Opinión

Febrero emocionante

Un reciente estudio de la Universidad de Málaga indica que el entrenamiento en inteligencia emocional previene problemas de desajuste psicológico como la ansiedad o la depresión, y mejora la relación entre los compañeros y los padres. Probablemente incluso mejore la relación con uno mismo.

Dos amigos se encuentran:

-- ¿qué tal el día?

-- Pues nada, plano.

-- Hombre, ¿cómo va a ser plano?

-- Que sí, que sí, sin ninguna emoción. Me he levantado, he ido a trabajar, he tenido una reunión larguísima y ahora estoy aquí. Todo plano.

-- Bueno, leyendo entre líneas tus palabras y si lo vemos a cámara lenta, quizá no haya sido tan plano. Yo he contado 42 emociones diferentes, ¿te parece que las veamos? Mira, yo contaría tu día de hoy así:

“Se despertó con desgana y con una congoja en el pecho. Su mujer depositó en sus labios un beso distraído que le alivió y disipó la indignación que andaba prendida en alguna neurona y le inspiró confianza en que hoy podría ser un buen día. Aburrido se afeitó con paciencia y fastidio.

Cogió con cariño la corbata que sus hijos le regalaron el día del padre y al ponerse la camisa, el olor del suavizante le trajo al presente el recuerdo melancólico de su madre abrazándole. Un grito de su hija pequeña le sacó del ensueño y se enojó. Iba a regañarle pero al volverse y verla tan guapa con su pijama rosa se fue a por ella, la cogió en brazos con ternura.

Escuchó con serenidad su preocupación por la visita que iban a hacer al zoo y se llenó de vergüenza y culpa al darse cuenta de que se había olvidado de comprarle unas pulseras de goma con formas de animales que le había prometido.

Se alegró al leer una noticia que le dio esperanza acerca del valor de unas acciones que no hacían más que bajar. Saboreó con calma el café y esperó impaciente a que saltaran las tostadas. Mientras, su mujer le contaba que hoy tenía una dura reunión en la empresa y necesitaba un buen desayuno que le cargara las pilas. Miró sus ojos y percibió su apoyo empático - a pesar de su prepotencia de ayer, la quería- sabía que él también tenía una reunión con los jefes de ventas; no había orden del día y eso le intrigaba.

Con las tostadas en la mano su hijo le preguntó si quería mermelada de fresa o de melocotón, él contestó “de fresa” con indiferencia. Terminó de desayunar y se despidió. Ella le dio un beso y le susurró al oído: “nadie podrá con nosotros”. Un soplo de optimismo le encendió el corazón al recordar ese verso de Quique González y añorar tantos buenos momentos de este verano en los que había sonado esta canción.

Sentarse en el coche y oír el ruido del motor le dio seguridad. Al llegar a la rotonda del instituto había un atasco impresionante, podría llegar tarde a la reunión y él ahí amordazado por la impotencia. Una señora en un todoterreno toco el claxon desaforadamente, se irritó y le invadió la ira con ganas de bajarse y aporrear el capó del todoterreno con la raqueta de tenis que llevaba en el maletero.

El tiempo avanzaba pero los coches no, empezó a angustiarse, el corazón latía con fuerza, casi diría que estaba ansioso. A la altura del semáforo se acercó un tipo andrajoso pidiendo una limosna, entre el asco y la compasión, farfulló un “no tengo” difuso.

Al entrar en la oficina se encontró en el vestíbulo con uno de los jefes de ventas. Se acercó a él demasiado y le dio la mano con excesiva fuerza, con hostilidad encubierta, mientras pensaba: “luego nos veremos las caras, tío listo”.

La reunión fue dura y muy larga. A pesar de la inquietud inicial, la figura del Director General le llenaba de valentía, pero pasadas dos horas estaba ya hastiado y a la vez asombrado de la capacidad de los jefes de ventas para inventar justificaciones. Finalmente llegaron a un acuerdo que le dejó tranquilo, pero algo insatisfecho, quizá por la frustración de no haber sabido forzar un poco más.”

Emociones cotidianas, que no rutinarias. Positivas y negativas. Dulces y amargas. Todas útiles para crecer y ser más uno mismo. Sobre todo en febrero que no nos distrae con otras emociones que no son propias. Un buen mes para emocionarse con la propia vida.

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