Opinión

Pañuelos de papel

En una reciente conversación con mis colegas, me dice una profesora de 1º de Primaria:

-Pues mira, hay dos sencillísimos materiales cuya adecuada combinación son muestra de lo que pienso que ha de ser nuestro trabajo y el de cualquiera que se valore a sí mismo.

La miro sorprendido y sigue:

-Sí, en serio: son los pañuelos de papel y los "posits", esos papelitos adhesivos de colores que sirven para pequeñas anotaciones, señales o recordatorios.

Mi querida colega me ve aún más maravillado y entonces se explaya con una reflexión, más o menos así:

En el trato con las personas, y esto incluye por supuesto a los niños de 5 y 6 años, hay dos variables que pienso hemos de tener siempre en cuenta. Primera, atenderles en sus necesidades más evidentes -es claro en el ejemplo de los pañuelos y los moquitos de los niños pequeños- , oyéndoles, dándoles ocasión de que se muestren tal como son, rompiendo barreras... Y la segunda, estar muy preparados con todo tipo de anotaciones, seguimientos, estudio, consultas, detalles pequeños de amabilidad con todos. Esa es la muestra de que nos mueve la felicidad de los demás, y eso es lo importante.

Admirable, ¿no les parece? Pues seguro que mientras leen ustedes estas líneas, a pesar de todo, multitud de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y ancianos, libran la batalla más importante con "posits" y pañuelos de papel, u otros medios, claro, según sus circunstancias.

Y aquí no vale sólo pensar en que: -¡Eso, eso, los políticos que den ejemplo! que diríamos todos. ¡O los padres, o los profesores!, que dirían nuestros hijos o alumnos.

Tomemos la iniciativa. Demos el primer paso para retomar conversaciones, trato directo evitando interferencias, con el propósito de estar unidos en lo fundamental.

 

Reconocer, valorar e incluso hacer despertar las fortalezas de los demás es imprescindible si queremos ir juntos en la lucha por el bien común. Así, apoyarnos y sacrificarnos sin victimismo dará alas a las soluciones socio-económicas y laborales, y políticas, de nuestro país.

Es la apuesta de la confianza frente al rencor, de la creatividad frente a la desidia, del trabajo cooperativo frente al egoísmo materialista; de la realidad, aunque cruda, frente a la ficción delirante.

¿Es tan difícil rectificar arrogancias y prejuicios? ¿No creen ustedes que vale la pena partir de la fuerza de la razón y no de la fuerza de las vísceras? ¡Que no nos falten ni la honradez ni la perspectiva!

Pues, ¡ea!, en tantos campos en los que arriesgamos el presente y el futuro, vamos a "jugar" todos, pues todos somos baraja y nos merecemos lo mejor. Como los jovencísimos alumnos de esa sabia profesora.

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