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Opinión

Por la boca… Los ultimatums o el parto retrasado

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Parece que hay acuerdo, pero nadie se fía de que Grecia vaya a cumplirlo, ni de que los enemigos de Syriza le permitan poner en práctica las medidas que se han aprobado.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Aún ahora que parece que se ha llegado a un acuerdo, seguimos sin saber lo que va a pasar, porque en Grecia hay que aprobar ese acuerdo y los propios griegos están frustrados y hasta en Syriza hay discrepancias.

El juego de Tsipras es enrevesado. En Grecia dice una cosa y en Bruselas acepta otra. Hace campaña por el ‘no’ en el referéndum y frente a Europa admite lo negado. Por eso nadie le cree, y nadie tiene la seguridad de que vaya a cumplir lo pactado.

Con los ultimátums a Grecia ha venido pasando como con los ‘partidos del siglo’, de los que se suelen jugar cuatro o cinco cada año.

Casi todos los fines de semana, después de horas y horas de reuniones y de supuestas negociaciones, el resultado era poco más que un ultimátum a Grecia, una especie de ‘hasta aquí hemos llegado y no va más’, pero no era verdad y sí iba más y el camino se alargaba.

Como tampoco hay demasiada transparencia y -por mucho corresponsal, por mucho enviado especial, por muchos minutos en radio y televisión, por muchas declaraciones y por muchas página de prensa escrita y digital- no nos enteramos de lo que de verdad está pasando, puede uno maliciarse que Tsipras se pitorrea de Europa, que los griegos ni se imaginan lo que les pasa aunque les está pasando, que Europa existe pero poquito o que los viajeros a Bruselas son poco más que eso, viajeros.

Si Tsipras toma el pelo a Europa, se entiende poco que Europa se deje tomar el pelo por Tsipras; si Europa no se ponía de acuerdo en lo que había que hacer, Europa preocupa, y alguien se preguntará por qué antes no y ahora sí y qué es lo que ha cambiado, si es que ha cambiado algo.

Un lío.

De ese lío sale muy mal parado Tsipras, su partido y quienes defienden la política de Syriza, pero también sale mal parada la propia Europa que, semana tras semana, ha venido perdiendo credibilidad en su capacidad de gestión y en la propia unidad de las políticas económicas. Por más que cada país defienda sus intereses, es de esperar una mayor unidad y un planteamiento común aunque en estos momentos sea Alemania la que capitanee el pelotón.

Y es que, de momento, Europa parece todo menos algo mínimamente unido.

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