Opinión

Por la boca… ¡Y no tiene abuela, y no tiene abuela!

En campaña, Sánchez continúa con las mentiras, pero priman los ditirambos a su gestión, autoelogios que, por descontado, también son mentiras y, obsesionado con Franco, quiere ser el “centinela de Occidente” y  mantener encendida la lucecita de La Moncloa y ser el gran “solucionador” del conflicto de Ucrania.

No es que Sánchez haya entrado en campaña electoral, es que Sánchez siempre está en campaña y, con ciertas precauciones por aquello de los abucheos, se prodiga en viajes, videos, mítines y declaraciones, aparte de ir con la mano en el pecho a modo de saludo que tal parece un personaje de El Greco y de quitarse la corbata en el Falcon, por eso de las apariencias como dicen que hacía Cafrune que se bajaba del cochazo y se subía a una carreta al llegar a los alrededores de su destino.

En campaña, Sánchez continúa con las mentiras, pero priman los ditirambos a su gestión, autoelogios que, por descontado, también son mentiras y, obsesionado con Franco, quiere ser el “centinela de Occidente” y mantener encendida la lucecita de La Moncloa y ser el gran “solucionador” del conflicto en Ucrania

Sánchez tiene, entre muchos, un problema: cuando un político, tal es su caso, deja de ser juzgado por sus mentiras y pasa a ser criticado por la nulidad de su gestión y por una trayectoria política manifiestamente fallida, es que el declive es más que evidente.

No es que se le perdonen las mentiras ni que se olvide la lista interminable de promesas incumplidas, pero es que a fuer de repetidas y perseverantes llegan a producir hastío e indiferencia.

Por supuesto que hay mentiras que son clamorosas y promesas incumplidas que son graves, pero las más de las veces  no tienen más consecuencias que las de retratar al personaje –a modo de fotomatones- y dejarle ayuno e toda credibilidad. Y el individuo queda retratado en cuanto se decide a hacer algo, porque aparte de fracasar, hace el ridículo, como ahora que se empeña en aparecer como estadista internacional capaz de solucionar por teléfono los problemas de la frontera entre Rusia y Ucrania. Entre bombos, platillos, cámaras, teléfonos y sandeces, lo grotesco de su figura está servido. 

Pero la incapacidad para gobernar y la sucesión de desastres económicos,  improvisaciones sanitarias, fracturas sociales, chapuzas legislativas y legales y alianzas inauditas, dejan demasiados damnificados y acaban pasando factura.

Cuando el mentiroso ofrece una cierta eficacia en su gestión pública las mentiras hasta pueden pasar a un segundo plano, pero cuando además de falaz se muestra inútil e impotente para resolver los problemas, su crédito se va esfumando.

Y ante esa situación a Sánchez no le queda más que la autoalabanza. Pero cuando a toda orquesta se ensalzan acciones de gobierno, que en realidad constituyen fracaso tras fracaso, el personaje se encuentra ante el vacío más absoluto. Y trata de llenarlo inventando logros y fabulando bondades.

 

Ocurre que nada en la cosa pública se ha librado de la política “atilesca” (de Atila) de Sánchez, incluida la coalición del “ni quiero ni puedo” con los comunistas.

 Y -como a la bailaora que jalean los palmeros del tablao y le dicen aquello de “y no tiene novio, y no tiene novio” a Sánchez, que se basta y se sobra para la autoalabanza y para los gestos ante el espejito mágico (léase el video monclovita) se le puede decir tras cualquiera de sus discursos vacuos, y de sus poses videográficas aquello de: “Y no tiene abuela, y no tiene abuela”.

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