Opinión

Por la boca… Monarquía: Entre bobos anda el juego

Felipe VI y Pedro Sánchez.
photo_camera Felipe VI y Pedro Sánchez.

De todas las instituciones y organismos del Estado que Sánchez ha ido deteriorando  –y hasta laminando-  ha sido, y está siendo, la Corona la más perjudicada tanto en su naturaleza, como en las funciones que le asigna la Constitución y en las personas que la representan.

“Don Lucas del cigarral” es una comedia que su autor, Francisco de Rojas, subtituló “Entre bobos anda el juego”. Lo que está pasando con la Monarquía en España entra de lleno en el subtítulo. No se sabe quiénes son más bobos, si los que hacen o los que dejan hacer.

La comedia de Rojas es de esa a las que los estudiosos denominan “de figurón” y tampoco ante esta denominación está muy claro quién es el “figurón”.

Tras el destierro/fuga de don Juan Carlos a Abu Dabi y visto el esperpéntico referéndum -tipo Puigdemont-  montado por los bobos de turno en eso de las banderas tricolores, pasando por la vuelta -en plan visita y parece que sin derecho a dormitorio en La Zarzuela- del padre del Rey, todo es un sinsentido, y los sinsentidos siempre están protagonizados por bobos.

De todas las instituciones y organismos del Estado que Sánchez ha ido deteriorando –y hasta laminando- ha sido, y está siendo, la Corona la más perjudicada tanto en su naturaleza, como en las funciones que le asigna la Constitución y en las personas que la representan.

Pero hay dos diferencias fundamentales.

La Fiscalía, el Tribunal de Cuentas, la Judicatura, el Poder Legislativo, el CIS, la política exterior, la economía, el CNI… y hasta los ministerios regalados a las belarras, las monteros o los garzones, tienen arreglo. Un arreglo más o menos trabajoso y seguramente costoso, pero el desaguisado en esas áreas es susceptible de ser reparado.

La Monarquía, y las figuras del Rey y de la Princesa de Asturias, sometidas a continuos ataques -solapados pero ataques- de Sánchez, serán de difícil recuperación cuando la situación, tras este Gobierno, se vaya normalizando.

La Monarquía es una instancia clave en la democracia española y para la convivencia de los españoles, porque una Institución que se sitúe por encima de las luchas de cada día en los ambientes políticos y partidistas, es absolutamente necesaria, pese a sus fallos y a las conductas personales de sus titulares.

 

Pero además hay una segunda causa de preocupación de cara a la repercusión en la opinión pública. Lo que está haciendo Sánchez con los poderes del Estado, con los organismos  públicos, con los altos tribunales y con los nombramientos sectarios de los que ostentan las distintas titularidades, son bien conocidos de los españoles y, aun formando parte del cinismo crónico del perpetrador, los votantes tienen la posibilidad de remediar los desmanes. Pero el deterioro de la Monarquía, el ninguneo de la persona del Rey y la conducta del Gobierno en la situación de don Juan Carlos, además de revestir una enorme gravedad, se están llevando a cabo por Sánchez de manera solapada, con métodos brumosos, con una hipocresía creciente y con una maldad galopante y hurtando información a los españoles, de forma sistemática.

Y es evidente que las maneras solapadas, el oscurantismo de las acciones, la hipocresía o la maldad, aunque sean mercancías habituales en La Moncloa, no restan un ápice de gravedad a los hechos.

La carcajada retroactiva: Decía Sánchez en diciembre de 2020: “Ya irán conociendo cómo se materializa la hoja de ruta de renovación de la Corona en cuanto a transparencia y ejemplaridad”.

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