Opinión

Por la boca… Sánchez y las elecciones

Pedro Sánchez.
photo_camera Pedro Sánchez.

Es muy preocupante que un presidente del Gobierno deje en manos ajenas una de sus prerrogativas más exclusivas y personales: la convocatoria de elecciones generales.

Que Pedro Sánchez no es hombre que guste de afrontar con decisión sus responsabilidades, sean las que sean, lo comprobamos cada día. Desde los ceses de ministros con problemas de toda índole, hasta la gravísima situación de Cataluña, pasando por la coyuntura interna de su partido y hasta el caso de su propia tesis doctoral, la costumbre de Sánchez de “cargar el muerto” a otros, se va haciendo crónica.

Ahora -Torra y Puigdemont aparte- el mayor problema que a nivel político tiene el presidente del Gobierno, es la convocatoria de elecciones.

Sánchez llegó al poder prometiendo comicios inmediatos y si quiere cumplir su palabra (cosa que, a la vista está, no le preocupa demasiado) ya está tardando.

Si convoca elecciones, estará dando a entender que su gobierno ha sido un fiasco y que es incapaz de llegar al final de la legislatura. Y, sin contar con sus ambiciones personales y la más que problemática situación interna de su partido, no parece que sea un momento propicio para sus intereses.

Sus “aliados” -por mucho que digan del término de su paciencia o de la necesidad de “honradez y transparencia política”, y hablen constantemente de la corrupción- tampoco parecen estar seriamente dispuestos a dejar caer a un gobierno débil, al que tienen en sus manos y al que chantajean continuamente.

Y así las cosas Pedro Sánchez, se encoge de hombros y afirma que no va a convocar elecciones salvo que le obliguen los separatistas catalanes, llevando el proceso más allá de lo tolerable, se supone que incluso para alguien de las tragaderas del presidente. O sea, yo no convoco elecciones –vamos, ni se me ocurre y además no lo necesito- serán los separatistas los que con su actitud en uno u otro sentido, decidan en qué momento se instalarán las urnas.

Es muy preocupante que un presidente del Gobierno, deje en manos ajenas una de sus funciones más exclusivas y personales: la convocatoria de elecciones generales. Otra cosa es que no pueda, no se atreva o no quiera asumir esa responsabilidad

Esas “manos ajenas” en las que Pedro Sánchez dice dejar la decisión de adelantar los comicios, no son unas manos cualquiera, Son las manos que quieren separarse de España rompiendo la unidad nacional en contra la voluntad de más de la mitad de los catalanes y de la inmensa mayoría del resto de los españoles; unas mansos que a juzgar por lo ocurrido estos días en Cataluña, buscan todo menos el diálogo, el consenso y hasta la paz ciudadana y unas manos demasiado acostumbradas a burlar las leyes.

Como excusa es mentirosa, incluso para Sánchez. Como coartada resulta débil, incluso para Sánchez y como decisión, es torpe incluso para Sánchez.

 
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