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Bienmalestar social. Fuimos expulsados de un punto de encuentro familiar por orden de su coordinadora

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Tal como reza el título, la excelencia del servicio del punto de encuentro familiar de Joan Crespí de Palma tocó la cima de la mano de su excelente coordinadora y el encargado de seguridad del centro. La coordinadora y un suscriptor, mantenemos una estupenda relación gracias a los encantos y bondades de la señora y su capacidad de gestión, usando una política represora a base de amenazas y coacción, lo que funciona estupendamente... con los que se lo creen. Gracias a su avanzada y moderna técnica de gestión (que ya conocían en la inquisición), la señora se ha ganado mi cariño, por lo que le comuniqué mi deseo de no hablar más con ella, sino con los subordinados, y de ser necesaria una comunicación, tratarnos de Usted, con un mínimo de medio metro de separación para evitar contagiarme de sus bondades y, mi deseo verbal de que no cogiera en sus brazos o tocara a mi niña, por lo mismo de antes.

Hace unos días, sobre las 17:30 y a punto de salir con mi niña en brazos, la señora me expresó su deseo de mantener una conversación (supongo que para hacer las paces, perdón, SUS PACES!). Yo me negué, pues el diálogo ya quedó claro que no funciona entre nosotros, y además, el tiempo corre en mi desventaja pues la niña sólo disfruta de su papi una hora, descontando desplazamientos y esperas. Un segundo más tarde, mi ángel pacificador, ayudado por la ternura de mi niña en mis brazos, me hizo cambiar mi férrea postura, y acceder a una conversación, pero después de la visita, ya que la dama no merece que mi niña pierda un segundo de amor de su padre. La señora, con la rabieta de parvulitos insistió que debía ser en ése momento, a lo cual yo me negué de plano. La señora me amenazó con expulsarme del centro, a lo que yo respondí que era preferible antes que aguantar sus encantos en cada visita. La señora preguntó si yo estaba dispuesto a no ver a la niña, y mi respuesta fue que mi miedo estaba a punto de manchar mis pantalones, y añadí un piropo a la frase: "tonta". La señora es dueña del "castillo" y ella dispone sobre mi relación con la niña. Aquí los jueces no pintan, ella está por encima. El cabreo de la señora llegó al punto de solicitar la asistencia de la fuerza para arrastrarme a la calle, con mi niña en brazos. El encargado de seguridad vino apresurado a socorrer a la señora y defenderla de mis "ataques" (de risa ante sus amenzas). Yo no sé si el "segurata" llegó a sacar la porra, pero yo pasé miedo por la niña. La situación era peligrosa... por nuestra parte!: Una niña de 22 meses y un padre con un peligroso arsenal: un millón de besos preparados para administrar a la niña en la visita prevista de ése día. La niña y yo fuimos expulsados por mi "mal" comportamiento, mientras la señora increpaba que no volviera más. Todo un ejemplo de profesionalidad y humanidad de ambos, y una estrella de oro para el Govern y su BienMalestar social eligiendo los mejores profesionales. Ahora les dejo que me voy al juzgado, no vaya a ser que mañana peguen a otro afortunado padre y usuario de tan exquisito servicio in-social.

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