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El Chivato

Los Polanco empiezan a hablar en público de la ‘traición’ de Juan Luis Cebrián: les ha arrebatado El País

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Bajan revueltas las aguas en el interior del Grupo Prisa. Y no sólo por los negativos resultados difundidos este martes. La compañía acabó 2011 con 451 millones de pérdidas por el hundimiento de Portugal, los costes de su reestructuración y la caída del mercado de radio y prensa.

Le cuentan, además, a El Chivato, que Ignacio y Manuel Polanco están muy molestos. Y comienzan a verbalizar su descontento, que tiene nombre y apellidos: Juan Luis Cebrián.

Los hijos del fundador de la compañía, Jesús Polanco, consideran que Cebrián se ha convertido en el auténtico amo del grupo. La salida de los dos sobrinos fue importante en esta operación. La marcha de Javier Díez de Polanco ha sido clave, explican, porque actuaba de contrapeso. Papel que también ejercía, pero en menor medida, Jaime Polanco.

De hecho, ellos dos fueron los primeros damnificados de la reestructuración diseñada por el consejero delegado. Ahora, Cebrián tiene vía libre.

El análisis que hacen los herederos es demoledor: Ignacio se considera aparcado, y Manuel explica que anda siempre entretenido en asuntos menores, enredado en mil menudencias, que dejan a Cebrián despejado el camino para mandar a sus anchas.

Además está lo del dinero. Cebrián tiene una remuneración descomunal, explican. La cifra se conoció este mismo martes: 8,2 millones de euros, sólo el año pasado. Y ellos han perdido el control de la propiedad.

Así que la ‘pregunta del millón’ que todos se hacían en la compañía ya tiene respuesta: ¿El sucesor de Cebrián? Juan Luis Cebrián.

El Chivato ha podido constatar que, tímidamente, los Polanco comienzan a verbalizar lo que sienten: han sido traicionados. El diario El País y la Cadena SER están devaluados, ambos medios han perdido prestigio y capacidad de influencia social y, encima, ellos han perdido el control.

Los hermanos no rehúyen la autocrítica: lo dejaron todo en sus manos, quizás de forma excesiva, y han pagado cara su debilidad de carácter y su fragilidad.

El diagnóstico no puede ser más pesimista sobre el futuro. Ahora, con Alfredo Pérez Rubalcaba en la secretaría general del PSOE, va a ser tremendo: Cebrián quiere mandar más aún.

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