Opinión

Por la boca… La crisis de Podemos es el fracaso del comunismo

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.
photo_camera Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

Desde su fundación, se han disimulado los planteamientos comunistas de Podemos y ahora se intenta camuflar el fracaso de ese comunismo, en rencillas personales, en un chalet o en liderazgos demasiado ambiciosos.

Desde el principio, la ideología comunista que siempre ha presidido la acción de Podemos, se ha querido esconder. Un camuflaje urdido, no solamente por sus propios fundadores, sino alimentado y propiciado desde ámbitos sociales y desde medios de comunicación más o menos interesados.

Siempre se ha camuflado el comunismo podemita de populismo, de izquierdismo más o menos arriscado y hasta de extremismo de izquierdas; pero en pocas ocasiones el término comunista ha sido empleado por dirigentes, militantes, inscritos y afines de todos los ámbitos.

Ahora -cuando Podemos está atravesando una de las crisis más agudas de su corta existencia- se encubre el origen de la propia crisis.

Desde las ambiciones personales de Pablo Iglesias, su soberbia y hasta su chalet, pasando por sus desavenencias o las de Irene Montero con Íñigo Errejón, e incluso sacando a colación las malas artes de Manuela Carmena, se aducen una serie de causas que -sin ser ajenas a los problemas de la formación- intentan desviar la atención de la verdadera razón de los reveses de Podemos y que no es otra que su ideología comunista.

Una ideología trasnochada, rancia, absolutamente desterrada de geografías que siempre parecieron inexpugnables y que está dando las últimas boqueadas de su agonía, en regímenes incalificables como Cuba o Venezuela y que, una vez más, se ha mostrada incapaz –si no es por la fuerza- de arraigar en una sociedad occidental medianamente sana y democráticamente constituida.

La verdadera razón del fracaso de Podemos en España, es la ideología comunista que -con un disfraz basado en asuntos como el progresismo, la lucha contra el capitalismo, la democracia directa o nuevas formas de hacer política, la irrupción de grupos jóvenes e inconformistas y hasta la transformación más justa de la sociedad- esconde, como siempre, resabios del pasado, rencores de derrotas sin asimilar y vergüenzas ajenas que tapar.

Una ideología disolvente basada en la lucha entre los seres humanos, que centra -o quiere centrar- sus logros en la economía, en el igualitarismo y en pretendidos avances y conquistas sociales que -precisamente por apartar al hombre de sus esencias y robarle su libertad y su propia razón de ser- está abocada, como la historia ha demostrado y demuestra cada día, al más absoluto desastre.

Por eso, la gran equivocación de Podemos, de sus dirigentes y de sus seguidores, ha sido su ideología comunista por mucho que la hayan querido enmascarar.

Ahora, quieren engañar una vez más y atribuir los problemas por los que atraviesan a nimiedades tales como un chalet, más o menos grande, el afán de dominio y de protagonismo de algunos o a rencillas personales.

Pero la única razón de los malos pasos de Podemos está en que Podemos, se quiera admitir o no, se quiera decir o no, es un partido comunista.

Con un final cantado desde hace tiempo.

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