Sábado 16/12/2017. Actualizado 10:40h

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El Chivato

Terremotos en el sector del aceite: peleas de los grandes granelistas, venta de marcas, y la presencia de las cajas en el accionariado de Sos-Cuétara

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El sector español del aceite está sobre ascuas desde hace ya tiempo, por las actuaciones de algunos grandes granelistas, los movimientos de firmas conocidas, pero también por lo incomodidad que ahora sienten las cajas viéndose accionistas de algunas de esas empresas.

Esto es lo que ha escuchado El Chivato en el mundo del aceite:

Sobre las cajas, se recuerda que el hombre fuerte de la Junta de Andalucía, Gaspar Zarrías, gran muñidor en la sombra, animó en su día a las cajas andaluzas a que invirtieran en firmas como Sos-Cuétara, de la familia Salazar. Lo hicieron, en efecto, entidades del sur, pero también Caja Madrid, que recientemente destinó 160 millones de euros a comprar el 10 por ciento.

Cuando las cosas empezaron a ponerse mal, Zarrías hizo llegar a Unicaja, Cajasur y alguna otra con menor porcentaje de acciones, que sería “muy mal visto” que vendieran sus acciones. Cajasur hizo un amago este verano. Entonces, las acciones estaban a más de 11 euros. En el caso de Caja Madrid, compró a más de 9,25 euros, mientras ahora se sitúan escasamente por encima de 4. Una inversión que se ha convertido en una pesadilla.

Sos-Cuétara está en un momento crítico: pierde casi un 50 por ciento de capitalización en bolsa. Un problema añadido es que se han ejecutado garantías de créditos personales avalados con títulos de Sos. En Cajamadrid-Bolsa no se explican la inversión en la empresa de los Salazar. Sergio Ruiz ha dicho que, mientras que no se ofrezca una explicación clara, el mercado seguirá dudando.

Mientras, Hojiblanca sigue enzarzada en la pelea con Mercadona, pero resulta que Sovena, el socio (interproveedor) de Mercadona para el sector de aceites de oliva y de semillas dice que el 90 por ciento de su aceite es de cooperativas de Andalucía y especialmente de Jaén. Hojiblanca habla bien de los cooperativistas de Jaén, pero sus socios son de Córdoba, Sevilla o Málaga en su mayoría.

Hojiblanca abastece de aceite a Sos, que sí sabe comercializar bien. La cooperativa parece que no acaba de fiarse de Sos-Cuétara, y lo cierto es que ambas pasan del amor al odio de forma imprevista.

Algo semejante ocurre entre los grandes granelistas de España, cuando de mover los precios se trata, al alza o a la baja. Hojiblanca se ha aliado con Cargill, pero Cargill en Japón vende con su nombre y marca. De las aguas revueltas en el sector tienen parte de responsabilidad los granelistas, entre ellos el mencionado Hojiblanca-Cargill.

Convencieron en su día a Alberto Salazar de que comprara todas las marcas de Italia, y cuando se puso a ello, a la hora de pagar, muchos animadores se quitaron de en medio. La jugada le puede salir mal a los Salazar, cuyo ‘family office’ afronta pérdidas, mientras sus acciones de Martinsa no tienen cotización en bolsa.

Hay la posibilidad de que los holandeses de Unilever se estén planteando recomprar todo lo que vendieron a Salazar, pero, desde luego, ahora sería a un precio muy inferior. Aún les deben dinero por la compra.

Los ‘hedge funds’ podrían hacerse presentes, aunque al parecer el problema mayor puede venir del genovés B. Gasparini, que en su día vendió a Sos su aceitera, Minerva, con lo que puso en manos de los españoles dos de las más prestigiosas marcas del aceite de oliva italiano, Dante y Sasso.

Gasparini, que posee una gran fortuna y reside en Marsella, era el hombre por el que pasaba todo el aceite que se compraba en España para luego ser envasado en Italia. Al vender, fue avalado con acciones de Sos-Cuétara, entonces a un precio muy alto. Recientemente protagonizó un amago de venta de miles de esas acciones y la cotización cayó casi un 40 por ciento en un solo día. La táctica puede ser repetida, como forma de presión para que el resto de la deuda se la paguen al precio inicial.

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