Opinión

Los médicos y la eutanasia

Eutanasia

Dentro de pocos días entrará en vigor la Ley de la Eutanasia. A partir de entonces habrá personas a quienes los profesionales sanitarios provocarán directa y deliberadamente la muerte a petición de la persona y tras la supervisión de un comité de evaluación (habrá uno por cada Comunidad Autónoma ) que decidirá si se provoca o no la muerte de dicha persona, tras estimar que cumple los requisitos -inconcretos- que explicita la ley. En este proceder los jueces no tienen cabida.

Es llamativa la cierta “indolencia” con la que se ha vivido esto en la profesión sanitaria. Como si el hecho de reconocer la objeción de conciencia constituyera la salvaguarda “personal” y permitiera seguir con nuestras vidas “tranquilamente”.

Surge la cuestión de si estamos en el camino de una transformación sistémica de la profesión, una desnaturalización de la esencia de la profesión provocada por una malentendida socialización de los servicios sanitarios con todo lo bueno que puede ser eso. Es decir, en lugar de promoverse acciones legislativas en la línea de trabajo. investigación y desarrollo propuestas por los profesionales sanitarios, es el poder político el que dicta cómo “deben actuar” los profesionales. El Estado manda y los médicos obedecen aunque lo que se mande choque frontalmente con la esencia de nuestra profesión. Una “reductio” a la democracia, es decir a la política.

Por otra parte una mayoría notable de los profesionales médicos trabajan para la sanidad pública ergo tienen una doble lealtad, la profesional y la contractual. Intentamos ganarnos la vida y trabajar para la comunidad y prosperar profesionalmente, hacerlo mejor, aprender más, desarrollarnos más; muchas veces a base de interinidades eternas, multitud de guardias, peonadas, horarios ampliados de buena fe por y para la gente... por un sueldo base de 1.400 euros al mes (y es que como eres médico se supone que el altruismo y la vocación están por encima de todo), pero luego llega la eutanasia y ya la vocación no es argumento.

Acerca de la ley de la eutanasia, las estructuras de gobierno de los médicos no han sido consultadas y se emitió un comunicado desde la Organización Médica Colegial poniendo de manifiesto el hecho. Al gobierno le da igual, como si pensaran que los médicos tragan con todo. No ha habido desde la OMC una acción clara, los médicos no nos hemos plantado, no.

También muchos se alinean con el ambiente eutanásico provocado pero no apretarían el émbolo de la jeringuilla con tiopental y curare. No, no... eso que lo hagan otros, los de paliativos, los de primaria, los de anestesia... yo estaré a salvo porque puedo objetar de conciencia.

En tanto en cuanto formamos parte de una comunidad médica, la objeción de conciencia no puede entenderse como una salvaguarda. Es una falsa salvaguarda porque el hecho en sí de provocar la muerte de un paciente, la cristalización de esto como derecho, aceptar esto afecta a la raíz de la profesión, nos convierte en ejecutores; no estaremos a salvo, ante una situación de final de la vida estaremos bajo sospecha porque hemos aceptado como cuerpo médico.

La objeción de conciencia es para un supuesto extremo, algo que se considera inmoral, inadecuado, rechazable, pero no tiene mucho sentido la objeción a una ley. Es una “trampa social” que pretende hacer congruente lo incongruente, que pretende una escapatoria imposible para cristalizar en Ley lo que profesionalmente no se debe hacer, nunca ha sido aceptado en la deontología y sólo se ha despenalizado en cinco países del mundo (el resto de los países lo han rechazado). El sexto seremos nosotros si el Constitucional no lo impide.

Y puesto que la acción que se lleva a cabo “cala” en la comunidad se hará consuetudinaria y acabará forzando a la extensión de la práctica de la eutanasia planteando a los pacientes una sola salida y a los médicos una “costumbre”. Cada uno a nuestro nivel tenemos una parte de responsabilidad ante esto (el Constitucional también).

 

Habría que decir que no se trata ya de una objeción de conciencia sino de una objeción de ciencia. No hace falta que se cree ningún registro de objeción de conciencia. Objetamos de ciencia y ningún tribunal por alto que sea podrá condenarnos por ello. Provocar la muerte no tiene nada de científico, no tiene nada de médico, no tiene nada de compasivo. Es una estafa social.

Las leyes, lo que hace el Parlamento, no necesariamente son “per se” ajustadas a derecho. Eso se pretende, claro, pero al depender de mayorías parlamentarias (que tampoco son necesariamente mayorías sociales en número de votos) pueden contener “sesgos” no ajustados a derecho. Se supone que discutir (parlamentar) debería servir para esto. Se supone que de ese parlamento de posturas distintas se encontraría una mayor aproximación a lo adecuado, a lo justo, a lo debido (ley es obligación, es deber).

Ante un Ejecutivo/Legislativo que actúa como hemos podido apreciar, con una actitud de rechazo al debate, a la mínima consideración de los profesionales de Medicina y Enfermería y despreciando a toda institución asesora, no podemos permanecer callados. Hay miles de personas (tenemos los datos) que claman por una valoración constitucional de la ley.

Cuando hay que buscar soluciones a problemas hay -al menos- que debatir. ¿Por qué ha de despenalizarse la eutanasia? La inmensa mayoría de los países lo han rechazado. ¿Por qué no se cuenta que el 30% de quienes les es prescrita medicación para el suicidio asistido en Oregón no lo toman nunca? (en la eutanasia no hay vuelta atrás) ¿Por qué el supuesto derecho al suicidio implica el derecho a que otra persona te administre la medicación letal según establece ésta ley?

No se puede “humanizar” el suicidio. En el fondo, aceptar y consentir el suicidio de cualquier persona supone la claudicación de la compasión (padecer con), la antítesis de la humanidad, en el fondo la cristalización de la indiferencia ante el que sufre en lugar de la implicación, el cuidado, el acompañamiento, la lucha contra el sufrimiento y la afirmación de que no vamos a abandonar a nadie por difícil que sea su situación.

No es un tema baladí, su trascendencia es enorme para la práctica médica y ya nuestros pacientes empiezan a temer (algunos así lo expresan) cuando se atisba que los profesionales de la salud pueden NO luchar por tu vida, tu cuidado, tu salud o tu control de síntomas.

En este momento de la historia están sobre la mesa los fundamentos de nuestro Estado de Derecho, está sobre la mesa la identidad misma de la Medicina y de la Enfermería.

Borja Montero Sánchez del Corral. Médico.

Máster en Medicina Paliativa y tratamiento de soporte en el enfermo con Cáncer.

Master en Bioética y bioderecho.

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