Opinión

Orientaciones a padres para el inicio de curso

Buenos modales
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Nadie tiene la bola mágica para adivinar qué va a pasar, qué nos espera, cómo se van a desarrollar las cosas. Vivir en la incertidumbre, vivir tiempos inciertos, vivir inciertamente… nos sitúa en el terreno de las inseguridades y estas nos abren las puertas, de par en par, a los miedos.

¿Por qué es importante hacer esta reflexión, como padres, de cara a la educación de nuestros hijos? Porque las actitudes, los valores, las emociones… todo ese universo interior que guía y orienta a la persona entera, todo esto, no se enseña, todo esto se trasmite. Y los primeros y más grandes e importantes transmisores de ello somos los padres. Y lo somos siempre, en todas las etapas de crecimiento y desarrollo, incluso en la adolescencia, etapa en que parece que todo lo que venga de nosotros es poco válido o poco molón.

Por este motivo es importante revisar nuestra vivencia de la situación para saber cómo es nuestra transmisión de la situación. Algunas ideas a las que podemos anclarnos, en contraposición a su enunciado en negativo que suele enrocar más nuestros pensamientos:

  • Esta situación también pasará, porque nada en es eterno.
  • No puedo hacer nada por cambiar la situación, por tanto, no hay que preocuparse por las mil desgracias o situaciones terribles que podamos imaginar, sino ocuparse en los pequeños gestos de responsabilidad individual que sí podemos aportar.
  • Busca los pequeños momentos de felicidad en el día a día. Los hay siempre y suelen estar escondidos en cosas o situaciones sencillas, humildes, imperceptibles, cotidianas…
  • Mantén cada día unos segundos en tu mente la conexión con aquellos que sufren o están peor y deséales lo mejor.
  • No pierdas la relación y el afecto con las personas que te quieren y a las que quieres, con tu círculo social, con tus amigos y conocidos… Ayuda mucho a abrir la mente, a salir de uno mismo y a explorar otras visiones y perspectivas.
  • La adversidad puede hacer aflorar los sentimientos más nobles del ser humano. Descúbrelos en los demás y descúbrelos en ti mismo.
  • No pierdas el contacto con el sentido de tu vida, es la única brújula que te orienta en cualquier adversidad. Y para eso, en situaciones de dificultad, hay que preguntarse constantemente por ello, para no perderlo y no dejarse obnubilar por otros temas, importantes, pero no fundamentales en nuestra vida.

Nuestros hijos, niños y adolescentes, percibirán todo esto sin necesidad de grandes sermones o charlas explicativas. Y después de percibirlo, integrarán de todo ello aquello que les sirva para afrontar su propia vida.

Y de cara a ellos, ¿qué podemos hacer?

  • Mensajes claros, y no emocionales, sobre la situación. Queremos decir con esto que, por ejemplo, podemos invitarles a ponerse la mascarilla, a ejercer su parte de responsabilidad en la prevención o transmisión de la enfermedad, pero no es necesario cargar ese hecho de miedos, de catástrofes, de desconfianza, de polémica… Estos mensajes los recibirán directamente de nosotros e indirectamente de vernos cómo abordamos el tema en conversaciones con otras personas.
  • Normas y limites, como siempre. Único y mejor antídoto contra la inseguridad personal: saber qué puedo hacer, qué no, hasta dónde, consecuencias, responsabilidad de mis conductas… Si siempre son necesarios, en tiempos tan extraños no podemos hacer excepciones con esto. Pueden cambiar esas normas y esos límites, pero siguen siendo necesarios, diría que más que nunca.
  • Normalidad, naturalidad y rutinas. No se trata de maquillar la realidad, de envolver en papel de regalo la vida ni de pintar de color rosa todo. Se trata de adaptarnos a esta situación, el tiempo que dure (el ser humano siempre ha sido especialista en esto). Dotarla de normalidad, que será una normalidad diferente a la vivida hasta ahora. Dotarla de naturalidad, dejar que la vida siga fluyendo, porque tiene que hacerlo. Establecer rutinas, base del desarrollo, del crecimiento y de la incorporación de hábitos y conductas.

Podemos incidir en la opción de mirar la parte negativa de “esto ya no es como antes” y quedarnos ahí o, mejor, integrar en nuestra vida la situación y adaptarnos a ella, ya que se quedará por un tiempo.

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