Opinión

Curas del montón, un montón de curas

Palencia. Torre de la Iglesia de San Miguel
photo_camera Palencia. Torre de la Iglesia de San Miguel

En todos los ámbitos, en todos los colectivos, en todas las actividades y en todas las profesiones, se dan casos de abusos y de aberraciones de todo tipo, pero a ninguno de ellos se le da la publicidad y se le censura de forma constante y mucho menos se generaliza esa censura, como se hace con la Iglesia.

Los casos de abusos en la Iglesia Católica siguen permanentemente de actualidad debido a intereses que sí se sabe (claro que se sabe) perfectamente a lo que responde esa obstinada permanencia, por quienes son alentados y quienes los mantienen en los titulares de alguno medios de comunicación. Todo lo que sea desprestigiar a la Iglesia y a sus miembros, es una especie de logro que deslumbra a un sector muy concreto de la sociedad y que en España tiene un reflejo fiel. Incluso hay medios muy significados que anuncian, a bombo y platillo, la creación de una base de datos que recoja las denuncias de casos de abusos.

Si no fuera porque los ataques a la Iglesia están perfectamente orquestados -dejando bien claro que los abusos son algo execrable que hay que denunciar por su extrema gravedad- sería curioso analizar por qué cada día se dan hechos semejantes en la mayoría de los estamentos de la sociedad y por qué esos hechos no merecen, ni por asomo, la mínima parte de atención que los sucedidos en ámbitos eclesiales y que, salvo la noticia someramente enunciada, no sean objeto de campañas continuas ni mucho menos se vuelva sobre ellos una y otra vez.

En todos los ámbitos, en todos los colectivos, en todas las actividades y en todas las profesiones se dan casos de abusos y aberraciones. El mundo de la moda, del espectáculo, del cine, del arte, de las empresas, de los medios de comunicación, de la enseñanza, de la sanidad, de la abogacía, de las finanzas, de la publicidad y, lo que es gravísimo, del entorno familiar, son escenarios de tantos o más casos de esa índole que en la Iglesia, pero a ninguno de ellos se le censura de forma constante y, desde luego, no se generaliza esa censura.

Frente a la criminalización generalizada y exagerada de hombres de iglesia, es de justicia señalar la existencia de una inmensa mayoría de sacerdotes y religiosos con una vida ejemplar, entregados a su ministerio y que, fieles a su vocación, difunden el Evangelio y gastan su existencia en el servicio a los demás.

Ejemplos se ven todos los días y en todos los lugares, aunque no existan bases de datos que lo reflejen.

Son un montón de curas, son curas del montón, de un grandísimo y ejemplar montón.

En estos días del mes de mayo -como seguramente algunos otros curas- celebra sus bodas de oro sacerdotales un párroco del madrileño barrio de Mirasierra. Don José, es para sus feligreses el gran referente sacerdotal que perciben desde hace más de 30 años. Una vida dedicada al Evangelio, desde su ya lejana juventud como sacerdote en algún batallón del ejército, hasta su paso por el curato de Las Rozas de Puerto Real, simultaneando su labor pastoral con la enseñanza en colegios y seminarios y responsabilidades en la diócesis madrileña.

Un cura de los del montón, de ese ejemplar montón, siempre fiel a la Iglesia y a su obispo, que a la edad en la que todos los demás ciudadanos descansan en la jubilación, se mantiene activo e incansable con la misma ilusión que el día de su ordenación, tanto para inaugurar una imagen de San José en el templo, como en la organización de actividades con los jóvenes de la zona, celebrar una boda, oficiar un bautizo o atender a un enfermo que requiere su presencia a las horas más intempestivas.

Por supuesto que 50 años de sacerdocio, de servicio a los demás y de vida sacerdotal en toda la extensión de la palabra, no van a merecer una sola línea en los medios de comunicación dedicados a las bases de datos.

 Y son sacerdotes honestos, entregados a su vocación, con una vida intachable, con sus virtudes y sus defectos como los demás hombres y que forman parte de los mismos entornos socioculturales. Hombres que bien merecen una mención de reconocimiento, muy alejada de la generalización banal e interesada de unos hechos –en cualquier caso infames-  que suceden en los más variados rincones de  la sociedad.

El estoconazo. Según un informe, sobre la pandemia, que para la OMS ha elaborado un grupo de expertos independientes: “Se podría haber evitado”.

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