Opinión

Por la boca…Sánchez e Iglesias: perdón y olvido

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados
photo_camera Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados

Por muy crédulo e incluso bienintencionado que se sea, es difícil dar crédito al perdón y al olvido entre quienes hace pocos días se vetaban, se insultaban y se echaban en cara todo tipo de reproches.

Se especula mucho sobre el acuerdo entre el socialismo de Sánchez y el comunismo de Iglesias para formar en España un gobierno de coalición; se elucubra sobre las exigencias de uno y las cesiones de otro; se comentan las ambiciones de ambos y hasta se critica el mercadeo que se traen con los ministerios y con las competencias de cada cartera. Todo más que preocupante y el principio del insomnio del 95% de los españoles, según los cálculos del responsable de llegar a un gobierno socialcomunista, más o menos inédito en la Europa actual.

Pero por muy crédulo e incluso bienintencionado que se sea, es difícil dar crédito al perdón y al olvido entre quienes hace pocos días se vetaban, se insultaban y se echaban en cara todo tipo de reproches.

Por muy hipócritas y mentirosos que sean (y lo son) ambos protagonistas, hace falta mucho desparpajo para pasar del “Pedro me ha engañado y no me fío de él” y del “no podría dormir con Pablo en el gobierno”. Ha llovido más bien poco desde los vetos a los insultos y de las descalificaciones a la cal viva.

¿Alguien se cree que han cambiado las respectivas opiniones? ¿Alguien se cree que Iglesias se fía de Sánchez? ¿Alguien se cree que Sánchez está tranquilo con Iglesias en el Consejo de Ministros? ¿Alguien cree en la sinceridad del abrazo?

La posibilidad del olvido y el perdón de las ofensas, a la vista de la trayectoria de estos dos especímenes políticos, se antoja más bien lejana.

Podríamos estar ante un matrimonio de conveniencia, en el que incluso los padrinos, separatistas y proetarras, van a lo suyo y ya se sabe que, en política, las conveniencias de unos y de otros duran más bien poco y cambian con inusitada facilidad en la dirección de los vientos que soplan.

Si los cónyuges no son muy de fiar y sus intereses y principios más bien ligeros de cascos, qué decir de los comadrones que gritan “viva los novios” y hasta tiran arroz. Ni el PNV siempre emboscado, ni la Esquerra enrejada, ni el infantilismo regional de Revilla, ni el utilitarismo canario, ni el vergonzoso pasado de Bildu, son muy de fiar para la cosa de las componendas matrimoniales.

Lo que pasa es que si en el matrimonio socialcomunista hay cuernos, los cuernos se los van a poner a los españoles.

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