Opinión

Por la boca...Lo dijo Iglesias...punto redondo

Pablo Iglesias, en la rueda de prensa en que atacó a varios periodistas.
photo_camera Pablo Iglesias, en la rueda de prensa en que atacó a varios periodistas.

Cuando Iglesias asevera, aunque sea con voz meliflua, algo sobre la política española y las instituciones, parece como si diera un puñetazo en las redes sociales y aquello que dice fuera el punto redondo de la verdad sin paliativos, ni posibilidad de argumentaciones en contra.

Aquel Blas, señor feudal, que dirimía algún pleito entre sus vasallos, daba un golpe en la mesa y se había acabado cualquier discusión.

No deja de ser curioso que un sujeto tan poco dado a las creencias, tenga tanto apego a la infalibilidad no solamente cuando hace afirmaciones, sino también cuando interpreta el sentir de la sociedad española.

Cuando Iglesias asevera, aunque sea con voz meliflua, algo sobre la política española y las instituciones, parece como si diera un puñetazo en las redes sociales y aquello que dice fuera el punto redondo de la verdad sin paliativos ni posibilidad de argumentaciones en contra.

Pero ese punto redondo llega a su máxima expresión cuando los dogmas de Iglesias se refieren a la institución monárquica que -promesas de lealtad aparte-  no goza de las simpatías del “líder de la nueva política”.

Dice el susodicho que “crece en la sociedad española un debate sobre la utilidad de la monarquía” y que “los valores republicanos, hoy más que nunca, nos van a permitir avanzar” y...punto redondo.

Que se sepa, Tezanos, de momento, no ha dicho esta encuesta es mía sobre el debate en torno a la monarquía y mucho menos sobre el crecimiento de ese debate, pero parece que Iglesias tiene datos fehacientes que avalan, sin el menor asomo de duda, esa afirmación.

En cuanto a los valores republicanos, esos que nos van a permitir avanzar, no se hace referencia a si son los valores de la Primera o de la Segunda República que, como se sabe, fueron pródigas en valores; tampoco se sabe de qué índole son esos valores y, por ende, no específica, el imitador de Blas, si se avanzará hacia los hitos que consiguieron para España los Figueras, Pi, Salmerón y Castelar o serán los avances que trajo a la nación Azaña. Y lo de “más que nunca”, a la vista de los avances de las dos anteriores experiencias republicanas, tampoco es demasiado difícil.

Afirma Iglesias que “un gobierno democrático no puede ser ajeno a los debates que preocupan a su pueblo, un pueblo que ya no está dispuesto a tolerar ciertos privilegios, ni la corrupción, ni la impumidad”. Es de justicia señalar que, llegados a este punto, se trata de un terreno que Iglesias domina, pero eso de adjudicar a un gobierno, por muy democrático que sea, la propiedad de “su” pueblo, resulta excesivo y denota un subconsciente traicionado.

Lo de la “utilidad” en política -y más la utilidad de ciertos cargos o instituciones- siempre es muy relativo. Basta dirigir la vista a algunas vicepresidencias e igualitarios ministerios que integran el actual gobierno español, para que lo de la utilidad resulte hilarante, sobre todo si se compara la utilidad para España de Juan Carlos I o de Felipe VI, con la de vicepresidentes y ministros en ejercicio.

La legitimidad de la monarquía no descansa en la filiación sino en el ejercicio, siempre y cuando se establezca la sucesión de una forma determinada por las leyes vigentes que la dotarán de la legitimidad de origen.

Por mucho que se niegue, sí se puede disociar una institución, la que sea, como forma de estado, del ejercicio concreto, en una situación concreta y de una persona concreta

Se puede preferir una u otra solución en la forma de la jefatura de cualquier estado, pero cuestionar su utilidad no deja de ser una memez, salvo que se quiera abolir la propia jefatura del estado, configurada en cualquiera de las fórmulas posibles.

Se trata de un debate artificial creado por intereses, en el mejor de los casos ideológicos y, siendo mal pensados por afanes que tal vez no son demasiado confesables. Una institución será abolida por la voluntad de los españoles, no porque quiera Iglesias, no porque Fernando VII o Leovigildo o Juan Carlos I actuaran de una u otra forma.

Porque si el planteamiento es ideológico hay que razonar y argumentar con independencia de las circunstancias derivadas de actuaciones personales, por reprobables que puedan llegar a ser, pero si se trata de otros intereses, aprovechar esas circunstancias es una bajeza moral y de una evidente indigencia dialéctica.

Post Scriptum. Preguntar no es ofender: ¿Debería Sánchez repasar el video de su toma de posesión, cuando prometió ejercer su cargo con lealtad al Rey?

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