Opinión

A media luz los tres

Adriana Lastra y Gabriel Rufián.
photo_camera Adriana Lastra y Gabriel Rufián.

Desde la conjunción planetaria de Obama y Zapatero, con el patrocinio de Leire Pajín, no se había dado otro encuentro de estadistas en todo el planeta, hasta que llegó la reunión de Rufián y Lastra.

Aquella frase tan querida por don Antonio Maura en la que abogaba por “luz y taquígrafos” en la gestión de los políticos, se ha quedado en nada con las negociaciones -más bien oscuras, brumosas y embarulladas por las explicaciones de Carmen Calvo- entre un socialismo entregado, derrotado y débil, el comunismo de Podemos y el separatismo de la Esquerra.

Ni luz ni taquígrafos. En el mejor de los casos -y recordando el título de la comedia que parió el genio de Miguel Mihura-  presenciamos algo confuso y más bien liado y lioso entre los tres protagonistas.

Desde la conjunción planetaria de Obama y Zapatero con el patrocinio de Leire Pajín, no se había dado otro encuentro de estadistas en todo el planeta, hasta que llegó la reunión de Rufián y Lastra. Bien es verdad que la conjunción, más bien “morreo”, entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no es menos planetaria ni menos venturosa que la de Obama y Zapatero, aunque carezca del babeo de Leire Pajín.

Y no es que vendan la piel del oso que todavía no han cazado, es que están repartiéndose el oso entero. Pactan ministerios y distribuyen cargos -incluso se habla del baloncestista Hernández para la Secretaría de Estado de Deportes- mientras, cuentan lo que quieren y además lo hacen como en pildoritas, para que nos vayamos acostumbrando; pildoritas que distribuyen Celáa, Ábalos, Lastra, Montero, Iceta y hasta Marlaska; pildoritas que Calvo se encarga  -procurando que nos enteremos más bien poco de lo que van recetando- de endulzar o amargar según los casos.

Y no nos enteramos de nada. Ni de lo que pactan, ni de lo que acuerdan, ni de lo que ya tienen acordado de antemano. Porque si al final los separatistas de la Esquerra hacen presidente a Sánchez, no se sabrá el precio cierto que se ha pagado, ni los plazos en que se pagará, ni el monto de los intereses, ni desde cuando lo tenían decidido.

Y si nos dejamos llevar por las mentiras de unos y de otros y por las fanfarronadas de los separatistas y la mansedumbre bovina de los socialistas, habrá que llegar a la conclusión de que engañan y mienten.

Han engañado con la ficción de que la situación es insostenible y de que hace falta un gobierno, el que sea y como sea. No es verdad y, sobre todo, no se puede admitir cualquier gobierno, porque lo importante no es la necesidad, sino la seguridad de un gobierno con garantías en todos los aspectos.

Han mentido con la valoración de las elecciones repitiendo la consigna de que los españoles han votado un gobierno progresista formado por socialistas y comunistas. Tampoco es verdad, porque si los españoles hubieran querido ese gobierno -según los parámetros de los líderes para valorar resultados- hubieran dado a comunistas y socialistas la mayoría y no la suma de 155 escaños lejos de los 176 de la mayoría absoluta.

Y todo eso está en manos de grandes estadistas como Lastra y Rufián, como Sánchez e Iglesias y con el visto bueno de las bases que, según los propios partidos,  suman 244.431 participantes entre los tres.

O sea, menos de un cuarto de millón de españoles decidiendo el gobierno que vamos a tener. Y eso después de, ni se sabe, cuantas elecciones.

Y además hay que sumar los tres de la media luz, sin contar con Torra, Junqueras y Puigdemont, que se pueden aparecer en carne mortal en cualquier momento.

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