Opinión

Humillaciones políticas

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados
photo_camera Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados

Cuando la palabra humillación se emplea constantemente para enjuiciar unas negociaciones políticas, es más que evidente que en una de las dos partes el sentido común funciona poco. E incluso en ambas direcciones también brilla por su ausencia.

Es enternecedora, por humilde y modesta, la postura de Pablo Iglesias cuando afirma no importarle las humillaciones que Pedro Sánchez pueda estar infligiendo a su persona, pero que no piensa permitir que se humille a los tres millones y pico de españoles que le han votado.

Como discurso, más o menos lacrimógeno, resulta demagógico y como argumento para justificar la petición de un gobierno de coalición con una vicepresidencia y tres ministerios, se antoja escasito.

Cuando la palabra humillación se emplea constantemente para enjuiciar unas negociaciones políticas, es más que evidente que en una de las dos partes el sentido común funciona poco. E incluso en ambas direcciones también brilla por su ausencia.

Porque resulta que por parte de Pedro Sánchez, aunque la palabreja pueda resultar fuerte y hasta malsonante, es una realidad palpable que su actitud, incluso aludiendo personalmente a Iglesias como obstáculo, es una continua humillación y hasta un insulto para el líder comunista.

Por lo que a Pablo Iglesias respecta, sentirse humillado porque no se le da la oportunidad, a él o a los suyos, de entrar en un gobierno, haciendo valer tres millones y medio de votos –que suponen poco más del 14%- y 42 escaños –por muy necesarios que sean- de los 350 del Congreso resulta, cuando menos, pretencioso.

Es inevitable que al analizar a ambos interlocutores, aparezca la sospecha de prepotencia en el uno y sobrevaloración en el otro.

Por ahí no se llega a una investidura y después a un gobierno de coalición con unas garantías mínimas de estabilidad.

Por eso, tantos piensan en que uno y otro están por la repetición de elecciones, sin perjuicio de que otros muchos queramos ver y palpar que la izquierda socialcomunista, deja pasar la oportunidad que se le presenta.

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