Opinión

La dictadura del Legislativo

La vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, junto a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el momento de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado
photo_camera La vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, junto a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el momento de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado

“Estar” en el poder, por mucho que se haya ganado en unas elecciones, no otorga una patente de corso para “tener” todo el poder y constituir, de hecho, una dictadura omnipotente.

La diferencia entre “tener la mayoría” y “constituir una mayoría” es evidente. Con independencia de los números, ser mayoría o tener mayoría supone que han sido los ciudadanos los que han dado esa mayoría a una formación determinada. Cuando la mayoría no se ha conseguido, se puede lograr, con toda legitimidad, a base de sumar minorías que en cierta manera se constituyen en árbitros del transcurrir político.

En España, el Partido Socialista, con los peores resultados de su historia, ha constituido una mayoría parlamentaria sumando escaños de formaciones más o menos afines. Sin tener en cuenta la procedencia, la ideología y los objetivos de esas formaciones y sin atender a su escasa representación cuantitativa, es lo cierto que partidos absolutamente minoritarios, como los comunistas de Podemos o los separatistas de Esquerra o los filoetarras de Bildu, se han constituido en auténticos detentadores de un poder que las urnas no les han dado..

Se ha formado así una mayoría socialcomunista, separatista y más que cercana al terrorismo, que está ejerciendo una auténtica dictadura parlamentaria. “Estar” en el poder, por mucho que haya ganado en unas elecciones, no otorga una patente de corso para “tener” todo el poder y constituir, de hecho, una dictadura omnipotente.

Como la negociación, el consenso o simplemente los contactos entre esa mayoría y la oposición no existen, los dictadores legislan a golpe de escaño, amparados en cifras que, si no son artificiales, no responden, por mucho que lo prediquen, a la verdadera voluntad de los votantes.

Así salen adelante los presupuestos, se legislará en relación a la eutanasia,  se impone una ley de educación a todas luces descabellada y se intenta bastardear el Poder Judicial por el camino de modificar las mayorías requeridas para su renovación o se maniata al Consejo General del Poder Judicial para, con la excusa de que está en funciones, impedir nombramientos que no sean del agrado de la mayoría parlamentaria. Y como se ha extendido la falacia de que el Legislativo es soberano, se llega a una especie de todo vale si se gana una votación.

Y no es verdad. Una auténtica democracia, supone que ninguno de los tres poderes es un poder absoluto. La división de poderes va más allá de una simple separación, que en cualquier momento puede violarse, la división de poderes conlleva un contrapeso por el que se limitan unos a otros, se equilibran y así se logra que en la mecánica constitucional no exista dictadura de ninguno de ellos.

A Iglesias y, de momento a Sánchez, les va bien propalando la mercancía averiada de que el Legislativo es soberano. Pero, con independencia de lo canallesco que tiene la mayoría que han formado, la dictadura del Legislativo que se está viviendo en España, es una perversión absoluta de cualquier sistema democrático.

 
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