Opinión

Por la boca… De las ‘trifulcas’ de Arrimadas a las obsesiones de Aguado

Aún no se sabe si Arrimadas de mayor, quiere ser Albert Rivera, la vicepresidenta de Sánchez o la vicepresidenta de Casado. Y tampoco se colige si Aguado de mayor, quiere ser Arrimadas, el vicepresidente de Ayuso o el vicepresidente de Gabilondo.

Inés Arrimadas
photo_camera Inés Arrimadas.

Sánchez aprieta las clavijas en Madrid con los contagios de Illa, las cifras de Simón y las “trifulcas” ingenuas de Arrimadas. Si Madrid es una obsesión para Sánchez, Sánchez se aprovecha de que también lo es para Aguado y, como Aguado no deja pasar un día sin pellizcar (políticamente, por supuesto) a Ayuso, le da parte del trabajo hecho.

Eso que Arrimadas llama “trifulcas” políticas es una constante puesta en cuestión de la coalición que formaron el Partido Popular y Ciudadanos en Madrid, tras desbancar al PSOE que había sido el partido con más votos y que hace decir a muchos que en el pecado llevan la penitencia, porque sumar más escaños en una coalición y gobernar puede que no sea pecado, pero gobernar en coalición con Ciudadanos es un martirio.

Aún no se sabe si Arrimadas de mayor, quiere ser Albert Rivera, la vicepresidenta de Sánchez o la vicepresidenta de Casado. Y tampoco se colige si Aguado de mayor, quiere ser Arrimadas, el vicepresidente de Ayuso o el vicepresidente de Gabilondo.

Ciudadanos mantiene a Gabilondo en estado de buena esperanza  (política, claro está) a base de zaherir constantemente a Ayuso, y Sánchez-  que nunca se sabe si participa en los deseos de buena esperanza para Gabilondo- aprovecha las falacias informativo-sanitarias de Illa y las cifras mentirosas de Simón, para mantener las expectativas.

¿A qué “trifulcas” se refiere Arrimadas: a las de Ayuso con Sánchez, a las de Illa con el consejero de Sanidad o a las de Aguado con todo lo que se mueve por la Puerta del Sol?

Los devaneos de Ciudadanos son como para desconcertar a cualquiera y de hecho la escasez de votantes y las defecciones continuas de cuadros y de no cuadros, demuestran que Ciudadanos tiene un peculiar sentido de la política, de los gobiernos de coalición y de la lealtad con los propios votantes.

La moción de censura que se esconde silente y encubierta en el despacho del vicepresidente de un gobierno de coalición, dice más bien poco de la lealtad de unos y de la ingenuidad de otros. Y sobre todo, de la preocupación de unos y otros por los intereses de los madrileños.

 Lo de Madrid o lo de Andalucía, con Arrimadas, y la coartada de los presupuestos, de visita en La Moncloa (con Aguado o sin Aguado) y sus intervenciones enfurruñadas en el Congreso (con Marín o sin Marín) son la muestra evidente, ahora sí, de una “trifulca” interna y de un embrollo mental, que sería bueno solucionar cuanto antes.

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