Opinión

La voz auténtica

La crítica a los políticos es más que justificada. Lo están haciendo bastante mal. Lo constata, un dato que no deja de ser penoso: sondeo tras sondeo, el CIS concluye que los españoles les consideran uno de los tres primeros problemas del país. ¡Vaya récord!

A escala global, las cosas no marchan bien. España sufre un nivel de paro muy por encima de las naciones de nuestro entorno (en algunos casos, lo duplica), presenta una economía estancada y un consumo interior en recesión. A lo que se suma un sistema financiero debilitado. Y una baja productividad que nos convierte en irrelevantes en el concierto mundial.

España no va bien

Que, desde el punto de vista de la política y de la vida democrática, existen fallos lamentables, es evidente. Sin pretender ser sistemático, ni exhaustivo, he aquí algunos de esos problemas, trazados a vuelapluma:

-Control férreo de los partidos por parte de sus cúpulas, lo que provoca falta de democracia interna. Una de las manifestaciones son las listas electorales cerradas y bloqueadas.

-Falta de claridad en la financiación de los partidos. Connivencias con dirigentes implicados en casos de corrupción.

-Híper representación de las formaciones nacionalistas, convertidas en la llave de la gobernabilidad. De lo cual sacan cuantiosas ventajas.

-Demostrada inutilidad del Senado. Una cámara en estos momentos prescindible, salvo que se proceda a su reforma para convertirla en instancia territorial.

-Descontrol económico y despilfarro en las autonomías.

-Presencia de políticos en las cajas de ahorros. Utilización de esas entidades como cortijos privados. Inversiones por dictado político.

-Politización de la justicia, porque los partidos deciden quién entra y quién no en el Consejo General del Poder Judicial y nombran el Tribunal Constitucional.

 

-Como resultado: desprestigio del Tribunal Constitucional.

-Lentitud de la Justicia. Irresponsabilidad de jueces, magistrados, secretarios y funcionarios por los fallos y errores de la Administración de Justicia.

-Diferencias salariales entre los cuerpos policiales de ámbito nacional (Guardia Civil, Policía Nacional) y las policías autonómicas e incluso municipales.

-Híper poder de unos sindicatos subvencionados, con cientos de miles de liberados, y que se han convertido en una rémora para construir una economía ágil, productiva y competitiva.

-Un sistema educativo que condena al fracaso escolar, a la incultura, a la llegada al mercado de trabajo de miles de licenciados para los cuales no hay sitio. Falta de autoridad de los docentes. La siempre pendiente apuesta por la enseñanza profesional.

Por no excluir nada, hay también que citar a los medios de comunicación, donde se practican manipulaciones deliberadas y tergiversaciones en la información, y se cultiva por algunos (sobre todo, televisiones) la basura y el barriobajerismo más tirado.

Romper la baraja, no

Vale. Podríamos seguir. Pero la conclusión que hay que extraer no es: Rompamos la baraja.

Al contrario. Empecemos a resolver los problemas, corrijamos, rectifiquemos. Y, sin duda, las movilizaciones populares de estos días van a ser un estímulo.

No falla el sistema como tal. En todo caso, fallan los partidos en la gestión del país. O los que dirigen los partidos. Y, por supuesto, ha fracasado estrepitosamente el Gobierno de Zapatero.

Pero aquí existe capacidad de regenerarse. Se ha construido mucho, hay cimientos, quedan energías. Y escuchar la voz de la calle será una de las líneas para esa recuperación.

No me gusta

Al mismo tiempo, el panorama de lo que se ve y escucha en las calles, en esas movilizaciones del 15-M, no siempre resulta tranquilizador.

Aparte de la elemental pregunta de por qué no se les ha visto mirar a La Moncloa, donde reside quien ha gobernado el país estos siete últimos años, algunas cosas no me han gustado. Por ejemplo, éstas:

-La falta de acatamiento de la legalidad que supone mantener las concentraciones a pesar de la decisión de la Junta Electoral Central. Además de constituir una falta de respeto a quienes desean votar en paz el domingo, sin algaradas ni presiones.

-Apenas he escuchado voces que reclamen puntos elementales como: calidad de la enseñanza, libertad de educación, respeto a la vida, apoyo a las víctimas de ETA…

-Piden más gasto público, más impuestos, más banca pública, más Estado…Hay exceso de estatismo y falta la demanda de que sea la sociedad civil la que protagonice la vida del país.

-La descalificación global de los partidos con el eslogan: “No les votes”. El voto es la quintaesencia de la acción democrática.

-Incluso se han escuchado críticas a la presencia de los emigrantes, como causa del paro y de la falta de servicios. Riesgo de dar pie al nacimiento de una extrema derecha xenófoba.

-No me ha gustado que no permitan la libertad de información y haya habido actuaciones contra medios (COPE, Intereconomía, Efe…) que consideran no alineados con esas movidas, además de ataques a periodistas...

Acomplejados y complacientes

Reconozco que hay mucha razón en lo que plantean los movilizados. Creo que hay que escucharles, aprender y ponerse a trabajar.

Pero no me ubico entre los acomplejados. Esos que creen que, porque se trata de iniciativas de jóvenes, y además son movimientos populares, ya tienen la razón. Iñaki Gabilondo se apresuró a manifestar que los partidos “han quedado viejos”. ¿Quiere decir que la salida es el sistema asambleario? ¿Tiene una solución distinta?

Tampoco me apetece aparecer entre quienes buscan hacerse los simpáticos, por lograr un plus de notoriedad, de popularidad, y quizá también por intereses electorales inmediatos.

Pongo un ejemplo. Tomás Gómez se apresuró a proclamar que suscribía las demandas planteadas en la calle. ¿Cuáles? ¿La Republica? ¿La reforma de la ley electoral? ¿El eslogan no les votes? Y luego afirmó que sería un error que la Junta Electoral prohibiera las concentraciones en vísperas del 22-M.

Y otra reflexión. Se magnifica la contundencia de los nuevos modos de movilizar a través de Internet, las redes sociales… que teóricamente han dejado obsoletos los restantes medios de comunicación. Se me ocurre una pregunta: Sin esos medios ‘viejos’ (televisiones, radios, periódicos…), ¿habrían logrado el eco y el seguimiento que tienen? Creo que no.

La voz de todos

Bien está que escuchemos atentamente a quienes están en la calle. Pero a lo mejor no conviene pasarse.

¿Son más importantes ellos, esos miles, cientos de miles, de manifestantes, que los restantes cuarenta y pico millones de ciudadanos? ¿De verdad representan a este país? ¿Su voz es más valiosa por el hecho de que usen redes sociales, sean quizá jóvenes y acampen en las plazas?

Este domingo hay la oportunidad de escuchar la auténtica voz de todos, y no solamente de quienes están en la calle. Se mostrará la voluntad mayoritaria de la ciudadanía, libremente expresada. Ese mandato sí que es definitivo y hay que cumplirlo.

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