Opinión

Por la boca…Una política asquerosa y repugnante

Irene Montero.
photo_camera Irene Montero.

En esto de la sexualidad, como en casi todo, hay grados: Enfermos sexuales, desviados sexuales, anormales sexuales, pervertidos sexuales y… Montero.

Para un ser humano normalmente constituido, física y mentalmente, el sexo es algo muy importante en su vida, pero ni mucho menos es lo fundamental de su existencia. Cuando para una persona la sexualidad es el eje de su trayectoria, de sus actos e incluso de su discurrir político, es muy posible que alguna patología esté aflorando.

Si un responsable de la cosa pública hace del sexo y del ejercicio de la sexualidad de los ciudadanos, el centro de su gestión y reduce el ámbito de su responsabilidad a realizar una política repugnante, asquerosa y aberrante, hay que colegir que está muy próximo a convertirse en un individuo aberrante, asqueroso y repugnante (políticamente, por supuesto)

En esto de la sexualidad, como en casi todo, hay grados: Enfermos sexuales, desviados sexuales, anormales sexuales, pervertidos sexuales y… Montero.

Afirmar que los niños tienen derecho a mantener relaciones sexuales con un adulto o con quién les dé la gana, eso sí, previo consentimiento, entra de lleno en la consideración de los adjetivos, asqueroso, repugnante y aberrante.

Ante lo que supone tamaño atentado contra los más elementales principios de defensa de los menores, hay que dejarse de bromas con esa memez de “les niñes”; se hace necesario prescindir de los chascarrillos sobre un curriculum más bien escasito y es preciso obviar los dimes y diretes referentes a un chalet, a las derivaciones políticas de los compañeros de cama o a la desfachatez de los viajes de placer a Nueva York. 

Es urgente analizar la repercusión que esos desafueros están teniendo en la sociedad, desenmascarar la clase de caldo que se está cociendo y examinar detenidamente porqué una parte de esa sociedad se presta, si no a compartir, al menos a no combatir frontalmente esos intentos –muchos de ellos ya son realidades- de todo punto inadmisibles para una convivencia simplemente normal.

Un político desde la oposición -más si pretende llegar al poder- no puede limitarse a criticar la inflación, a censurar el alza de los precios de los alimentos o a poner de manifiesto le necesidad de una política fiscal eficaz.

La sociedad española, tras el paso de un Gobierno sin rumbo y de una facción de la coalición que lo sostiene empeñada en hurgar en los más sucios recovecos de esa sociedad, necesita una regeneración legal, una recuperación de los valores perdidos y una lucha firme por desterrar de la vida de los ciudadanos las conductas indignas.

 

Cualquier político que aspire a gobernar España, si centra esa gobernabilidad únicamente en planteamientos y soluciones económicas, estará perdiendo el rumbo y los ciudadanos, con independencia de las ideologías, se sentirán defraudados.

La carcajada: Dice Montero, la de los impuestos, a propósito de las subidas y bajadas fiscales: ”Este país, fruto de la dictadura, es muy radial”

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