentora, Carmen Iglesias.

En menos de una semana, el rey Felipe VI ha coincidido dos veces con una figura clave en su vida: Carmen Iglesias, académica, historiadora y preceptora suya durante los años de formación como heredero al trono. 

El último reencuentro tuvo lugar el martes, en el Palacio de La Zarzuela, durante la audiencia al Patronato de la Fundación Comité Español de los Colegios del Mundo Unido, que el rey presidió acudió junto a la reina Letizia y la infanta Sofía

Felipe VI le sonrió en el momento en que se dio cuenta que aparecía ella en la sala para darle un caluroso saludo, no sin antes el aviso de la reina con un amable “cuidado” mientras Iglesias se acercaba a su ex alumno a saludarle. 

Sin embargo, fue en una cita anterior, también celebrada en La Zarzuela, donde se vivió el momento más emotivo: un abrazo espontáneo y afectuoso entre el rey y Carmen Iglesias, tras la audiencia a una representación de la Real Academia de la Historia, institución que ella preside, y que presentó en ese encuentro la obra conmemorativa Felipe VI. Perfiles de un decenio (2014-2024).

Rompiendo la formalidad

Al margen del protocolo habitual, Felipe VI rompió la formalidad con un gesto natural y sincero hacia quien, más que una profesora, fue guía intelectual y referente emocional en una etapa decisiva de su vida.

 

Iglesias, de 83 años, acompañó al entonces príncipe de Asturias durante los años finales de la década de los 80 y buena parte de los 90, enseñándole Historia Moderna y Filosofía Política, pero también ofreciéndole una presencia cercana y estable en su formación.

Un gesto más

Quienes conocen de cerca esta relación aseguran que el vínculo entre ambos va más allá del aula. Iglesias ejerció una influencia profunda, tanto en el pensamiento como en el carácter del futuro monarca, ganándose su respeto y afecto duraderos.

Al finalizar el acto, ya en el momento de la tradicional foto de familia, el rey Felipe ofreció el brazo a su mentora para ayudarle a subir las escaleras y entrar de nuevo en el interior de Palacio bajo la atenta mirada del resto de invitados del Patronato, en una imagen cargada de ternura, respeto y memoria compartida. Un gesto sencillo pero elocuente, que evidencia la huella imborrable que algunas personas dejan en quienes están destinados a liderar.