Opinión

El botellón de los diputados

Hemiciclo del Congreso en el debate de la quinta prórroga del estado de alarma
photo_camera Hemiciclo del Congreso en el debate de la quinta prórroga del estado de alarma

Aplaudían hasta con las orejas como corresponde a su naturaleza de oyentes. Van al hemiciclo a oír, que no a escuchar, y si el que manda, manda aplaudir, se aplaude, sobre todo si el aplaudido es el que tiene el dedo “designador”.

Decía mi abuelo que de bien nacidos es ser agradecidos. Para agradecidos de verdad, de los agradecidos “pata negra”, los ministros y diputados de la coalición. El entusiasmo con el que aplauden a Sánchez, a la más mínima ocasión es hasta emocionante. Incluso se saltan sus compromisos de asistencia al pleno (papelón el de Batet) y ahí están todos aplaudiendo a su benefactor con entusiasmo y es de suponer que con las lágrimas a punto de saltar a sus pupilas.

Aquello parecía un botellón de esos que tan azacaneados tienen a Illa y a Simón e incluso al comité de expertos -ese que nunca existió- y del que se hacía lenguas Sánchez, homilía tras homilía cada fin de semana.

Todos con sus mascarillas, para dar ejemplo, pero codo con codo como riéndose de los ciudadanos multados por no guardar las distancias marcadas por el comité de expertos (ese que nunca existió) y en el que ahogaba sus penas Illa y justificaba sus mentiras Simón.

Hay que aplaudir porque la gente -incluso la de los botellones de verdad- se está maliciando que el papel de Sánchez en Bruselas se pareció demasiado al de González Laya en eso de la cuarentena de los británicos, o sea, más bien ridículo.

Aplaudían hasta con las orejas, como corresponde a su naturaleza de oyentes. Van al hemiciclo a oír, que no a escuchar, y si el que manda, manda aplaudir, se aplaude, sobre todo si el aplaudido es el que tiene el dedo “designador”.

Además hay que aplaudir porque los españoles –salvo los que entrevista Tezanos- no están por las ovaciones y están más bien cabreados y como en el botellón de las Cortes las mascarillas ocultaban sonrisas, malas caras y hasta bostezos, eran las manos las que lo decían todo. Y si no hubiera sido por las indicaciones del comité de expertos (ese que nunca existió) y que simplemente con mencionarlo enternecía a “Monterochiqui”, se hubieran abalanzado unos sobre otros como los futbolistas que ascienden de categoría y provocan los saraos y los botellones que tan desasosegado tienen a Sánchez mientras se lava las manos en las jofainas de las autonomías.

Post scriptum. Preguntar no es ofender: ¿Cuántos de los que aplaudían, se supone que por el acuerdo de Bruselas, podrían explicar los términos de ese acuerdo?

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