Miércoles 17/01/2018. Actualizado 01:00h

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¿Que distancia hay entre una reforma y una revolución? Si tiene lugar la tan traída y llevada reforma laboral, puede ser la gota que colme el vaso de la paciencia de la clase trabajadora en este país

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No hay que ser un experto en economía ni en el mundo empresarial para vaticinar sobre la cacareada y pretendida reforma laborar desde algunos sectores financieros y empresariales.

Será (al tiempo), otra vuelta de tuerca sobre la clase trabajadora. De momento son los grandes “paganos” de la crisis, crisis que por otro lado ha sido producida por los mismos que ahora alzan sus voces en pro de la reforma del mercado laboral, por lo exagerado de los costes de producción y de la mano de obra, de las cotizaciones sociales, y del poco margen de beneficios, ¡hace falta tener la cara muy dura!

Hace a penas un mes, un directivo de una marca de vehículos clamaba por ayudas institucionales, o de lo contrario desmantelaría su factoría y la llevaría a un país del Este, donde estos costes son menos gravosos para las empresas, y el resultado lo hemos tenido hace una semana, anunciado a bombo y platillo, en forma de un acuerdo que ha supuesto a las arcas del Estado un desembolso de 500 millones de euros en aras de proteger los más o menos 5000 empleos de esa factoría, a cambio, el directivo se compromete a la fabricación de nuevos modelos, incluidos híbridos, por un plazo de diez años, aunque hasta este término cuestionaba. En realidad lo que ha pasado es que el individuo, o sea la marca ha conseguido, introducir en el mercado unos nuevos modelos que seguramente ya tenia en sus planes estratégicos, y cuyo coste de producción ya tiene garantizado a cero, luego si las ventas van mal, volverán a pedir al gobierno de turno ayudas e incentivos. En definitiva, puede que el mantenimiento de los 5000 empleos diera igual que los pagara el INEM, o el gobierno indirectamente, con el consabido riesgo de hacer pagador a un intermediario-empresario.

Se puede decir lo mismo de otros tantos sectores económicos, donde los empresarios reclaman ayudas a las instituciones, olvidándose de la época de las “vacas gordas”, que solo les sirvió para inflar cuanto pudieron su cuenta de resultados y los beneficios obtenidos. No se si el mundo empresarial sigue en la obligación que antaño tenían de recapitalizar un 15% su empresa con el beneficio obtenido, lo desconozco, pero no me hagan apostar.

Sea como fuere, el caso es que el mundo empresarial está falto de liquidez y quiere conseguirla a toda costa a base de ayudas estatales, moratorias en los impuestos y cotizaciones, en rebajas fiscales, en los costes de producción y como no en los salarios de los trabajadores, medidas que reclaman a ultranza pero que no se administran así mismos.

O alguien se cree ahora que quien tiene la potestad de regir la actividad económica del país, puede proponer una reforma laboral restrictiva con el trabajador, pueda decirlo desde una tribuna en la que cobra mil euros al mes, o quien se jubila con tres millones de euros al año, puede y tiene moral para decir lo mismo que el anterior. Incluso voy más allá ni siquiera una empresa saneada, privada e independiente de todo poder oficial tiene la catadura moral de decir nada en la dirección de la reforma laboral. Quienes esto proponen tienen unos sueldos bastante superiores a los 1000 euros, quienes esto proponen jubilan a sus empleados con cargo en la empresa, con una jubilaciones doradas, que hieren la conciencia colectiva, vamos, que si tienes suerte amén de los estudios pertinentes y consigues un puesto en un Consejo de Administración de un gran banco, te aseguras tu vida y la de tu descendencia por dos o tres generaciones, incluso la pobre y desolada viuda, cuando llega a serlo, no queda lo que se dice desamparada.

Un claro ejemplo tenemos en algunas fusiones de Bancos y Cajas en la actualidad, en uno de estos desaguisados, concretamente en la fusión de las Cajas de Castilla y León, hay un personaje que aparte de ser representante de los trabajadores, y sindicalista, que pueden ser cosas distintas oigan, además forma parte del Consejo de Administración de una de las Cajas fusionables, su retribución anual, es de unos 35.000 euros años, pero hay 1.500 empleados de esa caja temblando por sus puestos de trabajo, “se admiten apuestas”.

Con todo ello y visto lo visto en los últimos treinta años en este país y en los cercanos, una cosa está clara: “que mande la derecha o mande el comunismo, la basura siempre la bajan los mismos”.

La traída y llevada reforma laboral, la que pretenden los empresarios ahora, se dibuja en el horizonte como una foto en sepia, decimonónica, con niños de 8 años trabajando 16 horas en la mina, o en las fabricas, sin cobertura social de ningún tipo ni seguro de enfermedades y todo ello por unas tres libras esterlinas al mes.

Pero sin ponernos románticos, tenemos ejemplos parecidos en la actualidad: un panadero que trabaja de 1 de la noche a 1 del mediodía seis días a la semana, durante 25 años o una joven empleada de cajera en un supermercado con 18 años de edad, pero como es su primer contrato, se lo hacen de formación, y ello le reporta un salario de 400 euros al mes, pero la jornada es de por lo menos 10 horas.

Casos como los que cito los hay a cientos de miles en todo el país. Pero la clase empresarial, la burguesía de los negocios, y los pudientes quieren volver a tiempos de la Revolución Industrial, trabajos penosos de sol a sol, sin seguro de enfermedades ni importar la edad del trabajador, siete días a la semana, pagando sueldos de miseria y con minoración de sus impuestos y costes de producción, de las coberturas sociales que se haga cargo el Estado. Vamos, que como predica la religión católica, tan denostada últimamente: “uno de estos pasaría antes por el ojo de una aguja que entrar en el reino de los cielos”.  En definitiva quieren el paraíso empresarial, aunque bien quiero suponer que no van a conseguir tanto como pretenden, de hacerlo, posiblemente este País “narcotizado”, diga basta, si no, estaremos un paso más cerca de la gota que colma el vaso de la paciencia de la clase trabajadora, y tal vez haya que retroceder más en el tiempo, tal vez, el pueblo, la clase trabajadora, decida que puestos a retroceder 110 años, sigan hacia atrás y retrocedan 220 y planteen el tipo de reforma que convulsionó por entonces a toda Europa, después, “que cada cual busque donde ponerse el sombrero”.

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