Opinión

Por la boca… Un Gobierno en el codo

Comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Madrid 9 de mayo de 2020
photo_camera Comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Madrid 9 de mayo de 2020

Los ciudadanos se fían más del coronavirus que de Sánchez. Hacen más caso al coronavirus que a Sánchez y cuando la orden era no hacer botellones ni fiestas, van las pandillas de jóvenes descerebrados y la montan en Baleares, pero cuando se decreta la huelga de mascarillas caídas la gente no se las quita ni para comer.

Dicen los que parece que saben, que la mascarilla en el codo no sirve para nada. O sea como el Gobierno de Sánchez.

Y es que a Sánchez le ha lesionado el hombro la culata del disparo de Darias con aquello tan tonto y almibarado de las mascarillas y de las sonrisas.

En los días que llevamos de fin de la veda de las mascarillas las calles siguen plagadas de tapabocas y tapa narices porque los ciudadanos se fían más del coronavirus que de Sánchez. Hacen más caso al coronavirus que a Sánchez y cuando la orden era no hacer botellones ni fiestas, van las pandillas de jóvenes descerebrados y la montan en Baleares, pero cuando se decreta la huelga de mascarillas caídas la gente no se las quita ni para comer. Pero la consigna es, calma, sosiego y confianza.

Es lo que tiene una gestión tan nefasta. A Sánchez le pasa lo que a los prestidigitadores de tercera que iban por las plazas de los pueblos con sus trucos y sus mentiras disfrazadas de magias y las magias y los trucos les fallaban uno tras otro y al final salían del pueblo a la carrera delante de las piedras y los palos de los lugareños.

A Sánchez le falla todo. La gestión de la pandemia y aquello de la desescalada es un desastre con Illa y sin Illa; la cogobernanza no existe; el sainete del pasillo con Biden es una risa, con González y sin González; la eutanasia, la educación, los desatinos de Campo o Marlaska o Ábalos (una piedra en el camino me enseñó que mi destino…) o Duque; la electricidad y el IVA;  las comparecencias de las Montero; los bingos de Garzón o el Pazo de Meirás de Calvo; las pensiones o el paro y hasta los viajes de fin de curso o las escapadas a Bruselas y a Barcelona, suponen fracaso tras fracaso. Que parece que lo único que va bien y sigue sin pasar nada, es lo del plagio de la tesis. Y hay gentes que no creen en los gafes, pero dicen que “haberlos haylos”.

El problema de Sánchez y de sus ministros (incluido Castells y sus suspensos elitistas) no es jurídico por unos indultos o por las cuentas que haga un tribunal, ni es ideológico por comunistoide, ni sectario por los decretos solapados, ni siquiera grave por las mentiras, y las reverencias en LLedoners y aledaños mártires. El problema viene dado por la ineficacia en la gestión política y sobre todo en las carencias neuronales. Un Gobierno que ni siquiera tiene las habilidades y las destrezas transversales que tanto encandilan a Celaá. Se trata de un Consejo de Ministros que no da la talla para afrontar sus responsabilidades, ni para gestionar las funciones y los cometidos propios de cualquier ejecutivo.

Se barrunta una crisis de Gobierno, que como todo lo que hace Sánchez llegará tarde y mal, porque ya lo tiene dicho Castells que -cuando se pone, se pone-  bate todos los records de memeces y afirma que no hay crisis de Gobierno sino cambio y, ya lanzado, nos ilustra con aquello tan de Pajín y profetiza que “Sánchez puede ser el líder que reconstruya la socialdemocracia en Europa”. Claro que también confiesa -en la entrevista que le hace ABC- que “Yo estoy lanzando un slogan, Madrid is not Spain” y es que los de Hellín nacen dónde quieren, incluso en Cataluña. Y se gusta cuando dice que hay que dar descanso a algunos ministros (hay quien piensa que lo que hay que hacer es dar descanso, de algunos ministros, a los españoles).

Pero que nadie se haga ilusiones con la crisis de Gobierno salga o no salga Calvo, ascienda o no ascienda Iceta, porque el Gobierno de Sánchez solamente es Gobierno de Sánchez y, por la puerta de servicio, también de Redondo.

 

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