Opinión

La Ley del Embudo Histórico

Rosas rojas colocadas por concejales del PSOE donde estaba la placa de Francisco Largo Caballero, en la Plaza de Chamberí de Madrid.
photo_camera Rosas rojas colocadas por concejales del PSOE donde estaba la placa de Francisco Largo Caballero, en la Plaza de Chamberí de Madrid.

Pienso estos días por qué en tiempos de Zapatero la bautizaron Ley de Memoria Histórica, cuando el nombre más preciso y ajustado a sus intenciones hubiera sido Ley del Embudo Histórico, o quizás ahora Democrático, que Podemos no se podía quedar sin su propia victoria sobre Franco, algo a destiempo, es verdad.

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Esa ley y el espíritu que la sostiene funciona así: por la parte ancha pasan sin problema las glorias históricas de la izquierda, sin que su historial totalitario y sus crímenes piten en el detector de antidemócratas; por la parte estrecha se atasca cualquier personaje que no encaje en el dogma de la Segunda República impoluta, sin mancha ni pecado.

Como no hay nada más parecido a un revisionista de la Historia de izquierdas que uno de derechas, Vox se empeñó y consiguió convencer al Partido Popular y a Ciudadanos de empezar su propia venganza contra el pasado.

Aprovechando que el Gobierno de Pedro Sánchez había lanzado su anteproyecto de Ley de Memoria Democrática (un alivio en estos tiempos de crisis, sin duda) para sancionar a quien discrepe de la Verdad oficial, el partido de Santiago Abascal se subió al carro de tachar las páginas de la Historia que no le gustan: Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero tenían que desaparecer de las calles, las placas y las estatuas de Madrid. Almeida y Villacís lo consintieron, y todos se unieron al juego.

 

Qué cosas se han tenido que escuchar y leer estos días. Al pobre Largo Caballero los actuales dirigentes de su propio partido no hace más que ofenderlo. Han llegado a decir de él que fue un demócrata, y que en la Guerra Civil defendió las libertades. Oigan, tampoco se pasen. Que si le hubieran dicho eso en sus tiempos, hubieran acabado en la cárcel Modelo por quintacolumnistas.

Como no son tiempos de sentido común y sosiego, el Ayuntamiento de Madrid se ha enfangado en el ‘carmenismo’ de quitar placas, cuando las placas que recuerdan momentos de la Historia en las fachadas de los edificios son una de las maravillas de esta ciudad. Y no ha hecho más que entrar al juego de quienes, a ambos lados del espectro político, se empeñan en que la Guerra sea un asunto de rabiosísima actualidad más de 80 años después.

Para poner la guinda llegó el alcalde de Cáceres, Luis Salaya, del PSOE por más señas, para dejar claro que en la Ley del Embudo Histórico no importa el qué, sino el quién, no importan los hechos, sino la legitimidad aparente de unos u otros. Salaya anunció que el gobierno local había aprobado cambiar de nombre dos calles, para eliminar las denominaciones de Primo Rivera y de José Calvo Sotelo.

Así que la cosa queda clara, porque es como funciona esto de la Memoria Histórica.

El PSOE en tromba, con Pedro Sánchez al frente, ha salido a defender a un presidente del Gobierno con el que funcionaron decenas de checas y se asesinó a miles de personas en la retaguardia republicana.

El PSOE también ha defendido al jefe de los escoltas que asesinaron a un líder de la oposición en la República (sin mancha ni pecado).

El mismo PSOE ha eliminado la calle del líder de un partido de la oposición que fue sacado de su casa, subido a un camión y asesinado a tiros por guardias de asalto y por escoltas de personales de alguien que, al parecer, sí merece ser honrado con calles, placas y estatuas.

Qué innecesario es aprobar una nueva Ley del Embudo Histórico, cuando la actual funciona tan bien: con ella hay buenos y malos, lo ancho y lo estrecho, la Verdad y el fascismo...

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